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Noticias Innovación IA26 de noviembre de 2025Por Sergio Jiménez Mazure

Seguridad en inteligencia artificial: riesgos y desafíos para las empresas en 2025

Seguridad en inteligencia artificial: riesgos y desafíos para las empresas en 2025

Pensemos un momento en cómo la inteligencia artificial ya está tejida en todo lo que hacemos. Desde que abro mi móvil para ver si hay tráfico en Quito hasta cuando una empresa revisa solicitudes de crédito o los hospitales gestionan historiales médicos, la IA está detrás, analizando datos y sugiriendo decisiones. No es futuro distante. Es nuestro presente, y avanza tan rápido que a veces cuesta incluso seguirle el paso. Siento que, de la noche a la mañana, pasamos de hablar de algoritmos lejanos a vivir rodeados de sistemas que impulsan desde apps de reparto hasta chatbots bancarios o plataformas de seguridad.

¿Habías pensado hoy cómo la IA toma ya millones de microdecisiones, muchas invisibles, afectando tu día? Curioso, ¿no?

Sin embargo, esa innovación tecnológica trae consigo un paquete de riesgos de seguridad nuevos y más complejos cada año. No es un tema exclusivo de Silicon Valley ni se queda en los laboratorios de Google o OpenAI: en Ecuador, el asunto ya es cotidiano. Hablamos de vulnerabilidades reales, que afectan a empresas, organismos y personas, con un nivel de sofisticación que asusta un poco – al menos a quienes seguimos de cerca la evolución de las amenazas digitales.

IA en la vida cotidiana: de la promesa al riesgo latente

Seguro recuerdas cuando la inteligencia artificial parecía cosa de películas tipo Matrix o historias de robots que intentan conquistar el mundo. Ahora, esa promesa se transformó en una realidad tangible que soluciona problemas antes imposibles. En el sector salud, ayuda a detectar anomalías casi antes de que un médico parpadee. En la banca, identifica fraudes en segundos y personaliza ofertas. Incluso en educación, tiendas online o logística, la IA optimiza rutas y personaliza experiencias de usuario que hace cinco años ni soñábamos.

¿Beneficios? Muchísimos. En lo personal, he trabajado con empresas en Quito y Madrid integrando sistemas IA en atención al cliente, logrando reducir tiempos y mejorar la satisfacción de los usuarios hasta niveles de los que, honestamente, antes sólo veíamos en benchmarks de multinacionales. Pero junto a esos avances, comenzó la otra cara de la moneda: el crecimiento de riesgos de seguridad asociados a la inteligencia artificial.

En 2025, la Inteligencia Artificial ya no es una herramienta abstracta, es parte del entramado crítico de la sociedad.

Crecimiento acelerado… y nuevas amenazas en el radar

Puedes pensar: “pero eso pasa más en países desarrollados”. Yo también lo pensaba, hasta que vi los números del último año. En Ecuador, durante los primeros seis meses de 2025, se registraron más de 66.000 incidentes de seguridad digital donde la IA jugó un papel protagonista. Y no hablamos de simples virus. Aquí, la IA permite crear suplantaciones de voz indistinguibles – sí, el típico caso de la llamada a tu tía “pidiéndole” que haga una transferencia, pero con tu voz clonada. Esas cosas están ocurriendo aquí y ahora.

El fenómeno va más allá de las pymes de Quito o los bancos más grandes. Las técnicas evolucionan tan rápido como las propias defensas. Leí hace nada en un informe que siete de cada diez ataques ya combinan tácticas: phishing hiperrealista, ransomware con IA, y la joya, los deepfakes. Datos concretos: entre 2019 y 2024, América Latina vio incrementar los deepfakes en un 550%. Y todo apunta a que el récord será superado en meses.

No quería terminar sin mencionar otro aspecto: el cambio en la percepción social. Ya no se ve la IA como enemigo abstracto, pero tampoco todos confían ciegamente. Ahí está la encuesta: más de la mitad de los ecuatorianos reconoce su temor a que la IA transforme – o “reemplace”, para usar palabras del día a día – su puesto de trabajo. Al mismo tiempo, un 61% ve todo el potencial, pero pide acción, formación y más información de parte de empresas y gobierno.

¿Por qué hablamos más de la seguridad de la IA en 2025?

Yo mismo he pensado muchas veces: ¿Por qué, de repente, la seguridad en la inteligencia artificial está en todas las conversaciones? Creo que la razón principal es que depende, cada vez más, de datos personales, sistemas críticos y algoritmos que toman decisiones autónomas. La IA está en semáforos inteligentes, tribunales, sistemas de salud e infraestructuras eléctricas. Basta un fallo, un ataque o una manipulación para causar daños masivos, o para que información extremadamente sensible “salga volando” a cualquier lugar del mundo.

No te exagero. En concreto, clientes con los que he trabajado en instituciones financieras en Ecuador han visto cómo cadenas de ataques automatizados lograron saltarse barreras en minutos usando IA para crear malware inédito o manipular resultados de scoring crediticio. Y conozco casos en los que la reacción tardía – apenas una hora de desfase– bastó para que datos de miles de usuarios quedaran expuestos.

IA, regulación y la nueva exigencia de confianza

¿Sabes qué es lo más paradójico? Que la inteligencia artificial es parte de las herramientas de defensa, pero también la puerta de entrada para amenazas que escapan a los esquemas tradicionales de ciberseguridad. Es como jugar ajedrez contra una máquina que aprende tus movimientos. Varias empresas, como Puntonet, han apostado por sistemas IA en sus centros de operaciones, logrando bloquear miles de intentos de intrusión y reducir los falsos positivos. Pero todo esto exige adaptarse, invertir en talento y, para ser claros, no quedarse dormido al volante.

El Estado ecuatoriano está respondiendo. Hay iniciativas de marcos legales, como la Ley de Protección de Datos Personales y el incipiente proyecto de Ley de Inteligencia Artificial. ¿Son suficientes? No del todo: aún existen vacíos y retos, como en la formación del talento o la supervisión efectiva de modelos de IA de alto riesgo.

Y eso, al final, cambia todo.

¿De qué hablamos cuando decimos “riesgos dinámicos” en la IA?

La esencia del desafío está en esta palabra: velocidad. Los sistemas aprenden, se adaptan, evolucionan casi en tiempo real. Los protectores de datos y expertos de ciberseguridad, como Paúl Nacimba de GMS Seguridad, insisten en reforzar la cultura de actualización continua. Porque los ataques, como el phishing personalizado o las brechas en dispositivos IoT, ya no sólo dependen de errores humanos o software anticuado, sino de IA creando nuevas formas de vulnerar sistemas.

¿Conclusión? Mejor no lo adelanto ahora. Lo que está claro es que la inteligencia artificial representa una oportunidad inmensa, pero la seguridad en la IA se vuelve una condición básica de desarrollo social, empresarial y nacional. ¿Estamos preparados para afrontar los nuevos riesgos mientras seguimos apostando por el futuro?

¿Tú ya piensas en la seguridad de la inteligencia artificial en tu día a día? ¿O te suena aún a preocupación lejana?

Riesgos de seguridad en inteligencia artificial: amenazas concretas y nuevas formas de vulnerabilidad

Vamos al fondo de la cuestión. No hablamos de sustos teóricos ni riesgos exagerados. Los riesgos de seguridad en inteligencia artificial son tan reales como el WiFi de tu casa o las videollamadas a la oficina. Y créeme, el menú de amenazas en 2025 se ha ampliado, sofisticado y, lo peor, se mueve tan deprisa que a veces ni los propios equipos de seguridad logran marcar el ritmo.

Detrás de ese aparente orden digital, donde la IA ayuda a aprobar créditos o a identificar tumores, crece una jungla de vulnerabilidades y trampas minuciosamente diseñadas. Si eres de quienes piensan “eso sólo le pasa a las grandes empresas”, tiempo de cambiar el chip, porque desde hospitales públicos, bancos pequeños de Manabí hasta plataformas gubernamentales, todos pueden caer en la diana.

¿Cuáles son los principales riesgos de seguridad de la IA en 2025?

  • Envenenamiento de datos. ¿Te imaginas a alguien infiltrando ingredientes secretos en la receta día tras día? Pues eso hacen los ciberdelincuentes con los conjuntos de datos de entrenamiento. Introducen pequeñas dosis de información corrupta o maliciosa, mezclada entre miles de líneas válidas, y esperan. El resultado: un modelo que aprende, sí, pero con sesgos y comportamientos imprevisibles. Lo vi en carne propia colaborando con una fintech en Guayaquil; tras semanas de diagnósticos, descubrimos que un pequeño lote de datos contaminados cambió los patrones de aprobación. Imagina lo que puede pasar en un sistema de salud o en procesos de control fronterizo.
  • Puertas traseras integradas. La IA, sobre todo cuando depende de librerías y modelos de código abierto, puede venir con instrucciones ocultas —las famosas backdoors— que parecen inofensivas pero, bajo ciertas condiciones, permiten acceder o manipular el sistema. No siempre es obra de grandes mafias: programadores desleales, incluso por encargo o presión, pueden dejar huellas indetectables. En Ecuador, según varios informes, el temor a las backdoors frenó proyectos de automatización en entidades gubernamentales, pues basta una entrada oculta para poner en jaque información crítica.
  • Ataques adversarios. Quizá el más desconcertante. Aquí no hace falta destruir nada visible, sino alterar mínimamente una imagen, un audio o un dataset. El resultado pueden ser diagnósticos errados (un tumor “invisible” en una placa), decisiones de crédito equivocadas, o incluso fallos en sistemas de control de tráfico. Recuerdo haber visto en una capacitación, en la ESPE de Quito, cómo cambiando unos píxeles de una foto, una IA de reconocimiento decidió que un “bus escolar” era una “cafetera”. Ríete, pero si eso ocurre en cámaras que detectan sospechosos en aeropuertos… ya no dan ganas de bromear.
  • Problemas de privacidad y fuga de información. La IA traga datos como una aspiradora: nombres, hábitos, imágenes, todo. Y ese volumen, al final, puede desbordarse. Se han dado casos de modelos generativos —por ejemplo, asistentes virtuales en hospitales— que, ante ciertas preguntas, “improvisaron” con datos sensibles filtrados de conversaciones anteriores. O peor: modelos que permiten reconstruir parte de la información privada utilizada en el entrenamiento. Si eres paciente de una clínica quiteña y crees que tus datos no salen, no te fíes tanto. Hay ejemplos públicos donde la IA ha deducido diagnósticos o rutinas a partir de patrones mínimos.
  • Malware y ataques con IA. Aquí entramos en territorio peliagudo. Los ciberdelincuentes usan IA para generar variantes inéditas de malware, que se “mutan” al detectar defensas clásicas. Algo así como un virus informático en modo ninja. En 2024, Ecuador registró decenas de casos de ransomware inteligente, capaz de cifrar archivos estratégicamente y exigir rescates ajustados al perfil económico de la organización. Incluso deepfakes de audio para extorsionar a directivos de empresas medianas —una moda entre bandas que operan en la región, según reporte de Interpol.
  • Exfiltración y clonación de modelos IA. Los algoritmos personalizados, esos en los que tanto invierten los bancos o aseguradoras, pueden ser robados o duplicados por atacantes especialistas. ¿Cómo? Explotando vulnerabilidades en APIs o en accesos menos protegidos. Luego, estos modelos terminan entrenando sistemas falseados o utilizados para explotar aún más datos. Es la nueva fiebre del oro: tanto vale el modelo, como la información que puede destilar un hacker.
  • Manipulación de comportamiento. Más sutil, pero igual de peligrosa. Los sistemas de recomendación, scoring o incluso decisiones de crédito pueden ser manipulados (casi siempre de forma imperceptible) desde dentro. ¿Resultado? Decisiones sesgadas, favoritismos, discriminaciones invisibles en procesos clave. He visto este fenómeno mencionarse en foros de desarrolladores de Quito y, sinceramente, parte del miedo es no saber cómo ni cuándo se detecta —o si alguna vez lo harán.
  • Erosión de la confianza pública. Es el gran “efecto dominó”. Cuando medios, bancos o clínicas pierden datos por ataques sofisticados o se descubre que una IA tomó decisiones erróneas “por error de entrenamiento”, la credibilidad colapsa. En la última década, casos mediáticos (como la filtración de historiales en Sudamérica) dispararon la desconfianza y han hecho que usuarios duden hasta de los sistemas de citas médicas automatizadas. Y si algo falta en la economía digital, es una crisis de confianza generalizada.

¿Qué está ocurriendo en Ecuador? Ejemplos y cifras de 2025

Nada como aterrizar esto con lo que pasa cerca. En el primer semestre de este año, los ciberataques con inteligencia artificial no son el futuro —son el ahora. Más de 66.000 incidentes de seguridad digital, y un 20% de los ataques culminó en menos de una hora, según datos publicados por la Asociación Ecuatoriana de Ciberseguridad. Instituciones financieras y hospitales estuvieron en el centro de la diana, por la cantidad y calidad de datos que gestionan.

¿Y los métodos? Se sofisticaron: phishing hiperrealista, donde ejecutivos reciben correos imposibles de distinguir de los reales, combinados con ransomware activado por IA para cifrar redes enteras. Y lo que más alarma, la suplantación por voz sintética. Casos detallados en medios de Guayaquil relatan cómo personas recibieron llamadas de “familiares” pidiendo transferencias… usando voz clonada directamente por sistemas entrenados con audios recopilados en redes sociales. Si no te pones en modo escéptico —ya—, podrías caer cualquier día.

Los deepfakes son otra historia. En América Latina, el incremento es de un escándalo: 550% de subida en cinco años. No es sólo un vídeo manipulado para memes virales. Son amenazas reales que extorsionan, manipulan la reputación o entorpecen procesos legales. Varios abogados y directivos de firmas ecuatorianas ya han reportado casos donde falsificaciones digitales pusieron en aprietos litigios e incluso procesos electorales.

La IA es el nuevo caballo de Troya para el ciberdelito en Latinoamérica.

Vectores emergentes: más allá del malware clásico

El horizonte de riesgos no se detiene en lo que ya conocemos. La proliferación de dispositivos IoT —desde cámaras en almacenes hasta “asistentes inteligentes” en casas de Quito— añadió nuevas puertas de entrada. Atacantes pueden vulnerar estos dispositivos con IA especializada, crear redes de bots para lanzar ataques coordinados o infiltrar malware perfectamente disfrazado de actualizaciones de firmware.

Sumemos a la ecuación la nube. Miles de microempresas y startups usan servicios cloud para operar o almacenar datos. ¿El problema? Cualquier acceso insuficientemente protegido ofrece a los ciberdelincuentes la posibilidad de escalar privilegios, robar modelos IA comercialmente valiosos, o captar lotes de datos para futuros ataques.

En síntesis, los riesgos de seguridad en la inteligencia artificial mezclan velocidad, sofisticación técnica e imprevisibilidad. Ya no basta con firewalls y antivirus de toda la vida. Hablamos de ataques inteligentes, modelos que aprenden de sus propias fallas, y un escenario donde cada minuto cuenta —mucho más que nunca antes.

¿Por qué la IA acelera tus resultados —y también los de los atacantes?

Básicamente, la inteligencia artificial es una herramienta de doble filo. Los defensores la usan para detectar patrones sospechosos, anticipar ataques y parar intentos antes de que sea tarde. Pero los criminales también. Adaptan tácticas, lanzan nuevas variantes de phishing, diseñan malware en horas y engañan sistemas de detección con una facilidad que, honestamente, asusta. Lo he probado de cerca con empresas en Quito y Colombia: aquellos que creen que la IA solo sirve de escudo están subestimando el ingenio y la adaptabilidad de quienes meten las manos en lo ajeno.

¿Te ha pasado alguna vez ver una alerta en tu correo o sistema corporativo y pensar: “esto lo ha escrito un humano”? Pues tal vez no. Muchas veces son máquinas, aprendiendo de errores, perfeccionando su trampa y, cada día, pareciéndose más al lenguaje y la apariencia humana.

¿Quieres reducir riesgos en tu organización? Reléete estos puntos, identifica dónde estás más expuesto y empieza, si no lo has hecho ya, a probar sistemas proactivos. Si te pasa igual que a muchos de mis clientes, vas a encontrar alguna brecha inesperada.

Estrategias de defensa y respuesta: cómo protegerte ante riesgos de IA en 2025

Soy de los que cree que uno nunca está del todo blindado —ni las grandes empresas, ni los gobiernos, ni tú en tu casa— pero también pienso que quedarse de brazos cruzados, esperando que “esto le pase a otro”, es el peor error que se puede cometer en materia de seguridad en inteligencia artificial. La realidad: los ciberdelincuentes actualizan tácticas tan rápido como salen nuevas leyes o herramientas defensivas. ¿La clave? Apostar por enfoques de seguridad multicapa, anticiparse, y asumir que el factor humano es igual de relevante que el tecnológico.

¿Por dónde empezar? Primeros pasos para una protección real

No me gusta hablar en abstracto, así que aquí unos principios básicos (que insisto tanto a startups en Quito como a directivos de empresas en Uruguay): no todo es software ni todo es cultura. La defensa empieza por entender que la IA introduce riesgos únicos y dinámicos. Lo primero es un diagnóstico honesto: saber qué modelos están en uso, con qué datos se alimentan, quiénes tienen acceso y cómo se monitoriza el comportamiento anómalo. Suena elemental. Pero te aseguro que en media docena de auditorías recientes, ni siquiera los responsables sabían el origen completo de sus datasets o los canales por donde se filtraban resultados.

  • Revisión constante del ciclo de vida del dato. ¿Tus sistemas auditan quién sube datos? ¿Hay controles para los sets que entrenan tus modelos? Las fugas, contaminaciones y manipulaciones suelen ocurrir fuera del radar precisamente porque no existen rutinas para verificar la calidad y procedencia de la información. Un banco en Guayaquil, por ejemplo, logró frenar ataques de envenenamiento sólo cuando empezó a implementar políticas de “limpieza” periódica de sus históricos de datos.
  • Gestión de accesos y roles. Ojo aquí: muchos incidentes se originan por privilegios mal definidos, accesos heredados, o usuarios que “prueban” modelos fuera del entorno seguro. Apliquemos reglas de mínimo privilegio y auditemos permisos como si estuviéramos buscando agujas en un pajar.

IA para defenderse de sí misma: ¿qué técnicas realmente funcionan hoy?

Aquí viene la contradicción: la misma inteligencia artificial que lanza amenazas sirve, bien usada, para anticiparlas y reducir el margen de error. Los SOCs (Centros de Operaciones de Seguridad) más avanzados que he visto en Ecuador y España ya emplean análisis automatizados en tiempo real sobre logs, conexiones, transacciones y hasta patrones de uso. No exagero al decir que, con IA conductual y machine learning, los incidentes detectados en minutos pasaron de cientos a miles semanales —la cosa es que no los trataríamos a tiempo si no fuera por la automatización. Ejemplo directo: en hospitales privados de Quito, los sistemas inteligentes lograron diferenciar intentos de acceso legítimos de movimientos anómalos en la red interna, evitando dos incidentes de ransomware el año pasado.

La IA defensiva permite identificar amenazas que ni el analista más obsesivo detectaría a tiempo.

  • Monitorización continua: olvida los análisis “una vez al mes”. Hay que tener dashboards y alertas 24/7 que combinen IA y revisión humana, sobre todo en procesos críticos (finanzas, sanidad, operaciones gubernamentales).
  • Herramientas de detección de anomalías: las IAs adaptativas marcan patrones fuera de lo habitual. No es ciencia ficción: Puntonet bloqueó más de 100.000 intentos de intrusión en Ecuador en 2024 usando sistemas que “aprenden” cuándo algo se sale de lo normal.
  • Contención y respuesta automatizadas: ¿antes, una amenaza tardaba horas o días en bloquearse? Hoy, si el sistema ve algo raro, lanza protocolos automáticos: desconexión, bloqueo, alerta masiva. Estas respuestas, que parecen “de manual”, ya han salvado a más de una empresa de perder bases de datos completas.

Aquí me permito insistir: la tecnología ayuda, pero sin equipos internos actualizados, comprometidos y bien formados, el mejor software del mundo es papel mojado. Me ha tocado trabajar con empresas donde la pieza más vulnerable siempre es el eslabón humano, desde un directivo con contraseña reciclada hasta el equipo de IT que ignora una notificación porque está “demasiado ocupado”.

¿Regulación y normas? Sí, pero con matices

En 2025, Ecuador está haciendo avances con el proyecto de Ley de Inteligencia Artificial y el fortalecimiento de la Ley de Protección de Datos Personales, pero aquí va mi opinión: las mejores intenciones pueden quedarse cortas si no hay aplicación real, presupuesto y capacitación masiva. El marco normativo actual exige, entre otras cosas, evaluaciones de impacto para sistemas de alto riesgo, auditorías periódicas y la obligación de monitoreo transparente.

¿Qué pasa en la práctica? Muchas organizaciones apenas empiezan los preparativos para cumplir estos estándares. El problema es doble: faltan especialistas certificados —hay un hueco real en talento de ciberseguridad e IA en Ecuador— y el ritmo de despliegue de sistemas supera la velocidad de adaptación de reglas y equipos. He visto a universidades y empresas apostando fuerte en programas de formación, pero el desfase todavía existe. De aquí a uno o dos años, quien no invierta en talento propio estará jugando siempre al gato y al ratón.

  • Cumplimiento normativo: sé pesado, pero exige siempre pruebas de robustez en los modelos que uses o contrates. Asegúrate de que tus partners tecnológicos cumplen los mínimos establecidos por la ley, y más allá si puedes permitírtelo.
  • Auditoría externa y testeo ético: pídele a alguien que intente vulnerar tus sistemas – un pentest humano y una IA entrenada para “romper” barreras son tus mejores aliadas. Más vale reparar una brecha descubierta en las pruebas, que pasar vergüenza (o pagar multas) si la detecta primero un atacante real.

Formación y cultura: la base invisible de la defensa

No hay firewalls emocionales ni software que nos salve de errores básicos. Si la IA y sus riesgos son parte de tu día a día —y créeme, lo son incluso si nunca has programado una línea de código— la educación digital y la cultura de seguridad son igual de relevantes que los sistemas técnicos más avanzados. Según datos del sector, la mitad de los incidentes más graves en empresas ecuatorianas partieron de despistes: un clic en un enlace de phishing “casi perfecto”, una mala configuración en la nube, o confiar en una llamada de voz sintética imposible de distinguir de la real.

  • Capacitación constante. Incluye talleres de phishing, entrenamientos prácticos sobre privacidad de datos, y simulacros de crisis. Si tu equipo no sabe reconocer una deepfake o identificar un comportamiento extraño en los sistemas, ninguna ley ni AI te va a cubrir.
  • Comunicación transversal. Haz que todas las áreas hablen el mismo idioma de seguridad digital. Lo he probado con PYMES en Cuenca y grandes empresas en Madrid: cuando ventas, soporte, IT y gerencia entienden y comparten la estrategia, el margen de error cae radicalmente.
  • Fomentar la denuncia y la transparencia. Un fallo detectado a tiempo —y admitido sin miedo— vale más que 100 reuniones con informes perfectos pero poco realistas. Crea canales ágiles, anónimos si es necesario, para reportar incidentes o conductas sospechosas.

La cultura de seguridad no es cosa de geeks: es salud pública y empresarial en la era de la IA.

¿Qué más puedes hacer? – Recomendaciones prácticas para 2025 y más allá

  • Invierte en automatización, pero sin perder supervisión humana. La IA ayuda a escanear miles de eventos, pero la última palabra la debe tener una persona con criterio y visión global.
  • Colabora con actores externos: comparte información sobre incidentes con otros actores del sector y participa en foros o alertas conjuntas. Las mafias digitales no respetan fronteras, así que la defensa tampoco debería hacerlo.
  • Evalúa el impacto ambiental. Un tema poco debatido, pero relevante: los centros de datos y modelos IA tienen huella ecológica. Asegúrate de que tu arquitectura digital sea sostenible y cumple estándares verdes.

Me gustaría cerrar este bloque con una idea clave. La seguridad en la inteligencia artificial en Ecuador y la región ya dejó de ser un asunto solo de “informáticos”. Es una prioridad estratégica —como la salud pública o la economía— que requiere acción coordinada, músculo técnico y buena dosis de sentido común. Si esperas que todo lo resuelvan leyes externas, cursos rápidos o soluciones milagrosas, vas tarde. La defensa real está en sumar talento, sistemas inteligentes y una cultura de prevención que, de verdad, atraviese todas las capas de tu organización y tu vida digital.

¿Ya revisaste cómo se protegen tus datos, tus modelos y tus hábitos? No esperes a que te toque comprobarlo por las malas.

Conclusiones y hoja de ruta: la seguridad en inteligencia artificial es cosa de todos

Si has llegado hasta aquí, ya te habrás dado cuenta de algo que, con toda sinceridad, costó años asimilar en proyectos reales: la seguridad en inteligencia artificial no es un problema de código ni una tarea para expertos en una sala cerrada. Es una agenda compartida, tan transversal como la electricidad o el agua potable en la vida moderna. No importa si diriges una empresa tecnológica, eres médico en una clínica de Quito o simplemente gestionas un pequeño negocio familiar: la IA y sus riesgos te atraviesan el día a día. Y sólo quienes entienden esto pueden prepararse para lo que viene.

No hace falta volverse alarmista, pero sí asumir que la acción coordinada es el único camino viable para no seguir perdiendo tiempo y recursos en desgracias evitables. ¿Por dónde empezar? Pues, primero, asumiendo responsabilidad más allá del departamento de sistemas. Aquí va mi lista, muy de andar por casa tras muchas horas de consultoría y más de una anécdota con susto:

  • Pon la ciberseguridad en la agenda precisa de la dirección. Las decisiones estratégicas no pueden postergar la inversión ni la conversación sobre protección digital. En Ecuador, vi cómo una cooperativa financiera evitó pérdidas millonarias sólo porque el gerente apostó por actualizar sus políticas de datos y pedir informes semanales sobre amenazas.
  • Adopta y exige estándares claros para cualquier proyecto de IA. No dejes nada a la improvisación: desde los proveedores hasta los responsables internos, tu cliente (o tú mismo, si eres usuario final) debe saber cómo y con qué garantías se procesan los datos. Los informes de impacto y las auditorías no son papel mojado, son un seguro ante escenarios que cuestan mucho más arreglar después.
  • Promueve la formación en cascada. A veces el fallo empieza con un clic imprudente, a veces con un directivo sin tiempo. ¿La solución? Capacitaciones periódicas, ejercicios de simulación y espacios para preguntar —sin miedo— desde el becario hasta el jefe de operaciones. Lo vi en una pyme de Cuenca donde talleres prácticos permitieron detectar antes varios intentos de phishing con deepfakes de voz.
  • Apuesta sin miedo por la colaboración entre sector público y privado. La inteligencia artificial rompe fronteras y silos, así que la defensa debe hacer lo mismo. Foros de intercambio, alianzas de notificación entre empresas competidoras ante amenazas críticas, convenios universidad-empresa… todo suma. Ecuador y la región tienen margen de mejora, pero algunos consorcios ya están sentando precedentes valiosos.
  • No bajes la guardia con la regulación. Hoy la ley es clara en muchos aspectos fundamentales pero, honestamente, la tecnología va siempre un paso más rápido. Consulta, propone, mantente al tanto y opina cuando los marcos normativos de IA o protección de datos abran ventanas de participación ciudadana. Lo que se deje sin regular, será terreno fértil para los atacantes.

¿Qué lecciones nos deja este panorama?

La inteligencia artificial es la mayor generadora de valor, oportunidades y eficiencia en el mundo digital, pero esa promesa arrastra consigo la amenaza de fallos masivos, fugas de datos y manipulaciones que, si no se controlan, pueden erosionar la confianza y la sostenibilidad del propio sistema.

En lo personal, he comprobado que ninguna vacuna digital es perfecta. Hasta los sistemas más robustos pueden romperse con astucia y paciencia. El ciclo de “ataca, responde y aprende” se acorta cada día, y la frontera entre usuarios y expertos se desvanece. Por eso insisto: más importante que cualquier firewall es la conciencia digital colectiva. La seguridad efectiva nace de pequeñas rutinas: actualizar contraseñas, sospechar de lo que parece “demasiado real”, hablar abiertamente sobre errores o incidentes y compartir mejores prácticas en red.

“Si no educamos para la prevención, terminamos pagando por la reparación”.

Entonces, ¿qué podemos hacer para que Ecuador y América Latina no sólo reaccionen sino lideren en ciberseguridad e IA responsable?

  • Invertir en talento local. Necesitamos ingenieros y hackers éticos, pero también comunicadores, abogados y líderes empresariales que entiendan el lenguaje de la IA y la seguridad.
  • Fomentar una cultura de aprendizaje y actualización. No vale formarse una vez y dormirse: la IA cambia cada semana, así que tus estrategias y habilidades también deben hacerlo.
  • Blindar la infraestructura digital desde la triple visión: tecnología buena, equipos preparados y marcos legales vivos.
  • Educar masivamente a la población sobre los riesgos de la manipulación, el deepfake y la importancia de proteger sus propios datos.
  • Mantener la transparencia y ética como eje: no todo lo legal es legítimo ni todo lo posible es aconsejable; la IA debe emplearse con criterio y explicabilidad.

¿Y ahora, cuál es el siguiente paso para tu organización o proyecto?

Básicamente —y aquí va lo esencial— no puedes delegar la responsabilidad. La seguridad en inteligencia artificial empieza en cada decisión práctica: desde la elección de tu partner tecnológico, el control del dato que subes a la nube, hasta la formación de tu equipo. Si te has sentido identificado en algún punto de este artículo, detente y revisa: ¿tienes claro quién cuida tus modelos, tus datos y tus procesos? ¿Sabrías reaccionar ante un incidente de IA maliciosa? ¿Estás educando a tu gente, o esperando que alguien más se ocupe?

La diferencia entre “pasó y me afectó” y “lo vimos venir y lo paramos a tiempo” está, la mayoría de las veces, en la prevención y el compromiso real. Ecuador y América Latina tienen talento y ganas, pero la urgencia tecnológica no da tregua. No hace falta ser experto: basta con asumir que la seguridad en la IA es parte de tu presente. Y sí, también del futuro que quieres construir.

¿Listo para revisar tus defensas y pensar la seguridad en inteligencia artificial como pilar estratégico? Si tienes dudas, experiencias o quieres sumar a este debate, contáctame o deja tu comentario. La conversación —y la acción— es de todos.

Resumen: La seguridad en inteligencia artificial en 2025 es condición básica para empresas y usuarios que quieren afrontar el futuro con confianza.

Lee el artículo original en el que se basa este contenido

Sergio Jiménez Mazure

Sergio Jiménez Mazure

Especialista en Inteligencia Artificial y Automatización B2B. Fundador de Innovación IA, dedicado a ayudar a empresas a integrar tecnologías cognitivas para maximizar su eficiencia operativa.

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