La autenticidad digital en la era de la inteligencia artificial: retos y oportunidades

Aunque suene exagerado, la autenticidad en las redes sociales está pasando por su mayor crisis desde que subimos la primera foto pixelada en Tuenti o, ya entrando en calor, desde que Instagram se llenó de selfies con filtro. ¿Y sabes qué tiene la culpa? En parte, la inteligencia artificial, sí, esa tecnología que parece estar en todas partes: desde los bots que te escriben poemas románticos hasta esos generadores de imágenes que dibujan gatos voladores con una precisión tenebrosa.
Tu feed está lleno de contenido que no sabes si es real o no; ya ni las fotos de tus colegas en Montañita puedes mirar sin preguntarte: “¿Esto lo vivieron o lo crearon con IA en dos minutos?” Te soy sincero, este fenómeno me da tanta curiosidad como miedo. Verás, llevo años dedicándome al marketing digital, he visto todas las mutaciones posibles de los algoritmos, pero esto va más allá. De pronto, hace falta hablar seriamente de autenticidad digital, pero desde otro ángulo: no ya el del postureo clásico, sino ese vértigo de no poder confiar en lo que estás mirando.
No sé tú, pero a mí me pasa: entro en Instagram y, tras dos scrolls, ya estoy dubitativo. ¿Ese plato de locro lo cocinó de verdad mi amigo en el centro de Quito o ha sido obra de una IA que mezcla “receta tradicional ecuatoriana + foto de influencer”? Admito que me fascina el ingenio de las nuevas plataformas… y, sin embargo, echo en falta algo: ese pequeño error humano, el pulso tembloroso, la luz rara… Y sí, esos detalles son los que hoy definen la autenticidad en la era de la IA, aunque parezca un contrasentido.
Hace poco, leyendo unas reflexiones de Adam Mosseri, jefe supremo de Instagram, volví a ese punto: las redes han dejado de ser el escaparate de lo real para convertirse, a veces, en un terreno lleno de trampas visuales donde todo puede ser generado, perfeccionado, manipulado. Aquí la pregunta del millón es: ¿podemos seguir creyendo en las imágenes? ¿Nos creemos lo que consumimos, o ya estamos todos con el “modo escéptico” activado por defecto?
“Estamos entrando en una era en la que la autenticidad no se asume; se tiene que demostrar. Y ahí está el reto más grande para todos, creadores y consumidores.”
– Sergio J. Mazure, consultor en comunicación digital
Lo que antes era natural —dar por bueno lo que ves— ahora está patas arriba. Nuestra relación con lo visual, con la foto y el vídeo, se ha llenado de sospecha. Quizá no sea tan grave si ves un meme de un gato filósofo, pero sí es relevante cuando la credibilidad de una persona, una marca o un suceso real depende de que una imagen sea verdadera. Aquí pongo un ejemplo real: una empresa en Madrid me pedía ayuda hace meses porque, tras un lanzamiento, la gente no se creía las fotos de sus nuevos productos. ¿Por qué? Circulaban imágenes “mejoradas” por IA que parecían más irreales que un render. El público, con razón, se volvió desconfiado.
Ahora bien, ¿de dónde viene esta obsesión actual con la autenticidad digital? En parte porque todos —sí, todos— tenemos, al alcance de la mano, herramientas que antes solo usaban los estudios de Hollywood. ¿Un retrato hiperrealista de tu perro domando un dragón? Fácil. ¿Un vídeo de tu abuela bailando salsa en las fiestas de Guayaquil con calidad de cine? No hace falta ni vestuario, lo generas en un click. Y claro, llegados a este punto, la pregunta ya no es solo si lo que ves es bonito, impactante o viral… sino si te puedes fiar.
Aquí es donde entra la segunda capa del dilema: la propia comunidad digital empieza a valorar como auténtico lo imperfecto. Mosseri, con toda la experiencia que da comandar una red social global, señala un fenómeno curioso: las fotos movidas, los vídeos mal enfocados, los errores evidentes se han convertido en símbolo de verdad en un mundo donde todo puede ser fabricado hasta el más mínimo detalle. Nos aferramos, en cierto modo, a lo que la IA no puede imitar (todavía), esa chispa única del ser humano que se escapa de los algoritmos.
Pero atención, porque incluso aquí la tecnología corre. Mosseri mismo lo reconoce: con la instrucción adecuada, la IA también puede “afear”, replicar imperfecciones, simular descuidos. En realidad, la auténtica autenticidad se nos escurre entre los dedos cada vez que creemos que hemos encontrado el último truco genuino. Y eso, al final, cambia todo.
¿Quién gana en este juego? ¿El que manipula mejor, el que “fakea” sin que se note, o el que, a pesar de todo, sigue mostrando su versión real —con todo y sus manchas y sus desenfoques? Irónicamente, jamás fue tan importante ser uno mismo… ni tan difícil.
La relevancia de esta discusión es enorme y no se restringe al postureo o al periodismo: afecta a marcas, políticos, empresarios, artistas, tu vecino el community manager de la cafetería… Todos. Porque, a medida que la confianza se convierte en un recurso escaso, distinguir lo auténtico será el mayor valor diferencial. ¿Tú a quién le crees? ¿A la foto perfecta o al directo improvisado?
La auténtica autenticidad —perdona el trabalenguas— será el nuevo oro digital. Cada vez que una plataforma como Instagram confirma que sus reglas están cambiando para adaptarse a esta realidad, es porque todos, tú y yo incluidos, estamos aprendiendo a mirar con otros ojos.
Quédate por aquí, porque en los siguientes puntos vamos a desmenuzar lo que proponen líderes como Mosseri, cómo la tecnología va a intentar resolverlo y, sobre todo, qué significa esto para ti si también te la juegas en redes sociales. Spoiler: el reto es grande, pero las oportunidades para quienes se mantengan reales —y sepan demostrarlo—, aún más.
Adam Mosseri y la Batalla por la Autenticidad: ¿Quién Certifica lo Real Cuando Todo Puede Falsificarse?
Cuando Adam Mosseri —el hombre que mueve los hilos de Instagram— se sienta a hablar sobre autenticidad digital y inteligencia artificial, conviene escucharlo con atención. No es un tema que pase de largo. De hecho, es la conversación clave que están teniendo desde las oficinas de Meta en San Francisco hasta cualquier estudio de creación en Guayaquil. El jefe de Instagram advierte: “Vamos a tener que darle la vuelta al chip: empezar a sospechar por defecto, en vez de confiar por defecto, en lo que vemos.” Curioso, ¿no? Lo que antes dábamos por sentado —que si una imagen está publicada es porque ocurrió tal cual— ahora se tambalea.
Vamos por partes. ¿Por qué se ha llegado aquí? Resulta que la inteligencia artificial generativa no para de crecer. Antes, reconocer una imagen digital falsa era sencillo. Ahora puedes ver una foto hiperrealista subida por una pyme en Madrid y dudar seriamente si esa lámpara nueva existió en la tienda o la inventó una IA tras un brainstorming digital. Y lo que es peor: puedes ver imágenes “imperfectas”, con supuestos errores humanos, sin notar que detrás hubo líneas de código empeñadas en simular ese mismo error. Lo he visto con mis propios ojos en casos reales de clientes: campañas enteras en las que la gente cuestiona si lo que ve es una prueba de vida o un diseño imposible de rastrear.
¿De Dónde Parte el Problema? Nueva Psicología del Usuario
Mosseri lo deja clarito: el mayor cambio no es la tecnología, sino nuestra cabeza. Antes, ver una foto era suficiente. Ya ni eso. Estamos entrenados para la sospecha. Por eso, él apunta que el escepticismo va a ser la actitud de base. Esto tiene sus cosas malas, sí; pero también mueve a toda la industria social a buscar nuevas formas de demostrar la autenticidad de lo que vemos. ¿Recuerdas cuando un vídeo de WhatsApp bastaba para que le creyeras? Eso ya es historial.
La gente ahora mira el nombre del usuario, se fija en las señales sociales, en los detalles de la cuenta, y desconfía de las imágenes demasiado “pulcras”. El dominio de la percepción visual ha cambiado. No sé tú, pero llevo semanas preguntando a colegas y la frase que más se repite es esta: “Ya ni me molesto en zoom in; si algo parece demasiado bueno para ser cierto, seguro lo es.” Así, las plataformas, y aquí Instagram la más expuesta, se ven obligadas a repensar TODO su modelo de contenido y reputación.
Soluciones Técnicas: Certificar el Origen con Huellas Digitales
Aquí viene el giro interesante que señala Mosseri: primero, certificar lo que es real desde la raíz. Se está trabajando en sistemas que permitan a cada fabricante de cámaras —da igual si Nikon, Apple o Xiaomi— incluir una huella digital criptográfica única en cada foto o vídeo en el mismo momento de la captura. Dicen, y esto aún está en desarrollo, que esa “firma” serviría para rastrear el archivo a lo largo de su vida digital.
Así, cuando veamos una imagen en Instagram, podríamos comprobar de inmediato si es producto de una cámara real y no de una IA haciendo de las suyas. En la práctica, sería como volver a tener “certificados de autenticidad”, pero ahora incrustados en cada píxel.
“El día que una noticia viral requiera mostrar su trazabilidad digital… ahí sí veremos un cambio real en la cultura de la verificación.”
— Sergio J. Mazure
¿Funciona? Todavía no. Según lo que leí en un informe reciente de la Universidad de Stanford, la mayoría de fabricantes aún se resiste (las implicaciones para la privacidad no son menores). Pero la presión está ahí. Muchos expertos, y hasta la propia Instagram, insisten en que este tipo de mecanismos son el futuro próximo. Convertirían la pregunta de “¿es real o no?” en un simple check, casi como mirar si un documento tiene un sello oficial.
Más Allá de la Marca de Agua: Etiquetar el Contenido Generado por IA
Otra herramienta que lanza Mosseri a la mesa es el etiquetado claro del contenido IA. Ya lo has visto: Instagram y otras plataformas han empezado a poner avisos tipo “Generado con IA” en imágenes dudosas. Suena moderno, pero es un parche. Hay usuarios que lo agradecen y otros que lo ven como una invitación a buscar atajos. Un colega en Cuenca me contaba que, tras ver la etiqueta en una campaña política, estaba más pendiente de los detalles del vídeo que del mensaje. El efecto psicológico es interesante: ahora valoramos justamente lo opuesto a la perfección.
¿Sabes qué funciona de verdad? Las señales de credibilidad, consistencia y reputación: ese historial del creador, la interacción agregada por la comunidad (likes, comentarios, respuestas en tiempo real) y ciertos gestos reconocibles de imperfección (un dedo, un fondo mal hecho, una risa fuera de plano) que la IA todavía lucha por replicar a la perfección. Cuando trabajan conmigo marcas que quieren posicionarse por transparencia —directos, making ofs, “behind the scenes”— lo que siempre noto es que la respuesta del público es más cálida y los comentarios suben. Da igual si al algoritmo no le gustan los desenfoques.
La Imperfección Como Sello de Autenticidad
Aquí viene el verdadero giro irónico de lo que plantea Mosseri: valoramos lo imperfecto como prueba de lo humano. Los vídeos temblorosos de una manifestación en la Plaza Grande, la selfie mal encuadrada de tu amiga en el teleférico, esa foto con brillo raro en un concierto en Madrid… Eso es lo que más creemos. Las imágenes producidas en serie con IA empiezan a ser sospechosas justamente por su perfección casi clínica.
Pero (y este es el “pero” que nadie debe subestimar), basta que la IA aprenda a imitar fallos para que otra vez tengamos que afinar el criterio. Un amigo programador me enseñó hace poco unos prompts que generaban imágenes con “ruido visual”, ojos desenfocados y “errores humanos” simulados hasta el detalle. Flipante y aterrador. O sea, la pelea es constante: cada vez que creemos que hemos encontrado una señal de autenticidad nueva, la IA sale a replicarla.
Mosseri reconoce este loop y lo describe casi como una persecución de sombras: buscas el fallo para identificar lo genuino, pero la máquina también aprende a fallar. Es, como decimos en Quito, un juego de nunca acabar. La paradoja de la autenticidad digital está servida.
¿Nos Puedes Demostrar Que Eres Real?
Al final, tal como insiste Mosseri, la verdadera solución es una combinación de tecnología avanzada y cultura digital crítica. Ni basta con etiquetas automáticas ni con confiar en la intuición. El usuario tendrá que mezclar ojo de halcón, sentido común y atención a los detalles contextuales: quién publica, cuándo, con qué intención, y, claro, si hay formas técnicas de verificar el origen del contenido.
La paradoja es incluso poética: la autenticidad máxima no viene de la perfección, sino de la humanidad palpable —el pulso, el error, la risa fuera de guion. Cuando la IA logra copiar eso, la pelea gira al próximo nivel. Y sí, todavía queda mucho por inventar.
- La duda es la nueva actitud de base: Ver para creer se transformó en creer sólo por capas.
- Las huellas digitales y etiquetas IA van a ganar peso: Si buscas la verificación de tus imágenes, prepárate, el futuro va por ahí.
- La imperfección humana cobra valor: El fallo, el ruido, lo espontáneo se vuelve “joya” de lo real.
- Cada truco genuino tiene fecha de caducidad: Porque en breve la IA aprenderá a imitarlo también.
- Lo real no será lo que parezca, sino lo que puedas demostrar: Literal, la época de la “foto selfie testigo” ha vuelto pero en modo 3.0.
Así está el panorama según Mosseri: la autenticidad en la era de la IA ya no es un don natural de quien publica, hay que currársela y, sobre todo, demostrarla. El cambio no es sólo tecnológico o visual, es puramente cultural. Porque lo digital ahora pide credenciales, como quien pasa por un control. ¿Tú estás preparado para mostrar tu “huella” la próxima vez que publiques?
“No puedes quedarte con la intuición: hará falta demostrar sin lugar a dudas que lo tuyo es tuyo. El círculo se cierra ahí.”
— Sergio J. Mazure
Si te pasa igual, si tu marca o perfil personal está en ese cruce de caminos entre lo real y lo hiperreal, empieza a pensar desde ya en cómo vas a demostrar tu autenticidad. Porque —y esto lo he probado asesorando a creadores en varias ciudades— la confianza digital ya no se regala, se construye con pruebas.
Implicaciones para Creadores: ¿Cómo Sobrevivir (y Destacar) en el Juego de la Autenticidad Digital?
Vamos al grano: ¿qué se supone que debemos hacer los que nos dedicamos a crear contenido en la era de la inteligencia artificial? Porque, honestamente, nunca antes se nos había exigido tanto y tan raro. Antes bastaba con tener buena cámara, algo de chispa y cierta constancia. Ahora no es suficiente. Sobra gente creativa, talento de sobra… lo que falta —y pesa— es la confianza.
Mosseri lo deja caer y no es ninguna exageración: el diferencial ya no es quién edita mejor, ni quién publica más rápido. Ahora la verdadera pregunta es esta: ¿eres capaz de hacer algo que sólo tú podrías crear? Y “sólo tú” aquí es clave. Suena obvio, pero no lo es; básicamente estamos en un entorno donde la IA puede copiar el estilo, la técnica y hasta el sentido del humor de cualquier ser humano en cuestión de segundos. No bromeo. A mí me ha pasado: me he cruzado con propuestas de campañas para una pyme en Barcelona que parecían hechas por mi colega en Quito, pero eran completamente generadas sobre prompts de un chat. Acojona un poco.
Si eres creador, community manager, social media manager o incluso alguien que comparte su día a día en redes, esta nueva tensión tiene consecuencias concretas. La primera, y más obvia: ya no puedes fiarte de que tu talento brille sólo porque “se nota” tu toque personal. Todo lo digital puede ser replicado, adornado o fabricado por IA. Entonces, ¿qué queda? Pues queda —y esto lo veo cada vez que trabajo con microinfluencers o marcas locales en Ecuador— la autenticidad demostrable.
¿Cómo Te Ganas la Confianza en un Mundo de Dudas?
Olvídate de destacar por el “contenido bonito” o por la edición puntera. Tan pronto como el público huele IA, se activa ese chip de duda y escepticismo del que hablaba antes. El verdadero “oro” lo tiene quien logra que su audiencia crea que, detrás de ese post, hay una persona real y no un software con licencia.
Aquí te dejo algunas pistas basadas en experiencia real —porque lo he visto en distintas industrias, desde restaurantes en Guayaquil hasta artistas visuales en Madrid— para que la IA no te coma la tostada:
- Muestra el “detrás de cámaras” siempre que puedas. La gente quiere ver procesos, errores, repeticiones, pruebas y accidentes felices que sólo ocurren cuando eres humano. Los vídeos improvisados, tomas falsas y comentarios en vivo levantan más interacciones reales que las campañas perfectamente orquestadas. El making of es el nuevo filtro.
- No temas enseñar imperfecciones y dudas. Un post confesando que el primer logo salió fatal, o que la receta falló dos veces antes de salir bien, humaniza y fideliza. Eso no lo puede generar una IA, al menos no de manera convincente y sostenida. Quien transmite naturalidad, convence.
- Cuenta microhistorias con contexto personal. Olvídate del mensaje universal y aséptico. Si hablas del nuevo mural que pintaste en las calles de Cuenca, añade nombres, anécdotas, fechas, detalles sensoriales o culturales (“acabé con pintura en las cejas porque me pilló la lluvia”). Eso el algoritmo, por ahora, no sabe fabricarlo.
- Interactúa en tiempo real y responde con espontaneidad. Los directos (por mucho que den miedo), las preguntas y las reacciones sin filtro marcan la diferencia frente al contenido preparado y editado. En mis cursos para marcas ecuatorianas siempre insisto: una marca viva se nota porque responde, se equivoca, improvisa, se adapta en directo.
- Mantén consistencia en tu voz y valores. Cambiar de tono, de mensajes o de actitud con demasiada frecuencia hace saltar todas las alarmas de “esto no es de verdad”. Los perfiles que conservan una línea clara —aunque eso implique tener altibajos, días buenos y malos— generan a largo plazo un halo de autenticidad.
¿La Escasez de Autenticidad como Ventaja Competitiva?
Aquí entra una de las ideas menos evidentes —y más relevantes— de estos tiempos: la autenticidad se ha vuelto un recurso escaso. Si lo piensas, lo raro ahora es encontrar a alguien o algo que no se deje tentar por la perfección digital. Por eso los picos de alcance y los comentarios más genuinos llegan, paradójicamente, cuando se rompe la pose. ¿Recuerdas aquellas newsletters medio improvisadas de hace años? Hoy suenan a verdad y, en un océano de hype, mucha gente paga por esa naturalidad.
Mosseri, en el fondo, apunta a esto: cada “prueba de autenticidad” que logres ofrecer será tu salvavidas. Fotos del móvil con fecha, vídeos donde alguien interrumpe de fondo, testimonios espontáneos (de verdad espontáneos, no “puestos en escena”)… todo suma. Lo he comprobado ayudando a una pequeña cafetería en Quito. Cuando dejaron de usar imágenes stock y empezaron a mostrar al barista abrazando a su perro, funcionando a prueba de lluvia o de “mal día”, el engagement subió. La gente no sólo veía, sentía el lugar como suyo.
¿La IA Va a Suplantar a los Creadores?
Según lo que leí en entrevistas recientes y lo que comenta el propio Mosseri, la IA no va a sustituir a los creadores, pero sí va a separar a quienes sólo “reproducen” de quienes realmente pueden aportar una huella. Aquí, el contenido irrepetible y contextual (esa chispa que ni la IA ni otro humano puede replicar porque sale de tu vida, de tu entorno, de tu gente) cobra valor. Dicho de otra forma: si te limitas a publicar “lo que se espera”, la relevancia se pierde en el mar de “más de lo mismo”.
Hay una pregunta flotando para cualquiera que esté ahora “jugándose” la marca o la voz propia en redes: ¿qué podrías contar tú que ningún generador artificial logre imitar? Y no, no hace falta tener la vida de Dalí; basta con mostrar las pequeñas rarezas, errores o maneras de pensar que hacen tu historia irrepetible. Si puedes dar esa sensación una y otra vez, tienes todas las de ganar.
¿Demostrar la Autenticidad se Volverá Obligatorio?
Aquí viene la parte incómoda para muchos: tarde o temprano, las plataformas y el público exigirán pruebas de lo real. Da igual si eres artista digital, consultor, influencer de nicho o emprendedor local; la presión para demostrar que no eres un avatar con fondo neutro irá en aumento. Marcas pioneras ya lo hacen. Hay campañas donde enseñar el proceso, mostrar metadatos, hacer partícipe a la comunidad y hasta compartir los “fallos” del directo son rutina, no excepción.
Esto implica un cambio de chip bestial respecto a hace apenas cinco años. Recuerdo cuando trabajé con un político en Madrid que se obsesionó con el discurso en directo por miedo a que sus contrincantes usaran deepfakes. Ajustamos todo: desde el setup visual hasta la cámara secundaria enfocando los bastidores, para que no hubiera dudas de que el discurso era en tiempo real. ¿El resultado? No sólo se lo creyó el votante, sino que la confianza creció. El truco fue demostrar, a cada paso, la realidad del momento. Igual pasa en Instagram o en TikTok: cada vez que puedas demostrar que “eso que ves ocurrió tal y como se muestra”, ganas terreno.
Si No Te lo Creen, No Te lo Compran
Por eso —y esto lo repito en talleres y consultorías— la autenticidad digital será tu mayor argumento de venta (ya sea para conectar, inspirar o generar ingresos). El creador que invierta en credibilidad, lo va a percibir tanto en el algoritmo como en la comunidad. Al final, los que sobreviven y destacan serán quienes no tengan miedo a enseñar el proceso sin miedo a fallar. Porque la verdad, bien contada, hoy tiene premio.
“No te esfuerces en parecer perfecto; esfuérzate en ser imposible de reemplazar.”
— Sergio J. Mazure
En el entorno actual, nadie puede dormirse en los laureles del “branding” tradicional. Si te dedicas a las redes —vente, vamos juntos en esto— hora de pensar cada historia, cada vídeo, cada foto, como una oportunidad para dejar tu huella, no un simple “post más”. Al final, la gente recordará lo que sintió contigo, no sólo lo que vio en su pantalla.
¿Ves ese video desenfocado, esa carcajada fuera de plano o ese error en la receta? Quizá ahí esté la única verdad que el algoritmo aún no puede robarte.
¿Y tú? ¿Ya sabes cómo vas a demostrar tu autenticidad el próximo mes? Si quieres que te ayude a encontrar ese punto único, deja tu comentario. Si te pasa igual, pruébalo en tu negocio y cuéntame cómo te va. Nos leemos.
¿Y Ahora Qué? Reflexiones Sobre el Futuro de la Autenticidad en la Era de la IA
A este punto, quizá estés preguntándote: ¿queda algún refugio seguro para la autenticidad en redes? No te voy a mentir. El panorama, visto así, parece una partida de ajedrez donde cada avance de la inteligencia artificial fuerza a los creadores a inventar nuevas jugadas, a la defensiva pero también (y esto me gusta) a la ofensiva creativa. La paradoja no es menor: justo cuando parecía que la tecnología iba a acercarnos, surge el reto inesperado de “demostrar que eres tú, y no un bot disfrazado con tus fotos de las vacaciones”. Confieso que a mí también me cuesta, en días de scroll infinito, distinguir a veces entre una anécdota y una secuencia generada en Midjourney.
Mosseri, desde Instagram, nos está diciendo sin rodeos: toca revalorizar el sello personal, el contexto y la huella. Pero no sólo por gusto o nostalgia, sino porque va a ser la única manera de diferenciarse en la próxima etapa del juego digital. Empieza, si quieres, por mirar tus últimos posts; revisa, sin filtro, cuáles podrían haberlos hecho otros, y cuáles —a golpe de recuerdo, de error o de detalle tonto— sólo los puedes firmar tú. Eso hay que amplificar.
¿Qué Podemos Hacer Ya Como Creadores o Marcas?
- Empieza a documentar procesos, no resultados. Hazlo tan sencillo como grabar tus pruebas de producto, tus ensayos, las reuniones improvisadas. Una cafetería en Guayaquil que asesoré cambió sus publicaciones por stories-diario mostrando el día a día real (charlas, bromas, imprevistos). El engagement creció y la comunidad sintió la diferencia: aquello no era copiable.
- Construye comunidad más allá del contenido pulido. Céntrate en relaciones, no solo en publicaciones. Las marcas que responden, comparten y escuchan acaba llamando la atención, aunque el vídeo sea un desastre técnico.
- Pon la cara —literal y metafóricamente— cada vez que puedas. ¿Tienes dudas sobre AI? Cuéntalas en directo. ¿No sabes si usar una herramienta nueva? Deja que tu audiencia vea cómo investigas, experimentas, fallas. La gente siente afinidad por lo imperfecto porque ahí encuentran señales de verdad.
Lo curioso es que este rol de “demuestra quién eres en cada detalle” está transformando el propio marketing digital. Ya no se trata solo de vender productos bonitos ni experiencias de postal; va de proponer una historia única, creíble y, sobre todo, difícil de falsificar. La IA mejora simulando el acabado, pero sigue tropezando con la coherencia de una pequeña marca que cuenta cómo sobrevivió a un apagón en Loja o comparte el recibo mal escaneado de ese día caótico. Son cosas que, cuando las cuentas, conectan y convencen.
¿Hay riesgo de que la autenticidad genuina se vuelva también un gesto vacío, otra moda? Por supuesto que sí. He visto cómo se intenta imitar a quienes abren la puerta de su estudio, muestran la mesa desordenada y contestan comentarios con emojis o bromas locales. Pero por mucho que la IA entrene para ello, el pulso humano es… bueno, otro rollo. Se nota. Y si no, el tiempo pone a cada uno en su lugar: lo prefabricado se acaba notando.
¿Veremos un Renacimiento de lo Humano en la Era Digital?
Quien sabe. Puede que en unos años, la mayor tendencia en redes no sea el filtro nuevo ni el deepfake más realista, sino volver a confiar solo en aquello que respira “humano” por todas partes. Quizá los “errores” sean la nueva insignia de los creadores top, el ruido de la calle quiteña en segundo plano valga más que cien videos corporativos y las historias pequeñas —contadas por gente real, en contextos reales— se impongan a la perfección intangible de los modelos generativos.
Yo lo veo así —y es mi apuesta diaria con las marcas, los clientes y los creadores con los que trabajo en Ecuador, España o donde sea: la autenticidad va a ser tu activo más caro, y cada vez más exigido. No se regala, ni se finge a largo plazo. Ya no basta con parecer real; hay que demostrar cada paso, construir con pruebas, abrir la puerta y atreverse a que otros vean que te equivocas.
“La confianza digital será la piedra angular de la próxima década. El reto es claro: o eres verídico o eres invisible.”
— Sergio J. Mazure
Cuida tu Autenticidad: Primeros Pasos que Puedes Tomar
- Haz un inventario de tu contenido y detecta lo “demostrable”.
- Pide a tu comunidad feedback: ¿qué parte de tu historia parece más real para ellos?
- Incluye rutinas, contextos y pequeños rituales tuyos que nadie más haría igual.
- No temas hacer partícipe a otros, invítales a mostrarse también imperfectos.
¿Y si mañana cambian las reglas, y la autenticidad se mide por otra cosa? Habrá que adaptarse, sí. Pero la esencia sigue: lo que no puede copiar la IA es tu recorrido vital, tu entorno y las huellas insustituibles que tú puedes dejar, incluso si son borrosas o imprevisibles. Lo he comprobado, campañas tras campaña, con clientes de sectores y países distintos. Y cuando alguien conecta desde lo auténtico, la IA puede intentarlo, pero no igualarlo.
Snippet resumen: En la era de la IA, la autenticidad en redes sociales se demuestra con pruebas, contexto y señales humanas únicas.

Sergio Jiménez Mazure
Especialista en Inteligencia Artificial y Automatización B2B. Fundador de Innovación IA, dedicado a ayudar a empresas a integrar tecnologías cognitivas para maximizar su eficiencia operativa.