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Noticias Innovación IA6 de diciembre de 2025Por Sergio Jiménez Mazure

Kingmaking en IA: cómo el capital riesgo redefine el éxito de las startups hoy

Kingmaking en IA: cómo el capital riesgo redefine el éxito de las startups hoy

Kingmaking en capital riesgo no es un concepto nuevo, pero la forma en que viene impactando el terreno de startups de inteligencia artificial (IA) marca un antes y un después. Imagínate esto: los fondos más poderosos del mundo ya no esperan a que una empresa demuestre que su producto encaja de verdad en el mercado. Tampoco se comportan como ese tío cauto que solo apuesta por el caballo ganador cuando cruza la mitad de la carrera. Hoy las reglas han cambiado y, te soy sincero, ni siquiera es una batalla justa. Es arquitectura deliberada del futuro digital. Es kingmaking, puro y duro.

¿Qué es el “kingmaking” en capital riesgo?

La palabra lo dice todo: kingmaking es “coronar un rey” cuando apenas ha nacido. Pero no hablo de cuentos medievales, hablo de cómo los grandes fondos de venture capital (VC) eligen a sus favoritos y los convierten en inevitables. ¿El truco? Inyectan capital masivo, muy pronto, para proyectar la idea de que esa startup ya es la campeona. No porque haya conseguido la adopción de masas, sino porque su lista de inversores, su ronda de financiación y su narrativa mediática hacen que parezca imposible competir. Esto no es esperar a que el mercado decida: es crear el mercado antes de tiempo.

Esta práctica está redefiniendo el juego de la financiación tecnológica. ¿Cómo lo veo yo? Cuando un VC mete 500 millones de dólares en una startup de IA que no ha facturado su primer millón, no está premiando métricas, está construyendo un efecto halo. Es un mensaje de fuerza para atraer talento, cerrar clientes estratégicos y dejar sin aire a cualquier rival que pretenda competir con menos fondos.

“Ya no es solo financiar, es fabricar ganadores. El capital construye la percepción y la percepción dirige el mercado.” — Leí algo así en TechCrunch y cuadra bastante con lo que veo en conferencias o workshops con founders.

Visto así parece que los VCs actuaran como magos del branding, pero con la chequera. Y, digamos, no andan escasos de cheques estos días. En la práctica, “kingmaking” es una coreografía bien planeada:

  • Rondas de financiación gigantes en fases tempranas, muy por encima de lo que hacía falta hace dos o tres años.
  • Valoraciones muy agresivas — a veces, tres o cuatro veces por encima de lo “normal” para compañías jóvenes.
  • Una campaña de narrativa: artículos en medios, influencers tech, presencia global… Todo orquestado para enviar una señal clara al mercado.

Harvey y el nacimiento de los “gigantes express”

Si miramos nombres reales, Harvey es el ejemplo perfecto. Una startup que, en apenas 12 meses, levantó cerca de 760 millones de dólares. Tan brutal como suena. ¿Es porque tiene una tecnología rompemoldes, esa IA que no puede copiar nadie? Puede, pero lo que de verdad pesa aquí es cómo sus inversores han jugado el tablero: apostar tan fuerte y tan rápido que nadie más ha podido plantear alternativa seria. El capital, en este caso, fabrica la percepción de inevitabilidad. Y eso, al final, lo cambia todo. Cuando una pyme de Cuenca pregunta a qué startup contratar, si ya ve que “todos los grandes la usan” y está hiperfinanciada, la respuesta parece fácil.

“Una vez que el rey ha sido coronado, es casi imposible competir en condiciones de igualdad.” — Un socio de VC lo comentó en un evento, convencido de que la ventaja inicial se convierte en predicción autocumplida.

Aquí hay un matiz personal importante: he trabajado con equipos pequeños y grandes en España y Ecuador, y lo que más me impresiona es cómo la narrativa influye en decisiones reales de compra, no solo en Silicon Valley. Pone en marcha un círculo: más capital atrae mejor talento, el talento atrae mejores clientes, y así el círculo se refuerza.

¿Quién hace posible este escenario?

Este fenómeno del “kingmaking” no se da porque sí. Lo permite el contexto de inversión récord en IA a nivel global. Venture capitalistas como Sequoia o Andreessen Horowitz están cerrando rondas monstruosas solo para IA, lo que dispara la concentración de capital en unos pocos actores.

Pero además hay un factor nuevo: los grandes fondos han dejado atrás el miedo post-2021 y ahora priorizan la escala por encima de la diversificación. Kevin Mahaffey o Gaurav Jain, referentes en VC, lo dicen abiertamente: mejor sobreinvertir pronto en quienes pueden dominar categorías enteras que apostar poquito a poco en decenas de proyectos tibios. El resultado es un mercado donde unos pocos elegidos se llevan casi todo… y donde el resto, por muy bueno que sea, queda en la sombra.

¿Y qué significa esto realmente?

En resumen —bueno, en un resumen parcial porque esto solo es el primer capítulo—: kingmaking en IA está cambiando las reglas de acceso al capital, del talento y del propio relato competitivo. Ya no basta con ser bueno o tener un SaaS novedoso. En el nuevo ecosistema, o tienes un inversor-bisagra que te convierte en el “número uno por decreto”, o te toca sobrevivir fuera de la fiesta grande. Es brutal, sí, pero es real.

La pregunta que subyace (y que a mí me ronda la cabeza cada vez que trabajo con un founder en Ecuador o España) es: ¿puedes pensar tu startup como “rey en un nicho concreto”, aunque sea mucho más pequeño, y construir tu propio efecto halo aunque el cheque no llegue a esos niveles? Hablaremos de eso más adelante. Por ahora quédate con esta imagen: en el ciclo actual, los grandes VCs eligen reyes antes incluso de que el resto nos enteremos de que la partida ha empezado.

Análisis de tendencias globales y el mapa real del capital riesgo en IA

Te cuento cómo está el patio para quienes miran el capital riesgo en IA desde fuera y piensan: “¿de verdad hay tanto dinero suelto para todos los proyectos nuevos?”. La respuesta corta es no. O, mejor dicho, hay mucho dinero en la mesa, pero se lo están jugando casi siempre a tres cartas —y la baraja está bien controlada por unos pocos.

Me he dado una vuelta por los últimos informes de PitchBook, CB Insights y algún que otro tip que me pasó una colega desde Madrid, y el panorama es… heavy. Nunca antes el sector tech —especialmente las startups de inteligencia artificial— había vivido una época con rondas tan gigantescas en tan pocas manos. Pero, curiosamente, tampoco nunca se vio tan poca gente consiguiendo un asiento en esa fiesta.

¿Cómo se ha repartido la financiación global en IA en 2025?

Primero, los números. En 2025, la financiación global para startups de inteligencia artificial apunta casi a la estratosfera: se habla de casi 192.700 millones de dólares captados, lo que representa más de la mitad del venture capital mundial en tecnología. Da igual si miras cifras en EE. UU. (donde cerca del 63 % de la inversión de VC fue directo a IA), en Europa o Asia: la IA se lleva el show. Pero si bajas la lupa, ves que la foto no es tan democrática.

La mayor parte de esos millones, por no decir la práctica totalidad, aterrizan siempre en los mismos nombres. Anthropic, xAI, las compañías de la famosa infraestructura AI-first tipo Lambda, TensorWave o Harvey (la que contaba antes) acaparan cheques de nueve cifras mientras el resto se queda con el queque de pan. Y el dato concreto te deja loco: menos del 1 % de las empresas “AI” captan más de un tercio del capital total. El resto —bueno, pelea por migajas, por ponerte un ejemplo concreto.

Menos fondos, cheques mayores y startups fuera del radar

El ecosistema de venture capital en IA está cambiando, pero no solo por la cantidad de dinero, sino por quién lo maneja. En 2025, menos de 1.000 fondos han conseguido levantar un vehículo nuevo para invertir tech, un 80 % menos que los que había hace solo tres años (más de 4.000 fondos levantando capital). El resumen es este: cada vez menos actores deciden el futuro de la innovación y, como era de esperar, se arriesgan menos, pero apuestan con cheques mucho más grandes.

Esto ha creado una especie de esquizofrenia marketiniana. Por un lado, ves portadas sobre “boom de IA”, sobre startups que recaudan 500 millones en semanas. Pero si te fijas en las colas —en las aceleradoras, coworkings o incluso en LinkedIn—, la mayoría de equipos no logra ni arrancar ronda. El número de startups que recibirán inversión este año será el más bajo en casi una década. Un colega que asesora a equipos en México me lo decía la semana pasada: “O eres IA, o eres una gran empresa, o nada. El middle market se está extinguiendo”.

“La bifurcación es brutal: o logras entrar en la fiesta de la IA o te quedas fuera. Y no es por falta de talento, es contexto.” — Charlando con fundadores de Quito y Barcelona, la queja se repite año tras año.

¿A qué tipo de IA va el dinero? Ganadores por diseño

El “kingmaking” no es solo meter pasta en IA porque sí. Los VCs eligen unas pocas categorías donde ven posibilidades de dominio total, y ahí canalizan casi toda la inversión nueva. ¿Ejemplos? Startups de infraestructura ultraescalable —las que hacen hardware, almacenamiento, conectividad, GPUs, etc.—, así como compañías dedicadas a sectores donde tener datos propietarios es la clave: legal, salud, finanzas. Es decir, no buscan un chatbot más.

También están los casos de hipercrecimiento anómalos, tipo Cursor (otro unicornio exprés), que facturó en su primer año lo mismo que a SaaS tradicional le cuesta 5 años conseguir. Pues el capital se derrama ahí: esperan disparar todas las métricas, construir narrativa de inevitabilidad, atraer talento y barrer rivales, todo al mismo tiempo. ¿Te suena de algo? Es la receta para fabricar “campeón de categoría” sin esperar a que el mercado decida por sí solo.

  • Infraestructura “winner-take-all” — como Lambda, con acuerdos exclusivos de chips y GPU, que bloquean la puerta de entrada a cualquiera que venga detrás.
  • Plataformas jurídicas/heathtech — donde legal o salud se mezclan con IA para crear soluciones que, por legislación, son difíciles de abandonar.
  • Industria pesada y logística — otro terreno donde la IA aplicada a datos locales se traduce en ventajas que Silicon Valley no puede copiar en dos meses.

¿Y las startups más pequeñas? Si no encajan en la narrativa ‘AI-first’, o no aparecen recomendadas por algún fondo “blue chip”, directamente ni les devuelven la llamada. La competencia por diferenciarse es feroz, pero la puerta de entrada es cada vez más exigente: hay que convencer al VC de que eres un caso de dominio global desde el día uno (o por lo menos convencerle de que tienes una barrera defensiva real que ningún gringo va a replicar en Ecuador, Argentina o Perú de la noche a la mañana).

Primas de valoración y el espejismo del múltiplo milagroso

Otra de las tendencias que más marean a quien mira desde fuera: los múltiplos de valoración se han disparado para la IA. Empresas que apenas facturan unos pocos millones anuales están cerrando rondas con valoraciones tres (¡o más!) veces superiores a las de cualquier otro SaaS o fintech tradicional. ¿Por qué? Por aquello del “potencial infinito”, por el temor a quedarse fuera si acaban siendo estándar de mercado y porque, honestamente, hay una burbuja narrativa en marcha.

He visto pymes en Madrid rechazadas por fondos grandes porque “su IA no escala a 100 millones de ARR en 24 meses”. Es absurdo, sí, pero es la lógica que hoy domina. Si no te compras rápido esa narrativa de que tú serás el siguiente ‘Harvey’ —o, peor aún, que tienes acceso a datos/talento/GPU que otros no pueden conseguir—, la ronda te la gana otro antes de que puedas actualizar los PowerPoints.

“Hoy, la percepción de potencial vale más que la realidad de la métrica. Si combinas talón de cheques, medios tech y pitch viral, ya tienes media ronda ganada.” — Me lo soltó un inversor español hace poco y no puedo dejar de darle vueltas.

El modelo de concentración extrema: ¿riesgo o nuevo estándar?

Todo este boom tiene, evidentemente, doble filo. Por mucho que ahora algunos fondos celebren el “foco” y la agresividad, el mercado sabe lo que pasó hace pocos años con startups tipo Convoy o Bird: valoraciones infladas, rondas sobre rondas, colapso repentino si no hay clientes de verdad. La lección: el “kingmaking” tensiona hasta el límite la distancia entre narrativa y negocio real. Y no todo el mundo aguanta la cuerda.

No sé tú, pero a mí me huele a que, en breve, veremos algunos pinchazos y grandes historias de pivotes forzados, especialmente en modelos de IA verticales que no logren retener clientes ni construir una comunidad sólida fuera de la “percepción de ganador”. Mientras tanto, los fondos siguen apostando por fabricar campeones, como si la carrera ya tuviera ganador antes del pistoletazo. Curioso, ¿no?

¿Hay alguna ventana para los “no elegidos”?

Te diría que sí, pero a lo bestia no. El mercado está bifurcado: las compañías que entran en el foco de los grandes fondos viven en otra liga, el resto debe buscar estrategias más de guerrilla, especialización local, productos muy pegados a mercados huidizos. ¿Un SaaS classic que hace una ayudita IA para recursos humanos? Lo va a tener en chino. ¿Un proyecto con datos exclusivos y fuerte implantación sectorial en LatAm? Más posible.

Así que, si eres founder en Ecuador, Colombia o Perú y te parece que los titulares no cuadran con la realidad on the ground, no es paranoia: es la foto auténtica. Mientras los VC kingmakers fabrican sus nuevos gigantes “inevitables” desde Silicon Valley y Londres, la verdadera innovación exige o mucho storytelling global o una conexión brutal con una necesidad local que no pueda copiarse rápido.

“La lógica de ‘el ganador se lo lleva todo’ nunca ha sido más literal. Si no tienes un ángulo único, la financiación se va a quedar mirando para otro lado.” — Lo escuché más de una vez en CRMs de grandes fondos americanos, y no lo dicen por fastidiar.

Veo esto en los equipos con los que trabajo aquí en Ecuador o en algún bootcamp en Bogotá: quienes se obsesionan solo con ‘levantar pasta en IA’ se frustran rápido. Los que entienden que deben construir ventajas difíciles de replicar —datos locales, alianzas con empresas grandes, enfoque sectorial vertical— consiguen ofertas más centradas aunque sean más modestas. Y, a la larga, muchos acaban igual construyendo productos defensibles o incluso exportables, aunque sin el halo de mega-rondas.

Por eso —y disculpa el rollo largo—, el segundo gran aprendizaje es asimilar que, en IA, la concentración de capital es salvaje, pero el margen para crear algo diferente no está cerrado. Si el “kingmaking” define los primeros puestos, también abre espacios (más pequeños, pero reales) para quien decide no jugar el mismo juego y construir desde la base.

¿Qué harías tú en este panorama? ¿Apuntas a la narrativa global, o te vuelves maestro del nicho local? Si tienes dudas, comparte tu caso y lo analizamos.

Snippet SEO: El capital riesgo en IA en 2025 se concentra en unos pocos ganadores, dejando la mayoría fuera del foco inversor.

Implicaciones directas del kingmaking para fundadores y ecosistemas emergentes

Hasta aquí hemos descrito un escenario que parece sacado de Silicon Valley: rondas de cientos de millones, inversores legendarios y startups de inteligencia artificial que pasan de cero a “invencibles” antes de que el mercado pestañee. Pero pongamos los pies en el suelo —en Quito, Guayaquil, Medellín o Lima— y preguntémonos: ¿cómo afecta realmente el kingmaking en capital riesgo a los fundadores y a los ecosistemas emergentes, sobre todo en la región andina?

En mi experiencia con equipos en Ecuador, la brecha entre el relato de las grandes rondas y lo que vive un founder en su día a día nunca ha sido más brutal. Por un lado, el hype de “la próxima Harvey” resuena en inversores, medios y hasta en las incubadoras locales; por otro, las condiciones para levantar dinero —y no digamos ya mega-rondas— se han puesto mucho más duras si tu startup no encaja en la casilla de TikTok: “IA, global y coronada por algún fondo cool”. Así de claro.

El efecto espejo: nuevos estándares y más presión sobre los fundadores latinos

No hace falta que un megafondo internacional invierta directo en Ecuador para que su influencia se note. El “efecto kingmaking” funciona como una especie de estándar aspiracional: los inversionistas regionales, siguiendo la estela de los grandes, levantan cada vez más la vara. Ya no basta con mostrar métricas decentes ni con decir que “usamos IA en algún módulo del producto”. Ahora esperan:

  • Tesis clara de IA — y no basta un wrapper de IA generativa: buscan modelos propios, datos exclusivos, integración profunda con tecnología y procesos claves del sector local.
  • Ambición regional/global — nada de conformarse con la provincia o la ciudad. Si no puedes al menos soñar con romper mercado en Colombia, México o Argentina, el pitch pierde fuerza. Y la narrativa importa casi tanto como la métrica.
  • Moats auténticos — el “foso defensivo” debe ser tangible: datos locales exclusivos, acceso difícil a reguladores o clientes clave, know-how que desde fuera no puedan copiar a golpe de billetera.
  • Pipeline B2B serio — si tienes uno o dos pilotos con bancos, telcos o grandes retailers, la conversación despega. Si te quedas en pymes o clientes irrelevantes, la cosa cuesta el triple.

Te lo resumo con un ejemplo: hace poco, una startup fintech de Quito —que no diré el nombre pero sí el sector— intentó levantar una semilla tradicional. Su producto tenía IA aplicada al scoring, aunque en realidad usaban APIs de terceros. El feedback: “El mercado tiene a Harvey y a startups mexicanas con decenas de millones de arranque. Lo tuyo es bueno pero no escala a ese nivel”. El equipo se fue masticando una mezcla de rabia y frustración: era sólido, pero el estándar cambió, y nadie avisó.

Esto genera una tensión rara: los emprendedores latinos sienten que siempre pisan detrás del relato global, pero tampoco pueden darse el lujo de ignorar esas reglas no escritas que esperan de ellos. Y a veces —te soy sincero— da rabia ver cómo buenos fundadores queman energía persiguiendo narrativas de “mega unicornio” que no les corresponde, en vez de plantear un ángulo más genuino y local.

Desigualdad estructural: el dinero va a los “reyes”, el resto pelea por sobrevivir

La principal consecuencia del kingmaking es una concentración extrema de capital y foco. Un puñado de startups —las “elegidas” por los grandes fondos— llenan portadas, levantan rondas monstruosas y se quedan con la narrativa. Pero eso deja a decenas de proyectos con buena tracción, pero sin “bendición” internacional, luchando por limosnas o directamente fuera del radar.

Esta dinámica no es nueva, pero ahora se ha acelerado y es más cruda que nunca. Según datos recientes de PitchBook y CB Insights, el 1% de las compañías de IA absorbe más de un tercio de toda la financiación. Y mientras tanto, el número de startups que recibirán inversión en 2025 será el más bajo desde hace años. Esto se traduce en una bifurcación inédita: “O eres IA coronada, o eres invisible”. No hay espacio para el “medio pelo” ni para el SaaS de crecimiento lento aunque sólido.

“El kingmaking no es solo elegir ganadores; es también dejar a muchos buenos proyectos fuera de la partida.” — Lo he visto pasar una y otra vez en programas de aceleración desde Quito a Bogotá.

Para las startups andinas, esto implica que levantar capital será cada vez más salvaje, salvo que encuentres una narrativa diferencial, datos o alianzas imposibles de replicar desde Silicon Valley. El riesgo es doble: los founders exploran menos, copian más y, en vez de buscar modelos de negocio defendibles localmente, imitan tendencias gringas con poco sentido para sus mercados. Eso pasa cada semana en reuniones con equipos locales que buscan “el próximo OpenAI” desde Portoviejo, sin preguntarse si competirán alguna vez con los verdaderos kingmakers.

Los riesgos de la narrativa fabricada: entre la percepción y la realidad

No todo lo que brilla es oro, y aquí viene el segundo gran aviso para los fundadores de la región. ¿Recuerdas esas startups hiperfinanciadas —tipo Bird, Convoy— que parecían invencibles? Pues muchas de ellas se desplomaron porque el relato del kingmaking iba mucho más rápido que el propio negocio. Lo mismo puede repetirse en IA: apuestas tan grandes, y tan temprano, pueden hinchar al extremo la distancia entre la narrativa pública y la realidad de los ingresos, la retención o la profundidad de producto.

Ya se ven casos de startups latinoamericanas que levantaron capital con historias mágicas de IA, pero al abrir las metrics el ARR era bajísimo —básicamente, una promesa sin uso real. Me encontré hace meses con un proyecto ecuatoriano de IA legal que anunciaba clientes top, pero al revisar, eran solo “pruebas de concepto” atadas a consultoría tradicional. Si el relato es tu única barrera, el castillo de naipes se viene abajo rápido.

Ahora, tampoco hay que volverse nihilista: la narrativa abre puertas, sí, pero la validación real te la da el cliente que paga y se queda. Un pitch de kingmaking sirve —como me gusta decir— para financiar tiempo, pero no reemplaza el trabajo duro en producto y ventas. En América Latina se ha hecho mucho storytelling aspiracional, pero la diferencia la marcan aquellos que entienden cuándo hay que hacer “narrativa hacia fuera” y cuándo toca currar en la solidez interna del negocio.

Oportunidades para los valientes: IA local, sectorial y difícil de copiar

Por contradictorio que suene, el reino del kingmaking deja más abierta la puerta a startups “de nicho” o con ventajas comparativas locales. Como el grueso del dinero va siempre hacia casos “globales, inevitables”, una buena parte de las oportunidades reales ocurren en sectores donde Silicon Valley no puede entrar a golpe de API. Algunos ejemplos con color local en Ecuador:

  • Finanzas y banca: Las entidades buscan IA para scoring más preciso, prevención de fraudes o reducción de costo operativo. Una startup que use datos transaccionales, históricos y regulatorios específicos del país puede crear un “moat” de datos imposible de replicar rápido desde fuera.
  • Gobierno digital y cumplimiento: IA para leer normativa local, automatizar reportes tributarios (SRI), riesgos laborales… Si hay que tener sello legal ecuatoriano, la barrera de entrada sube mucho.
  • Energía, petróleo y agroexportación: Integrar sensores+IA para mantenimiento predictivo en maquinaria pesada, control de calidad o logística exportadora. Aquí los datos exclusivos y convenios con grandes empresas brindan una fortaleza difícil de atacar.
  • Educación y upskilling: Plataformas que conecten talento joven con demandas reales de la empresa ecuatoriana y permitan formar equipos internos para integrar IA de manera práctica. He apoyado equipos locales que han crecido más con alianzas B2B que con storytelling viral.

La clave: no competir por el mismo espacio que ya domina el club de los megafondos, sino buscar una categoría donde tu acceso, relaciones o datos sean literalmente insustituibles. Y convertir ese “moat” en la piedra angular del pitch.

¿Cómo leer esta nueva realidad si eres founder en Ecuador?

Si hay algo que repito en mentorías y workshops es: el juego del kingmaking no se gana imitando a los reyes globales.

  • ¿Tu narrativa apunta a un problema gigante, pero concreto? ¿O eres “solo una solución IA genérica” más?
  • ¿Tienes datos, relaciones o conocimientos imposibles de copiar desde SV o Madrid?
  • ¿Puedes alzar la mano en una industria donde el ganador local aún está por decidirse, aunque no seas el favorito de los fondos extranjeros?

No es fácil, claro, pero sí posible. Y la historia reciente de América Latina (y de equipos, incluso “pequeños”, en Cuenca o Guayaquil) demuestra que los productos más adaptados a la idiosincrasia local suelen resistir mejor la avalancha de startups importadas con narrativas globales pero poco músculo local.

“En el juego actual, no te obsesiones con la ronda masiva: enfócate en el foso que solo tú puedas construir. El capital viene después.” — Consejo que doy y repito a todo founder que mentoreo en la región.

Al final, el kingmaking reconfigura tanto la presión como el tipo de oportunidades: desplazó el centro de atención, pero no cerró todas las vías. Para Ecuador, la región andina o cualquier foco emergente, la ventana existe —si sabes encontrar el punto donde tu propuesta deja de ser “AI commoditizada” y pasa a ser solución crítica, difícil de replicar, arraigada localmente y con suficiente ambición. Y eso, aunque no lleva a rondas de 500 millones, sí puede llevar a negocios sólidos y, en muchos casos, muy rentables. Cuestión de saber dónde poner la mira.

¿Te ves forzando una narrativa global o eres de los que quiere construir el próximo estándar ecuatoriano en IA? Cuéntame qué reto tienes y le damos una vuelta, no hay fórmulas fijas, pero sí estrategias reales.

Snippet SEO: El kingmaking en capital riesgo empuja a los fundadores de IA en Ecuador y la región a buscar ventajas locales profundas para captar inversión.

Consejos prácticos para surfear el kingmaking en capital riesgo: del espejismo global a la táctica local

Bueno. Aquí es donde todo se vuelve práctico. Si eres founder en Ecuador o en cualquier mercado “no Silicon Valley”, ver el fenómeno del kingmaking en IA puede dar vértigo: las portadas gritan capital millonario, los inversores cambian sus expectativas y, en la trastienda, la mayoría se pregunta cómo demonios jugar con esas cartas. Lo que viene no es la receta infalible —ya te digo que no existe—, pero sí un puñado de ideas para navegar mejor la marea, sobre todo si tu camino es construir algo valioso, defensible y —ojalá— invertible.

1. Entiende la diferencia entre relato y tracción: la narrativa sí importa, pero el cliente paga

La tentación de caer en el hype es fuerte. Las historias épicas venden (“El nuevo Harvey latino”, “La OpenAI de los Andes”), pero detrás del pitch que enciende a los inversores tiene que haber músculo: producto, usuarios reales, datos que importen, acuerdos tangibles. Veo muchas startups gastando más energía en la diapositiva de “proyección global” que en validar si su solución realmente está arraigada en el dolor del cliente local (banco, comercio, estado…). Lo primero abre puertas, pero solo lo segundo sostiene la empresa.

  • ¿Tu storytelling apunta a marcar territorio en un segmento local con posibilidad de estirarse a la región?
  • ¿Puedes demostrar casos de uso con nombres y apellidos ecuatorianos?

“En el fondo, la ronda grande solo te da tiempo —el producto y el cliente te dan negocio.” — Lo repito en cada taller, porque lo veo en la vida real: quien se obsesiona solo con la narrativa se estrella pronto.

2. Construye moats que sean tuyos y no alquilados

¿“Foso defensivo”? Sí, pero nada de postureo. En mi experiencia, los VCs locales y regionales ya se cansaron de ver pitches de IA montados sobre API de terceros americanos. ¿Quieres llamar la atención en serio? Haz que tu ventaja sea:

  • Datos locales que ningún gigante pueda pisar sin tu permiso o convenio.
  • Canal preferente o relación estratégica con reguladores (por experiencia, esto pesa mucho en banca, salud o gobierno digital).
  • Algoritmos entrenados con datasets propios (mejor si es sobre realidades que no existen en Estados Unidos).

En otras palabras, invierte en lo que un rival global no pueda copiar a golpe de billetera ni en un año de trabajo remoto.

“La ventaja más potente que he visto en Ecuador es tener el know-how técnico adaptado al lío regulatorio del país; ningún equipo gringo puede igualar ese mapa mental de entrada.”

3. Ajusta expectativas de levantamiento de capital: juega con cheques más razonables y aliados a tu escala

Pocas cosas bloquean más a una startup que obsesionarse con los millones que nunca llegarán. En la práctica, el mercado regional tiene otros ritmos, otros montos, otros plazos. Una startup quiteña que quiera levantar 300.000 dólares para probar producto y buscar tracción real, si se lo monta bien en pitch y acuerdos, puede conseguirlo en seed rounds organizadas localmente o vía fondos andinos o mexicanos. Un consejo: encuentra inversores que entiendan tu contexto y prefieran ver unit economics sanos, crecimiento validado y visión creíble antes que fuegos artificiales. Los hay, y para el segmento latam, a veces son mejores socios a largo plazo que cualquier cheque de Silicon Valley.

Y lo he visto personalmente. Un cliente fintech de Guayaquil tardó menos en convencer a un fondo colombiano de su modelo —por datos de impagos en microcrédito local bien medidos— que en conseguir respuesta de fondos americanos saturados de “Harveys” hasta en la sopa. No subestimes la fuerza de tu propio mercado.

  • Calcula cuánto capital necesitas de verdad para llegar a “product-market fit” (no solo para anunciar ronda).
  • Haz mapas de fondos activos en la región, pide intros, afina la historia desde lo local.

4. Haz dupla: IA solo suma si se combina con especialización local o sectorial

¿IA sola? Ya no impacta. El momento pide soluciones interconectadas: IA + industria, IA + agro, IA + banca con necesidad muy definida. Por ejemplo, un SaaS para mejorar logística camaronera con datos de sensores y algoritmos propios, o una plataforma de formación que integra IA para adaptar cursos en tiempo real al mercado laboral ecuatoriano. Cuando la tecnología se asienta sobre problemas muy vivos, el discurso despega (y es más fácil pactar colaboraciones con corporativos).

  • Identifica la industria o área donde tu equipo tenga relación de primera mano.
  • Construye casos reales, incluso si son “pilotos” pequeños pero con impactos claros en reducción de costos, tiempo o riesgos.

“He visto equipos de Manabí facturando con IA logística gracias a convenios previos en exportación: su “moat” era la relación, no la tecnología sola.”

5. Sé transparente sobre tus métricas: evita el espejismo, atrae el capital que suma

Por mucho que el kingmaking global aliente las rondas mastodónticas, cada vez hay más inversores —regionales e internacionales— escaldados de promesas huecas. Los proyectos que son modestos pero sólidos en ARR, retención y puesta en marcha de producto suelen recibir mejores propuestas a medio plazo que los inflados a golpe de nota de prensa. No vendas humo, mide bien tus KPIs y usa cada historia de cliente como ancla para tu relato. El efecto es doble: reputación a prueba de hype y mejores socios en el cap table.

6. Prepárate para ciclos largos y alianzas pacientes

La velocidad de Silicon Valley es irreal para casi cualquier equipo de LatAm. Aquí, formar alianzas toma tiempo, vender pilotos a grandes bancos ni te cuento, y ajustar la tecnología al mosaico legal es deporte de fondo. No te frustres si el ciclo es más lento: lo vital es construir relaciones que se sostengan cuando el hype pase y la moda cambie. Y, sí, las alianzas sólidas con corporativos, instituciones y partners técnicos (no solo inversores) cuentan más que cualquier trending topic.

7. Utiliza la ventana: donde el capital grande solo va a lo global, posiciona tu startup para dominar un segmento real

Lo bonito, irónicamente, del “kingmaking” global es que deja desatendidos muchos huecos rentables en mercados emergentes. El reto es tener el radar afinado: ¿hay un estándar pendiente de nacer en edtech, compliance local, logística exportadora, salud rural? ¿Puedes ser tú el rey (o reina) de ese segmento? Piensa menos en la portada de TechCrunch y más en el “monopolio de nicho” que puedas defender por años.

¿Y después qué? La acción está en el “cómo”

Vale, esta tormenta de consejos puede sonar a manual de resistencia, pero en mi experiencia acompañando equipos ecuatorianos y españoles, la diferencia entre sobrevivir y destacar está en la táctica. No se trata de copiar lo que ves en portadas estadounidenses, sino de construir tu narrativa, dados y alianzas desde el terreno, paso a paso, aunque el capital llegue más tarde o sea menos espectacular.

Si te encuentras en la etapa de afinar pitch, buscando capital o simplemente dudando si tu “moat” es suficiente, prueba a recortar la pirotecnia y céntrate en demostrar impacto. Y, si necesitas una segunda opinión o ayuda para ordenar la historia de tu startup, escríbeme: convertir la avalancha de kingmaking global en ventaja local está más cerca de lo que parece si sabes mirar donde otros no ven.

¿Por qué el kingmaking no es el final, sino un nuevo inicio para la IA en la región?

Porque el riesgo de concentración es real, pero las oportunidades para soluciones conectadas con el mercado todavía no están cerradas. A veces el espacio propio, aunque más modesto que el de los Harvey globales, puede ser el paso que defina la IA hecha en Ecuador o Colombia por años. ¿Te atreves a contarlo desde tu lado?

Snippet SEO: Para sobrevivir al kingmaking en IA, los fundadores en Ecuador deben construir moats locales y una narrativa alineada con el mercado real.

¿Quieres trabajar tu estrategia de narrativa y moats en IA? Cuéntame tu caso y vemos juntos si hay camino para convertir tu empresa en ese estándar local que nadie podrá replicar rápido. El “rey” del nicho, al menos, lo puedes elegir tú.

Ver artículo original sobre la era del kingmaking en IA

Sergio Jiménez Mazure

Sergio Jiménez Mazure

Especialista en Inteligencia Artificial y Automatización B2B. Fundador de Innovación IA, dedicado a ayudar a empresas a integrar tecnologías cognitivas para maximizar su eficiencia operativa.

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