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Noticias Innovación IA8 min de lecturaPor Sergio Jiménez Mazure

Menús personalizados con IA: lecciones de Starbucks para Ecuador

Menús personalizados con IA: lecciones de Starbucks para Ecuador

Menús personalizados con IA en Starbucks: ¿qué impacto podrían tener en Ecuador?

Starbucks estudia incorporar menús digitales personalizados en sus establecimientos con servicio de drive-thru. La iniciativa, presentada por Brian Niccol, consejero delegado de la compañía, durante una llamada sobre resultados financieros, contempla reconocer a clientes participantes cuando llegan, mostrarles opciones adaptadas y simplificar el pago.

La propuesta todavía se encuentra en una fase temprana. Starbucks no ha detallado qué datos utilizaría para reconocer a los clientes, qué criterios definirían la personalización del menú, cuándo comenzarían las pruebas de los paneles digitales ni en qué establecimientos se realizarían. La empresa ha planteado un proceso de prueba, aprendizaje y ampliación de las soluciones que demuestren utilidad.

Además de los menús personalizados, Starbucks planea probar modelos de inteligencia artificial para ayudar a los baristas a introducir pedidos con mayor precisión y eficiencia. Según la información disponible, estas pruebas comenzarían en locales con drive-thru a partir de 2027. No se han publicado cifras sobre una posible reducción de errores, mejoras en la velocidad de atención o número de establecimientos incluidos.

Para Ecuador, la noticia sirve como referencia sobre una tendencia concreta: el uso de IA para conectar la recomendación de productos, la toma de pedidos, el pago y la operación interna. Sin embargo, no hay anuncios públicos verificables que confirmen pruebas de estos menús personalizados de Starbucks en establecimientos ecuatorianos. Por ello, no corresponde presentar esta tecnología como una solución ya disponible en el país.

La estrategia de Starbucks: personalización, apoyo al personal y pedidos digitales

La dirección estratégica de Starbucks no se limita a mostrar recomendaciones en una pantalla. Reúne varias aplicaciones de inteligencia artificial y automatización que intervienen en distintos momentos de la experiencia de compra y de la operación de las tiendas.

  1. Menús personalizados en el drive-thru. Starbucks estudia reconocer a clientes participantes al llegar, mostrarles opciones adaptadas y facilitar el pago. Por ahora, no hay detalles públicos suficientes sobre los datos empleados, los criterios de recomendación ni el calendario de despliegue.
  2. Asistencia para introducir pedidos. La compañía prevé probar modelos de IA para apoyar a los baristas durante el registro de pedidos. El objetivo anunciado es mejorar la precisión y eficiencia de esa tarea, sin que la información disponible permita afirmar resultados concretos.
  3. Herramientas internas para los equipos. Starbucks ha desarrollado Green Dot Assist, un asistente basado en tecnología de Microsoft Azure y OpenAI que permite consultar recetas, procedimientos, estándares de servicio y dudas operativas en tiempo real. La herramienta fue probada inicialmente en 35 establecimientos y la empresa anunció una ampliación progresiva en Norteamérica.
  4. Coordinación de pedidos de distintos canales. Smart Queue organiza el flujo de pedidos procedentes de la aplicación móvil, el drive-thru, el salón y los servicios de entrega. Su propósito es evitar que un canal de pedidos sobrecargue a los demás y mejorar la coordinación detrás de la barra, especialmente en periodos de alta demanda.
  5. Predicción de demanda. Starbucks utiliza modelos de aprendizaje automático para analizar horarios de mayor tráfico, estacionalidad y condiciones climáticas, con el fin de anticipar inventario y necesidades de personal. La información disponible no incluye métricas detalladas sobre los resultados de este uso.
  6. Búsqueda y pedidos conversacionales. La empresa también prevé integrar IA en las funciones de búsqueda y descubrimiento de su aplicación. Ha explorado pedidos asistidos mediante ChatGPT, donde una persona puede describir preferencias o ideas de sabor para recibir recomendaciones y avanzar hacia un pedido digital. Las funciones conversacionales y los sistemas de pedido autónomo aparecen como posibilidades futuras, sin una fecha de lanzamiento confirmada.

Un sistema conversacional podría ayudar a traducir una petición informal en opciones disponibles dentro de un catálogo. Por ejemplo, una persona podría indicar que busca una bebida fría, poco dulce y de sabor intenso; el asistente podría proponer alternativas configurables, siempre que conozca los productos, ingredientes y modificaciones realmente disponibles.

Esta capacidad también podría reducir la confusión alrededor de bebidas conocidas como “menú secreto”, que suelen circular en redes sociales con nombres no oficiales. Un asistente podría convertir una solicitud popular en ingredientes y modificaciones que puedan ser entendidos por la aplicación y por el personal. Su utilidad dependería de que interprete correctamente la petición y de que la configuración sea compatible con la operación del establecimiento.

La estrategia de Starbucks apunta a asistir y coordinar la operación, no necesariamente a reemplazar por completo la interacción humana.

El contexto disponible indica que Starbucks redujo el alcance de algunos proyectos de automatización después de que ciertas soluciones generaran fricciones en las tiendas. Esto muestra un límite importante: una herramienta puede ser sofisticada y, aun así, complicar el trabajo si añade pasos, interpreta mal los pedidos o no se adapta a las condiciones reales del local.

Qué pueden aprender las PYMES ecuatorianas

La escala de Starbucks no es directamente comparable con la de una cafetería, restaurante o tienda local. La principal lección no es replicar toda su infraestructura, sino identificar un problema operativo específico, probar una solución limitada y evaluar sus resultados antes de ampliar el proyecto.

Una empresa local podría abordar por separado la recomendación de productos, las consultas frecuentes, la coordinación de pedidos o el acceso del personal a procedimientos internos. No necesita construir desde el inicio un ecosistema completo de personalización, pagos, inventario y automatización.

  1. Definir un problema concreto. Antes de elegir una herramienta, conviene identificar dónde se producen errores o demoras: consultas repetitivas, pedidos mal registrados, productos difíciles de encontrar, acumulación de solicitudes o falta de información para el personal.
  2. Ordenar el catálogo y la información operativa. Un asistente solo puede recomendar opciones válidas si conoce los productos disponibles, ingredientes, precios, modificaciones, horarios y condiciones reales de inventario. Si esos datos están desactualizados, la herramienta puede ofrecer productos que el negocio no puede entregar.
  3. Comenzar con un caso de uso limitado. Un primer piloto podría consistir en un asistente que responda preguntas sobre productos o ayude al equipo a consultar recetas, procedimientos y estándares internos. Otra opción sería una herramienta que transforme una preferencia del cliente en una propuesta de pedido para que la persona la confirme.
  4. Coordinar canales de manera gradual. La experiencia de Smart Queue muestra la importancia de no tratar por separado los pedidos de mostrador, aplicación, mensajería, entrega o drive-thru. Una empresa pequeña podría empezar con un flujo común de control antes de implementar automatizaciones más complejas.
  5. Medir resultados comprensibles. Un piloto puede evaluarse mediante indicadores como el número de pedidos corregidos, el tiempo de atención, las consultas resueltas, las recomendaciones aceptadas o los reclamos por información incorrecta. Si la herramienta añade carga al equipo o genera más errores, puede ajustarse, reducirse o retirarse.
  6. Mantener supervisión humana. El personal debe poder corregir una recomendación, modificar un pedido o informar que un producto no está disponible. La automatización no debería convertir una respuesta incorrecta en una decisión definitiva para el cliente.

La personalización no tiene que comenzar con reconocimiento automático de cada visitante. Como ejemplo hipotético, un negocio podría permitir que los usuarios indiquen voluntariamente preferencias como tipo de producto, rango de precio o restricciones de consumo, y usar esa información para mostrar opciones dentro del catálogo. El propósito inicial sería ayudar a encontrar productos, no asumir que cualquier recomendación incrementará las ventas.

La misma lógica aplica a los asistentes internos. Un restaurante podría probar una herramienta que ayude al equipo a consultar recetas e ingredientes durante horas de alta demanda. Una tienda podría usar un sistema que sugiera productos complementarios en un carrito, dejando la decisión final en manos de la persona compradora. Cada caso requiere información actualizada, límites claros y una evaluación posterior.

Los límites de la personalización

La iniciativa de Starbucks deja varias preguntas abiertas. La compañía no ha explicado qué datos utilizaría para identificar a los clientes participantes, cómo se definirían las recomendaciones ni qué controles tendrían las personas sobre esa experiencia. Estas cuestiones son relevantes porque una personalización útil depende tanto de la calidad de los datos como de la claridad con la que se presenta la propuesta al cliente.

Una empresa que plantee usar preferencias o historiales de compra debería explicar qué información utiliza y con qué finalidad. También conviene ofrecer alternativas para quienes no quieran participar en recomendaciones personalizadas o prefieran recibir atención sin automatización.

Los errores operativos siguen siendo un riesgo. Un sistema puede interpretar mal una solicitud, recomendar un producto agotado, desconocer una modificación no disponible o trasladar una orden incompleta al personal. Por eso, la integración con el catálogo, el inventario y los procesos reales del negocio es tan importante como la interfaz que ve el cliente.

La personalización crea valor cuando facilita una decisión y la operación puede cumplir lo que promete.

Una dirección estratégica, no un producto ya desplegado

La información disponible describe una dirección estratégica de Starbucks, no un producto plenamente implantado. Los menús personalizados para el drive-thru siguen en fase exploratoria; las pruebas de asistencia a los baristas se plantean a partir de 2027; y las opciones de pedido conversacional o autónomo no cuentan con una fecha de lanzamiento confirmada.

Para las empresas ecuatorianas, el valor de la noticia está en observar cómo una cadena internacional conecta distintas capas de operación: recomendación de productos, toma de pedidos, apoyo al personal, coordinación entre canales y previsión de demanda. No obstante, cada negocio debe determinar qué problema necesita resolver y si cuenta con la información, los procesos y la capacidad operativa necesarios para hacerlo.

Una adopción gradual puede comenzar con un diagnóstico, continuar con un piloto limitado y ampliarse solo si demuestra utilidad. La tecnología puede apoyar la atención al cliente y reducir fricciones, pero no sustituye la necesidad de mantener información correcta, procesos claros y capacidad para corregir errores.

Innovación IA puede ayudar a evaluar casos de uso, organizar la información necesaria y diseñar pruebas proporcionales a las necesidades de cada empresa.

Fuente: artículo original.

Sergio Jiménez Mazure

Sergio Jiménez Mazure

Especialista en Inteligencia Artificial y Automatización B2B. Fundador de Innovación IA, dedicado a ayudar a empresas a integrar tecnologías cognitivas para maximizar su eficiencia operativa.

Servicios de Inteligencia Artificial de Innovación IA

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