La alianza NVIDIA-OpenAI que redefine la infraestructura de inteligencia artificial global

Si has seguido de cerca la evolución de la inteligencia artificial, seguro notaste últimamente un movimiento que dejó a todo el mundo con la boca abierta. No exagero: lo que NVIDIA y OpenAI acaban de anunciar es de esos momentos que marcan un antes y un después. No estamos hablando de una colaboración cualquiera sino de la mayor inversión y despliegue tecnológico en la historia de la IA. Directamente, NVIDIA y OpenAI se asocian para construir la infraestructura de IA más potente jamás vista: al menos 10 gigavatios de potencia en centros de datos dedicados a IA y millones de GPUs NVIDIA empujando los límites de lo imposible. Vamos, cifras casi de ciencia ficción hace solo cinco años.
¿Por qué deberías prestar atención? Pues porque esto redefine el juego para cualquier empresa, emprendedor o usuario que utilice soluciones basadas en IA: desde análisis predictivo para negocios en Ecuador hasta el desarrollo de productos digitales en Madrid o Monterrey. NVIDIA y OpenAI no solo están subiendo la apuesta, están cambiando el tablero entero.
Pero vayamos despacio. Lo de la alianza estratégica NVIDIA-OpenAI va más allá de simples titulares llamativos o cifras enormes —aunque, claro, los 100.000 millones de dólares de inversión progresiva imponen respeto—. Estamos ante la confirmación de que, en la economía digital que nos espera, el corazón va a ser la infraestructura computacional. Sam Altman, el CEO de OpenAI, lo soltó sin rodeos: “La infraestructura de cómputo será la base de la economía del futuro”. No es que lo diga yo; es que lo está gritando quien mueve los hilos detrás de ChatGPT.
Vamos de frente: si OpenAI y NVIDIA logran materializar el plan, tendremos en marcha centros de datos con una capacidad de procesamiento sin parangón, regados por el mundo y acelerando cada nueva generación de modelos de IA —desde asistentes conversacionales hasta sistemas de diagnóstico médico y agentes inteligentes para empresas—. Y tú, yo, cualquiera que use internet, notará pronto las diferencias. Sí, nada de humo.
El impacto global promete llegar a cada rincón: hoy OpenAI cuenta con más de 700 millones de usuarios activos semanales, un dato nada menor si piensas en la velocidad a la que crece este ecosistema. Pero la alianza no solo va de hardware y dinero; Huang y Altman hablan de una sinergia tecnológica brutal, donde el software y el hardware se optimizan juntos para maximizar eficiencia, velocidad y disponibilidad. En sus palabras: “Vamos a conectar la inteligencia a cada aplicación, cada caso de uso, cada dispositivo. Solo estamos empezando”.
Desde Quito hasta Barcelona, la noticia prende alertas en equipos de innovación y departamentos de TI. ¿La razón? Nadie quiere quedarse fuera de la próxima ola de oportunidades que traerá una VRM así de monstruosa. Si lo piensas bien, esta “megainversión en IA” no es solo un movimiento en Wall Street o Silicon Valley. Son los cimientos de lo que, probablemente, será la infraestructura sobre la que girará buena parte de la tecnología diaria —lo veas o no— durante los próximos 10 años.
Por eso, este acuerdo histórico NVIDIA-OpenAI ocupa desde ya un lugar destacado en la transformación de la infraestructura de inteligencia artificial global. La ambición es descomunal, y la apuesta, tal vez, la más audaz que hemos visto jamás en el terreno tecnológico. Quién diría, hace solo una década, que estaríamos a las puertas de un despliegue a escala planetaria capaz de multiplicar el poder de cómputo de 2016 ¡por mil millones! Como dijo Greg Brockman, presidente de OpenAI: “Estamos en la fase inicial de conectar esta enorme potencia a los retos clave de la economía, la ciencia y la sociedad”.
Hay mucho en juego. Si te apasionan los temas de inteligencia artificial, tecnologías emergentes y futuro digital, toma asiento. En los próximos puntos, voy a desmenuzar cómo se estructura este acuerdo, qué implica para los expertos y empresas tecnológicas, y, muy especialmente, cómo repercute —de forma directa o indirecta— en países y regiones donde la IA empieza a dejar de ser promesa y se convierte en realidad.
Desglose de la alianza: inversión, fases, escalabilidad e impacto sobre usuarios y economía
Empecemos fuerte: la alianza estratégica entre NVIDIA y OpenAI para transformar la infraestructura de inteligencia artificial no es solo cuestión de grandes titulares o montañas de dinero. Cuando hablamos de comprometer al menos 10 gigavatios de capacidad en centros de datos dedicados exclusivamente a IA, no estamos hablando de una ampliación cualquiera, sino de un salto de magnitud que, en efecto, cambia las reglas del juego.
Detrás de la niebla de cifras, lo que hay es una hoja de ruta tangible, escalable y —esto es clave— pensada para adaptarse a la ferocidad del crecimiento de las demandas de IA. Desgloso aquí las claves del acuerdo histórico NVIDIA-OpenAI para que quede claro que esto NO es humo ni promesa vacía.
La inversión récord que asombra a todo Silicon Valley
100.000 millones de dólares. Necesito ponerlo en letras porque, si eres como yo, una cifra tan grande termina pareciendo irreal a la vista. La inversión progresiva de NVIDIA en OpenAI representa el mayor desembolso privado jamás visto entre compañías tecnológicas, y eso ya dice mucho en un mercado habituado a cheques de muchos ceros.
- ¿Por qué progresiva? Porque el dinero se irá liberando a medida que los nuevos gigavatios de capacidad estén operativos. Nada de transferirlo todo y cruzar los dedos: cada avance se traduce en recursos frescos para abrir la siguiente fase.
- ¿Qué busca NVIDIA con esto? Garantizar que OpenAI disponga justo del músculo computacional que exige cada nueva generación de modelos. El hardware acompaña al software, no se trata solo de tener procesadores potentes tirados en un almacén, sino de que estén haciendo funcionar los sistemas de IA que vamos a usar mañana.
Ahora, ¿qué significa esto para el usuario común o para tu negocio? Básicamente, el acceso a modelos de IA multimodal, aprendizaje profundo, agentes autónomos y sistemas de procesamiento de datos a una velocidad impensable hasta hace poco. Aquí no hay fronteras entre teoría y utilidad real.
La primera fase: cuando la ciencia ficción se vuelve hardware
No hay que esperar indefinidamente: la primera porción de esta superestructura se despliega en 2026. Estoy hablando de un gigavatio inicial basado en la plataforma Vera Rubin de NVIDIA. Si no te suena, te pongo al día: es la joya de la corona en términos de rendimiento para IA y supercomputación, pensada justo para cargas que requieren miles de veces más capacidad que los sistemas convencionales.
- Los centros de datos equipados con GPUs NVIDIA de última generación serán capaces de entrenar modelos cientos de veces más complejos que los actuales y procesar tareas de inferencia a velocidad de vértigo.
- Esto permitirá habilitar nuevos productos y servicios, desde asistentes ultra sofisticados hasta diagnósticos médicos avanzados, pasando por análisis de datos financieros en tiempo real.
“La infraestructura de cómputo será la base de la economía del futuro”, remarca Sam Altman, CEO de OpenAI. Y la frase cobra vida propia cuando ves el tamaño de lo que se va a construir aquí.
Escalabilidad: de un servidor a la potencia planetaria
¿Te acuerdas de 2016? OpenAI recibía su primer NVIDIA DGX: potente para la época, pero hoy casi un fósil si lo comparas con lo que se avecina. Greg Brockman, presidente de OpenAI, lo deja clarísimo: la nueva infraestructura multiplicará por mil millones la capacidad de ese primer hito. Mil millones. Un vuelco a las leyes de la escala.
Esto tiene un efecto directo sobre el ritmo de adopción y, ojo, democratización de la inteligencia artificial. OpenAI cuenta actualmente con más de 700 millones de usuarios activos semanales y esa cifra no hace sino crecer. Todos ellos —desde emprendedores y programadores en Ecuador hasta multinacionales del retail en Francia— se benefician de modelos que mejoran sin pausa porque hay un tsunami de hardware empujando la frontera.
Gracias a la coordinación entre NVIDIA y OpenAI, las plataformas escalan en sincronía: cuando el software de OpenAI demanda más músculo, NVIDIA responde con nuevos despliegues; cuando hay oportunidad de optimizar rutinas usando hardware especializado, lanzan actualizaciones coordinadas. La co-optimización de rutas tecnológicas no es concepto vacío aquí: significa que los modelos corren más rápido, consumen menos energía y resuelven problemas más complejos, todo al mismo tiempo.
¿En qué te cambia la vida acceder a esta infraestructura?
Sé que puede sonar grandilocuente, pero aterrizarlo a tierra lo hace real. Cada vez que usas ChatGPT, DALL-E o soluciones empresariales conectadas a la API de OpenAI, hay una capa de procesamiento que ocurre en estos centros de datos titánicos. A mayor capacidad, mayor velocidad de respuesta, resultados más exactos, menor coste por uso y más accesibilidad para empresas pequeñas.
- Empresas grandes pueden lanzar productos inteligentes o automatizar procesos usando sistemas que antes solo estaban al alcance de los gigantes tecnológicos.
- Pymes y startups disfrutan de acceso a cómputo casi ilimitado bajo demanda, pagando solo lo que emplean y sin tener que invertir en servidores carísimos.
- Desarrolladores independientes pueden crear soluciones que escalan de un usuario a millones sin quebrar el banco ni dejar tiradas sus aplicaciones a medio operar por falta de infraestructura.
“Con suficientes recursos computacionales, no habrá que elegir entre investigar una cura para el cáncer o brindar educación gratuita a escala global”, asegura Sam Altman.
Estamos hablando, básicamente, de una democratización tecnológicamente viable de la inteligencia artificial, porque la infraestructura ya no es el cuello de botella. ¿Lo mejor? A medida que la alianza robustece su músculo global, se reduce el tiempo entre avance técnico y aplicación práctica en cualquier rincón del mundo. Ecuador, España, México o Singapur: el efecto es transversal.
¿Por qué la IA acelera tus resultados empresariales con esta infraestructura?
- Disponibilidad total: Menos caídas, más rapidez de respuesta, escalabilidad bajo demanda para épocas pico (piensa en el retail navideño o campañas políticas digitales).
- Menor coste por uso: Como la potencia global sube, el precio de cada consulta, entrenamiento o inferencia tiende a bajar, abriendo el acceso a segmentos que antes quedaban fuera.
- Innovación continua: Las actualizaciones en hardware y software van de la mano; no dependes de ciclos de producto lentos, sino que accedes siempre al estado del arte.
- Uso compartido y sin límites: Ya no tienes que preocuparte por “robarle recursos” a otros proyectos; la capa de computación y almacenamiento es tan amplia que permite verdaderos ecosistemas cooperativos.
¿Qué papel juega la infraestructura en la economía digital?
Aquí no sólo hablamos de centros de datos apilados en alguna parte de Estados Unidos o Europa. Hablamos del “motor invisible” detrás de la productividad global. Cada chatbot que asiste a un cliente, cada herramienta de análisis predictivo implantada en bancos o comercios, cada aplicación de IA generativa funcionando 24/7… es posible porque debajo hay un entramado brutalmente eficiente de procesadores, unidades de almacenamiento ultrarrápidas y redes dedicadas.
De hecho, verás que empresas ecuatorianas ya comienzan a aplicar IA generativa para procesos internos, atención automatizada y análisis predictivo, aprovechando la solidez de OpenAI, que en breve funcionará sobre una base mil veces más potente a la actual. Lo mismo ocurre en España, donde las pymes tecnológicas escalan productos sin tener que cargar con la mochila de hardware propio.
¿Moraleja? La revolución de la infraestructura de inteligencia artificial no es algo distante o teórico. Afecta la manera en la que trabajamos, consumimos, aprendemos y solucionamos problemas grandes y pequeños. Y con la apuesta de NVIDIA y OpenAI, el listón queda tan alto que, francamente, va a provocar que el resto del sector espabile, innove y acelere como nunca antes.
La perspectiva de los líderes y el impacto local: ¿Qué implica esta alianza histórica en la vida real?
Te cuento algo: muchas veces los grandes titulares del mundo tecnológico se quedan en discursos de Silicon Valley, llenos de cifras y promesas medio abstractas. Pero aquí no. Lo verdaderamente potente de la alianza estratégica entre NVIDIA y OpenAI es que va mucho más allá del bombo mediático: lo que se mueve aquí va a transformar cómo operan las empresas, cómo se desarrollan los servicios digitales y hasta cómo pensamos la innovación en países como Ecuador, Colombia o España. Quiero que veas de cerca las voces detrás del acuerdo y, sobre todo, la onda expansiva que provocan sus movimientos, en grande y en nuestra región.
Jensen Huang y Sam Altman: visión compartida, ambición descomunal
“Vamos a conectar la inteligencia a cada aplicación, cada caso de uso, cada dispositivo. Solo estamos empezando” — Jensen Huang, CEO de NVIDIA
Esa frase de Huang suena fuerte. El CEO de NVIDIA —uno de esos tipos que llevan más de dos décadas rompiendo paradigmas en computación— pone el dedo sobre el futuro cercano: la inteligencia artificial dejará de ser cosa de unos pocos y pasará a ser la sangre que alimente cualquier software, plataforma, gadget o sistema. Hoy te parece lejos, pero créeme, lo notarás en tu factura bancaria, tu app favorita o incluso al hacer la compra en el súper.
Por su parte, Sam Altman (quien dirige OpenAI y ha revolucionado el sector con lanzamientos como ChatGPT o DALL-E) lo plantea así: “Con suficientes recursos computacionales, no habrá que elegir entre investigar la cura del cáncer o brindar educación gratuita a escala global. Será posible enfrentar los grandes desafíos, a la vez, en paralelo”. Altman pisa fuerte y deja claro que la infraestructura es lo que define el alcance real de la inteligencia artificial.
¿Y Greg Brockman, presidente de OpenAI? Va un paso más allá con una analogía brutal: “Esto no es solo un upgrade, es multiplicar la capacidad de nuestra infraestructura por mil millones desde nuestro primer servidor en 2016”. ¿Te imaginas el salto? Pasar de un “ordenador potente” a una superestructura planetaria que puede redefinir desde bancos hasta sistemas de salud.
Más que GPU, innovación en cadena: el efecto dominó en empresas de todo tipo
Vale, entendidos los grandes discursos. Ahora, ¿cómo se filtra todo esto al terreno práctico? Para empezar, los 700 millones de usuarios activos semanales de OpenAI ya notan cómo sus consultas o procesos son cada vez más ágiles y precisos. No es magia: cuando usas ChatGPT, el sistema responde en un parpadeo porque detrás hay una bestia tecnológica mantenida y optimizada por el músculo de NVIDIA.
Pero esto va mucho más lejos. Muchas empresas ecuatorianas, pymes latinoamericanas y startups españolas están logrando cosas impensables hace poco gracias a la apertura de APIs y servicios en la nube que tiran de infraestructura OpenAI-NVIDIA. Por ejemplo:
- Bancos ecuatorianos ya implementan asistentes virtuales basados en IA para dar soporte 24/7, analizar créditos en segundos y predecir movimientos de clientes. Hasta hace unos años, esto solo lo ofrecían multinacionales con presupuestos gigantescos.
- Retailers en Sudamérica y Europa usan análisis predictivo para ajustar inventario, crear recomendaciones ultra personalizadas y optimizar rutas de entrega. Todo eso, gracias a modelos de lenguaje y visión que corren en estos centros de datos.
- Startups tecnológicas en Quito, Medellín o Barcelona pueden lanzar productos de IA en días, sin comprar servidores ni gestionar infraestructuras caras, simplemente conectando sus apps a la API de OpenAI y escalando según crecen sus propios usuarios.
Así que repítelo conmigo: la infraestructura de IA no es un adorno del sector techie. Es el cemento digital que va extendiendo oportunidades donde antes solo había puertas cerradas.
¿Qué valor tiene esta infraestructura para economías emergentes?
Puede que te preguntes: “¿Y si Ecuador, Perú o Colombia no participan activamente en la construcción de estos megacentros de datos, afecta igual?” Rotundamente sí, y te explico cómo. La adopción de IA en cloud, basada en la potencia y flexibilidad de sistemas como los de OpenAI, permite que cualquier empresa o desarrollador pueda acceder a la última inteligencia artificial sin invertir ni un dólar en hardware.
El efecto se nota en dos sentidos: por un lado, bajan las barreras de entrada; por otro, sube el listón de lo que exige el mercado. Ahora, innovar no es cuestión de presupuesto sino de visión y ganas de aprender rápido. ¿Sabes lo que está pasando? Que negocios familiares y medianas empresas saltan al juego digital con asistentes virtuales y análisis en tiempo real, mientras las grandes firmas usan la IA para optimizar hasta el último tornillo de sus procesos.
En sectores como el financiero, la educación y el comercio, ya se está viendo un cambio profundo:
- Bancos: usan inteligencia artificial para prever fraudes, analizar riesgos y personalizar ofertas.
- Universidades: exploran el uso de modelos de lenguaje para tutorías virtuales, análisis de desempeño y automatización del soporte al estudiante.
- Tiendas online y físicos: implementan sistemas de recomendación y chatbots cada vez más humanos, que funcionan en tiempo real y responden a miles de usuarios simultáneamente.
Todo eso sería impensable sin una infraestructura común, potente, que actúa de gran habilitador detrás de cada solución. Lo importante: ahora cualquier empresa puede conectar su negocio —sea desde Guayaquil, Lima, Buenos Aires o Madrid— a ese tren de la innovación.
¿Realmente cambiará mi día a día?
Esa es la pregunta del millón. Probablemente no veas de golpe el cambio: los grandes despliegues, como el de la plataforma Vera Rubin para IA de NVIDIA, tardan un par de años en desplegarse. Pero hay una constante: la experiencia del usuario, el nivel de personalización, la rapidez de respuesta que obtienes al interactuar con sistemas basados en inteligencia artificial será cada vez mayor.
¿Consultas a tu seguro médico? Más preciso y rápido. ¿Compras online? Te ofrecerán mejores combinaciones y consejos. ¿Atención bancaria? Chatbots que entienden el contexto y resuelven de verdad. Todo eso es posible, directa o indirectamente, por el músculo computacional de alianzas como esta. No es futuro, es lo que ya ocurre; solo que ahora, se va a potenciar.
¿Cuáles son los retos ocultos?
Nadie dice que esto sea sencillo. El consumo energético es brutal, y no faltarán voces poniendo el foco sobre la necesidad de hacerlo sostenible. A medida que crece la infraestructura, aumentan los desafíos regulatorios, la disponibilidad de electricidad renovable y el control del impacto medioambiental. Pero no por ello la ola se va a detener: el impulso global está en marcha, y los beneficios prácticos para usuarios, empresas y países que sepan subirse al tren, son evidentes.
“Estamos en la fase inicial de conectar esta enorme capacidad a los retos clave de la economía, la ciencia y la sociedad” — Greg Brockman, presidente de OpenAI
¿Ves el patrón? Esta alianza no solo es el mayor proyecto tecnológico privado entre empresas, sino una declaración de intenciones: preparémonos para una economía donde el mayor diferencial es la inteligencia artificial, y donde acceder a su músculo no dependerá del tamaño de tu inversión inicial, sino de tu capacidad para pensar y ejecutar rápido.
¿Por dónde seguir? Abre los ojos: la siguiente ola ya está aquí
Como consultor, te adelanto un consejo: mantente atento a estos movimientos. La diferencia entre aprovechar la ola o quedar relegado estará en la disposición para experimentar, adaptarse y sacar partido de los nuevos trenes de servicios que saldrán en plataformas como OpenAI. Si tienes una empresa, piensa en colaboraciones rápidas, escalar tu producto sin grandes gastos en hardware o abrirte a integrar IA en lo que hagas, sin complicarte.
¿Eres desarrollador o innovador? Júntate con otros que miran al futuro, accede a las APIs abiertas y crea proyectos que puedan escalar de cero a mil usuarios (o cien mil) sin preocuparte por los servidores ni la infraestructura base. Ahora más que nunca, la creatividad y la velocidad pesan más que el presupuesto. Y si trabajas en un país como Ecuador, donde la digitalización va en crecimiento, esta alianza te pone a la par del mejor del mundo en herramientas y servicios.
Mirando hacia adelante: el significado real de esta megainversión en la transformación global de la inteligencia artificial
Casi puedo imaginar la magnitud del desafío que supone ponerle el lazo final a un tema tan colosal como el de la alianza estratégica NVIDIA-OpenAI. Pero si algo tengo claro, tras años siguiendo la pista a la innovación digital, es que toda revolución es mucho más que la suma de sus partes. Aquí no se trata solo de hardware imbatible o cheques récord, sino de la capacidad para repensar lo que entendemos por infraestructura de inteligencia artificial —y el papel que jugará en nuestra vida cotidiana, nuestras empresas y hasta nuestras economías enteras.
Piénsalo por un minuto: estamos ante el nacimiento de una infraestructura que va a soportar una IA multimodal, capaz de aprender, razonar y ejecutar tareas complejas —cosas que hasta hace poco solo imaginábamos en películas o papers de ciencia—. El músculo de procesamiento de 10 gigavatios es, en esencia, un “cerebro planetario” al que desarrolladores, startups y empresas de todo tipo podrán conectarse para entrenar modelos, ofrecer productos nuevos y competir de tú a tú con gigantes del sector.
¿A dónde nos lleva esto? El efecto dominó es real. Empresas ecuatorianas podrán lanzar modelos de diagnóstico médico o atención financiera sin depender de inversiones prohibitivas en computación. Pymes en cualquier punto de Latinoamérica tendrán herramientas de análisis predictivo que antes eran exclusivas de consultoras multinacionales. Las grandes marcas y los pequeños desarrolladores juegan —por primera vez— en una cancha menos desigual. Esa democratización de la IA avanzada alimenta todo el ecosistema: creatividad, productividad y crecimiento económico incluido.
No menos importante resulta el salto en la propia cultura empresarial. Aquellas firmas que tenían miedo a experimentar con tecnologías disruptivas ahora verán que la barrera es mucho menor y la recompensa, mucho mayor. La velocidad para prototipar, escalar o incluso fracasar, y volver a intentarlo, aumenta exponencialmente. Y si eres un desarrollador curioso, ahora tus límites ya no son el hardware a tu alcance, sino la ambición de tu idea. El tren de la IA no solo pasa por delante de Silicon Valley —cruza Quito, Bogotá, Lima, Madrid y la ciudad que se te ocurra conectada a la red—.
“Las oportunidades en IA serán para quienes sepan conectar rápido con la infraestructura global y transformar ideas en soluciones que puedan escalar.”
Ahora —y esto es fundamental para todos los que trabajamos o soñamos con la transformación digital—, el papel de la infraestructura como ventaja competitiva va a radicalizarse. Si antes ganar el juego digital era cuestión de talento y recursos, ahora entra en juego la habilidad para conectar, integrar y aprovechar recursos compartidos. La nube IA de NVIDIA y OpenAI pone el estándar, pero también marca un ritmo donde la velocidad de adopción se premia, y la inercia, se castiga.
¿Significa esto el fin del camino para los que todavía no se han “subido al carro”? Ni de cerca. Más bien, estamos a las puertas de una etapa donde la colaboración y la innovación abierta serán el sello distintivo de los próximos líderes. Los que entiendan el potencial de estas alianzas y activen sus estrategias de integración (desde conectar su negocio a una API hasta desarrollar nuevos verticales basados en IA) se posicionarán con ventajas difíciles de replicar después.
No podemos obviar el reto climático y regulatorio. Semejante despliegue energético nos invita, casi obliga, a repensar cómo hacemos sostenible esta nueva potencia digital. No solo será un elemento técnico, sino una exigencia reputacional, política y de mercado. Pero, como bien insisten los propios líderes del sector, los beneficios serán tan extendidos y las posibilidades de impacto tan amplias que el foco también estará en asegurar una IA ética, transparente y realmente útil para la sociedad.
¿Dónde nos sitúa, entonces, la alianza histórica NVIDIA-OpenAI? En la línea de salida de una carrera donde, quienes entiendan el valor de la infraestructura como servicio, la agilidad de las APIs abiertas y la escalabilidad instantánea, podrán saltar de lo local a lo global en cuestión de semanas. Sea en Ecuador o en cualquier otra región, la ventana de oportunidad ya está abierta.
“La economía del futuro será de quienes consigan transformar músculo tecnológico en valor real para usuarios y comunidades.”
Así que si formas parte de una empresa, universidad, medio digital o trabajas por libre, este es el momento de preguntar: ¿estoy preparado para aprovechar la nueva infraestructura de IA? No hace falta ser Elon Musk ni tener un presupuesto de película. Hace falta estar dispuesto a aprender rápido, adaptarse y colaborar. Porque las oportunidades, ahora sí, ya no son cosa de ciencia ficción. Son la nueva normalidad… y acaban de ponerse al alcance de tu mano.

Sergio Jiménez Mazure
Especialista en Inteligencia Artificial y Automatización B2B. Fundador de Innovación IA, dedicado a ayudar a empresas a integrar tecnologías cognitivas para maximizar su eficiencia operativa.