Kamina: cómo la innovación financiera con propósito transforma Latinoamérica

Kamina representa mucho más que una simple startup fintech. Es, desde mi punto de vista, ese raro ejemplo donde la tecnología aplicada con cabeza y empatía consigue transformar la experiencia de millones de personas con las finanzas, no solo en Ecuador, sino en todo el mapa latinoamericano. Y te soy honesto: llevo más de dos décadas metido en el mundo de la comunicación digital y el marketing de innovación, así que cuando me topo con un caso así, no puedo evitar dedicarle atención total. Aquí no hablamos de las típicas promesas vacías sobre bancos “sin comisiones” o apps que “te hacen la vida más fácil”; lo de Kamina es otra cosa. Es puro impacto social, un asunto urgente con nombres y apellidos: el estrés financiero, la bola de nieve de la deuda y la falta de educación financiera que afectan a buena parte de América Latina.
No sé tú, pero cada vez que leo reportes o estudios sobre la brecha financiera en la región, pienso en lo lejos que estamos de la inclusión real. Llevamos años escuchando que hay que digitalizar servicios, ofrecer productos a la medida y prevenir la morosidad; pero en la práctica, la mayoría de soluciones fintech se quedan en el barniz tecnológico. ¿Apps más bonitas? Sí. ¿Kits de nuevos productos? También. Pero, ¿hay propuestas que realmente abordan el problema desde la raíz? Muy pocas, la verdad. Aquí es donde Kamina marca una diferencia que no me canso de subrayar: han entendido, desde el primer día, que la tecnología sin propósito ni contexto no soluciona nada.
Vamos a poner contexto, porque no todo el mundo sigue de cerca el ecosistema fintech en Ecuador. Hablo de un país que, según datos recientes, se mantiene rezagado frente a sus vecinos cuando toca hablar de inclusión financiera real. Aquí el estrés por deudas se ha convertido, literalmente, en un problema nacional. Hay personas que cada mes sustituyen una deuda buena por otra más costosa, y la espiral nunca termina. Lo grave es que este fenómeno no afecta solo a adultos mayores, ni es cosa puntual de las ciudades grandes. Según el propio Jens Thobo-Carlsen, CEO y cofundador de Kamina, el sobreendeudamiento y la falta de buenas prácticas financieras son el común denominador, de jóvenes emprendedores a madres cabeza de hogar.
Ahora, ¿por qué la propuesta de Kamina llama tanto la atención en este paisaje? Para empezar, aquí todo gira en torno a la tecnología con propósito. No entiendo el futuro de las finanzas si no es pensando en cambios que ayuden de verdad a la gente, y ellos lo tienen clarísimo: desde sus orígenes, esta plataforma fue pensada para solucionar el problema, no para subirse al tren de lo trendy. Si revisas su historia, verás cómo nació del esfuerzo conjunto entre Jens Thobo-Carlsen (que trae experiencia internacional como CEO) y Fernando Emanuel (su COO), enfocados en que el último usuario, el de menos recursos o con menos idea sobre finanzas, sea el principal beneficiado. Aquí no hay tecnicismos vacíos; la visión siempre ha sido construir un ecosistema donde originar crédito y recuperar cartera vayan de la mano con la educación, el acompañamiento y la prevención.
Pero claro, esto no es asunto menor. Han logrado juntar lo que normalmente funciona en silos: la creación de productos financieros pensados para una minoría bien informada y los modelos de cobranza, que suelen llegar muy tarde y solo para apretar más a quien ya no puede pagar. Kamina decide romper esa lógica. ¿Cómo? Marcando la diferencia con esa premisa tan sencilla y poderosa: prevenir antes que corregir. El desafío era enorme, sobre todo en un país donde la educación financiera rara vez ocupa titulares y donde la mayoría de la población entra al sistema financiero perdiendo, no ganando.
Te cuento más. Kamina no pretende ser el clásico “salvador del mercado”, sino un ejemplo palpable de cómo la innovación financiera consciente y la tecnología aplicada con propósito pueden reescribir las reglas de juego en territorios tan desafiantes como América Latina. Aquí el impacto no es discurso, sino acción concreta, con cifras que pondré sobre la mesa en las siguientes partes del post. Pero si hay algo que quiero que te quede claro desde este punto, es esto: en un ecosistema donde muchas startups se suben a la ola de la digitalización y poco más, Kamina se la ha jugado con un compromiso social real. Eso, en estos tiempos, vale oro.
El futuro de las finanzas en América Latina pasa por propuestas que saquen la morosidad del centro y pongan el bienestar financiero al frente. Kamina lo está logrando, y no es casualidad.
Entender innovación financiera como una oportunidad de prevención, educación y bienestar colectivo es lo que separa a Kamina del resto de nombres que verás en foros y premios. Es un recordatorio potente para quienes diseñamos, formamos o comunicamos en este sector: la tecnología, si no sirve para mejorar vidas concretas, pierde sentido en mitad de tanto hype digital.
Próximamente te voy a contar en detalle cómo funciona su tecnología y cuál es el modelo que los lleva a diferenciarse de verdad, tanto en Ecuador como fuera de sus fronteras. Pero por ahora quiero que te quedes con una idea central: Kamina no está digitalizando papeles; está digitalizando esperanza para miles de personas que, durante años, solo vieron puertas cerradas en el mundo financiero.
Un modelo que reinventa reglas: tecnología y prevención financiera mano a mano
Hablar de Kamina, honestamente, exige salirse del típico discurso sobre fintech y mirar cómo han conseguido darle la vuelta al tablero financiero. Olvida todo lo que has leído sobre apps que solo buscan maquillar la experiencia del usuario o mejorar interfaces. Aquí la cosa va mucho más allá, y es justo en este apartado donde quiero detenerme: el modelo tecnológico que han construido no solo anticipa problemas, sino que los desarma antes de que puedas darte cuenta de que estaban ahí. Eso, amigo, es lo que yo llamo disrupción con propósito.
La pregunta de fondo que rompe el molde: ¿por qué nadie había integrado hasta ahora el otorgamiento del crédito y la recuperación de cartera como esqueleto de una misma solución? La mayoría de bancos y financieras sigue dividiendo sus procesos. Por un lado, los departamentos de riesgos diseñan scoring y se encargan de filtrar a quién sí y a quién no soltarles una línea de crédito. Del otro lado del pasillo, los equipos de cobranza entran cuando la cosa ya se fue de las manos, gestionando impagos como quien apaga incendios. Pero eso es tratar síntomas, no causas.
Kamina no compra ese guion. Lo suyo es una visión de prevención radical, soportada en un motor de inteligencia artificial que monitorea comportamientos, hábitos y microseñales de estrés financiero en tiempo real. Usan miles de variables—y aquí la cifra es literal, más de mil factores distintos—para anticipar la probable evolución de cada usuario. Y, ojo, no hablo de simple estadística: conjugan datos duros de comportamiento financiero con las ciencias del comportamiento, o sea, integran insights de psicología, economía conductual y hasta análisis lingüístico (porque sí, hasta cómo hablas con un bot puede decir mucho sobre tu salud financiera).
¿Cuál es la diferencia? Que no esperan a que caigas en mora para actuar. Su IA detecta señales tempranas: bajón en ingresos, sobreuso de tarjetas, picos de gastos atípicos, patrones emocionales en tus interacciones digitales. Si el algoritmo nota que andas cerca del punto de no retorno, entra en escena un sistema de alertas personalizadas—los famosos “nudges” o empujoncitos digitales—que buscan modificar tus decisiones antes de que la bola crezca. No te van a atosigar con llamadas del banco o cartas amenazantes; aquí el mensaje es: “Oye, ¿has visto esto?, ¿te hace sentido pagar esta deuda ahora?, ¿te gustaría aprender una alternativa?”. Eso es poner humanidad en el centro de la tecnología.
Dame un segundo para abrir el cajón de herramientas propias que han desarrollado. Primero está Kami Bot, su “coach financiero” potenciado por IA, que conversa con los usuarios para acompañarles, resolver dudas y recomendar acciones. No es un chatbot genérico, sino uno que aprende de cada interacción, se adapta a tu perfil y te acompaña paso a paso, casi como si fuera tu mejor amigo en asuntos de dinero (pero sin juzgarte). ¿Crisis de deuda? Kami Bot te ayuda a anticipar, renegociar o buscar alternativas realistas antes de que la cosa se ponga fea.
Después tienes K-Brain, el corazón de aprendizaje de la plataforma. Aquí van recopilando toda la literatura financiera relevante, las mejores prácticas globales y recursos de educación adaptados a la idiosincrasia local. Esto alimenta tanto el bot como los módulos de prevención, porque así las recomendaciones no salen de la nada, sino que están validadas y contextualizadas. ¿Que en Ecuador la gente tiende a confundir deuda buena con mala? El sistema te suelta explicaciones claras, ejemplos cotidianos y hasta ejercicios de autodiagnóstico, todo automatizado y en lenguaje coloquial, sin aburrirte con jerga de banco.
No puedo dejar fuera el Índice de Bienestar Financiero. ¿Te suena a encuesta aburrida? Nada que ver. Es una métrica viva que mide el pulso financiero de cada usuario de forma recurrente—tipo “termómetro digital” que evalúa tu solvencia, patrones de gasto, capacidad de ahorro y riesgos incipientes. Estos resultados no solo sirven para alertar a la persona implicada, sino también para que las empresas o instituciones activen campañas preventivas, programen formación o ajusten condiciones crediticias si ven venir un pico de morosidad. Es puro Big Data puesto al servicio del bienestar—y no para hinchar PowerPoints de resultados, ojo, sino para actuar en tiempo real sobre la raíz del problema.
- Originación de créditos responsable: El scoring, lejos de ser una caja negra inflexible, se adapta según la evolución del usuario. Prioriza ayudar a quienes realmente necesitan liquidez, dándoles condiciones claras y evitando engatusar con ofertas que puedan terminar siendo una trampa.
- Recuperación de cartera proactiva: Intervienen antes de que el impago se consolide. Nada de “actuamos cuando ya todo está perdido”. Identifican patrones de vulnerabilidad y proponen soluciones antes de que el deterioro sea irreversible.
- Educación financiera automatizada: Todo usuario—sea un joven de barrio rural o un pequeño emprendedor urbano—recibe recursos customizados según su realidad y su histórico de interacciones.
- Acompañamiento digital constante: No quedas a solas tras firmar el crédito. Tienes a mano herramientas, alertas y una red de soporte que te ayuda a mantener el control sobre tu economía personal.
¿Te das cuenta de lo que implica integrar todos estos elementos desde el primer día? Lo que traduce esta arquitectura es que, en vez de sumar piezas desconectadas, arman una solución integral que recorre de punta a punta el viaje del usuario: desde el primer contacto, pasando por el asesoramiento diario, hasta la recuperación o salida saludable de una deuda. Nada de parches. Nada de externalizar lo incómodo.
Claro, para escalar esto necesitas tecnología de primer nivel. Por eso Kamina apostó desde el inicio a desarrollar su propio stack—nada de depender de plataformas empaquetadas. La flexibilidad de sus algoritmos permite conectar datos internos y externos, integrar variables macroeconómicas, indicadores de mercado, hábitos de pago en otros sistemas y hasta movimientos de consumo en tiempo real. Así pueden adaptar sus modelos predictivos tanto para un usuario de Quito, como para uno de regiones rurales en Guatemala o Colombia.
Y aquí viene un secreto poco contado en la industria: la mayor parte de la morosidad prevenible nunca la detectan los sistemas tradicionales porque solo miran los datos clásicos—tu historial, tus ingresos, tu edad. Kamina se fija también en los llamados “soft data”: desde la forma en la que contestas un mensaje del bot, hasta tendencias de microfinanzas en tu zona, pasando por tu tipo de interacción con la app (tiempos de respuesta, dudas frecuentes, cambios súbitos en la consulta de saldos). Este enfoque holístico permite respuestas personalizadas, preventivas y a prueba de intangibles.
Lo más valioso no es solo la sofisticación de la tecnología, sino cómo logran bajarla a tierra para quien nunca ha tenido un plan financiero ni estudió economía. Kamina ha creado una especie de mentor digital para esos millones que arrastran el estrés diario de un sistema financiero que nunca pensó realmente en ellos.
Prevenir el desastre no es magia: es anticipar, educar y acompañar con tecnología que entiende tu realidad.
¿El resultado? Un impacto concreto en la inclusión financiera: más acceso a crédito responsable, menos espirales de deuda, mayor autonomía y bienestar para quienes históricamente quedaban fuera del mapa financiero tradicional. Esto es lo que separa a Kamina de los actores que solo buscan escalar “users” sin importar la calidad; aquí cada usuario cuenta, porque el objetivo siempre fue el cambio social real.
No exagero si digo que, a nivel de innovación financiera, la propuesta de Kamina debería ser materia obligatoria para quienes quieren replantear el rol de la tecnología en América Latina. Haber conseguido que la prevención financiera y la educación digital personalizada sean el motor del modelo, y no un mero complemento, marca la diferencia en un sector saturado de productos sin alma. Esa mezcla de rigor con empatía es lo que hace que Kamina funcione aquí y pueda traspasar fronteras mañana.
¿Quieres ver si esto tiene resultados tangibles? En el siguiente apartado saco los números a la mesa y te cuento qué significa todo esto en expansión, usuarios, inversión y alianzas globales. Pero si te quedas con algo ahora, que sea esto: la tecnología puede cambiar vidas, pero solo si se construye con propósito y se adapta a las realidades de la gente común. Ahí está la huella que Kamina está dejando en la región.
Logros medibles y cifras que cambian el juego: Kamina pisando fuerte en el mapa fintech
Hasta aquí hemos hablado de la filosofía y el modelo que impulsan a Kamina, pero ya te lo advertí: esto va más allá del discurso. Si algo me ha llamado la atención después de muchos años siguiendo estrategias, start ups y promesas a medio cumplir, son los resultados que puedes comprobar por ti mismo. Porque sí, puedes tener una idea brillante y una tecnología revolucionaria, pero si al final del día nadie la usa, ningún banco te apoya y ningún gigante global te mira, la teoría se queda flotando. Lo de Kamina no es humo ni slides para inversores: son números reales, usuarios de carne y hueso, acuerdos con gigantes y crecimiento que cualquiera puede verificar. Y ahí, amigo, está uno de sus mayores diferenciales.
Vayamos al grano: ¿por qué Kamina ha puesto a Ecuador bajo la lupa de la innovación financiera en la región?
- Valoración millonaria en tiempo récord: En menos de tres años desde su fundación, la plataforma consiguió una valoración de 15 millones de dólares. Pongamos en perspectiva: en el ecosistema latinoamericano, muchísimas startups nunca levantan más de un par de cientos de miles tras el periodo semilla (si llegan). Kamina, en 2023, marcó un hito difícil de igualar al cerrar una ronda presemilla de 3,2 millones—la mayor cifra jamás registrada por una startup ecuatoriana en esa etapa. Eso no se consigue con PowerPoints bonitos. Lo logras cuando grandes inversores compran tu historia, tu equipo y –sobre todo– tus resultados tangibles en usuarios y alianzas.
- Crecimiento regional acelerado: Ahora mismo la compañía opera en Ecuador, Colombia y Guatemala, con veinte cracks en plantilla, más de 100 clientes corporativos (bancos, casas comerciales, retailers de peso) y una base que ya supera los 100,000 usuarios activos. Puede sonar a cifras discretas si lo comparas con monstruos de Silicon Valley, pero en la realidad latinoamericana esto significa haber permeado capas sociales y segmentos donde la tecnología financiera suele llegar tarde o nunca. No son “early adopters” urbanos y conectados; son emprendedores barriales, familias rurales y empleados de sectores tradicionalmente olvidados.
- Facturación proyectada y escalabilidad: No todo se mide por el hype. La proyección de ingresos al cierre de 2025 ya apunta a 2 millones de dólares facturados, que en la escala latinoamericana supone un nivel de rentabilidad admirable para una compañía cuyos pilares son la educación, la asistencia preventiva y el acompañamiento humano. Nada mal para una start up que empezó en un entorno donde la mayoría de “unicornios” terminan desinflándose antes del primer millón.
- Reconocimiento global y aval de grandes ligas: El verdadero salto llegó gracias a la selección de Kamina en el programa Start Path de Mastercard. No exagero si digo que entrar en esta aceleradora es jugar Champions League. Mastercard ha elegido —entre más de 500 compañías en 55 países—a Kamina como una de las piezas claves para innovar en el bienestar financiero global. Este programa les ha dado acceso directo a consultores de talla mundial, conexiones con 150 millones de comercios y miles de instituciones financieras, acelerando procesos de validación, ajuste y expansión que a otras startups les tomarían años. Además, Mastercard tiene primera opción de inversión y compra, lo que sitúa a Kamina en la hoja de ruta de las fintech con futuro seguro.
De Ecuador al mundo: Kamina ha roto techos que parecían infranqueables para las fintech del país y su modelo ya escala a mercados tan exigentes como México o Brasil.
Pero las alianzas globales no quedan solo en palabras grandes. La estrategia está clara: planean levantar una ronda Serie A de 10 millones de dólares en 2026 y duplicar su valoración global a 30 millones. El norte ya está definido y apunta a consolidar operaciones en México y Brasil —donde la competencia y las necesidades de inclusión financiera explotan— y aspirar a entrar a Estados Unidos, que para cualquier fintech latino es zona de alto riesgo… y altísimo potencial.
Ahora bien, ¿qué significa esto para el resto de jugadores del sector, las instituciones y los usuarios? Aquí es donde se pone interesante: los bancos tradicionales y las casas comerciales que trabajan con Kamina no solo buscan digitalización porque sea la consigna de moda. Han visto bajar sus porcentajes de morosidad, mejorar la recuperación de cartera y fortalecer la base de usuarios que, por primera vez, reciben acompañamiento para no caer en la espiral eterna del sobreendeudamiento. Dicho de forma sencilla: sus clientes están más sanos financieramente y su negocio es menos riesgoso.
Por cierto, no olvidemos el dato local que sostiene toda la lógica del modelo: en Ecuador, el estrés financiero y la sustitución de deuda buena por deuda cara marcan la vida cotidiana. El propio CEO lo subraya: Kamina ha conseguido crear una “palanca” desde la prevención, por la vía de miles de microinteracciones, que reduce el principal dolor de los trabajadores y trabajadores ecuatorianos, además de anticipar riesgos para los empleadores que financiar proyectos y nóminas.
Las cifras hablan por sí solas: inversión récord, alianzas internacionales, usuarios con bienestar real y bancos aliados. Esto es lo que significa éxito en fintech latinoamericana.
Por si fuera poco, buena parte del impacto global de Kamina se apalanca en alianzas locales estratégicas. No solo fue la visibilidad internacional de Mastercard la que los puso en la mira. En Ecuador han formado parte del Sistema B (movimiento de empresas con propósito), colaborando con entidades como Produbanco y organizaciones enfocadas en sostenibilidad. Están a un paso de obtener el sello B, que significaría ser reconocidos como empresa comprometida con resultados positivos en lo social y ambiental. Y eso, en los nuevos tiempos, suma mucho más que un logo bonito: significa exigir estándares de impacto y transparencia que suelen asustar a las fintech que sólo quieren inflar métricas.
La otra cara de estos logros es el reconocimiento mediático. Varias publicaciones especializadas —desde medios económicos internacionales hasta portales de innovación latinoamericanos—ya han puesto a Kamina como caso de estudio obligado. No porque cuenten una historia edificante, sino porque sus números, alianzas y visión de largo plazo marcan la pauta de lo que debería ser la normativa en fintech consciente para nuestra región.
En resumen: Kamina logra lo que muy pocos en la región pueden mostrar: crecimiento real —con usuarios y resultados—, respaldo internacional, alianzas que abren puertas y validan su tecnología, y, por encima de todo, el respeto de los actores financieros clásicos… que habitualmente miran con recelo a quien viene a cambiar las reglas de juego.
- 3.2 millones de dólares levantados en ronda presemilla.
- Valoración actual de 15 millones de dólares.
- Presencia ya consolidada en tres países latinoamericanos, con planes reales de expansión a mercados top.
- Más de 100 clientes corporativos, aliándose —no compitiendo— con la banca tradicional y los grandes retailers.
- Base activa de 100,000+ usuarios, que ahora acceden a recursos financieros, tecnología de educación digital y acompañamiento constante.
- Ronda de financiación Serie A inmimente y expectativa de duplicar su valoración en menos de dos años.
- Participación privilegiada en el programa de aceleración global más importante de Mastercard.
Así que nada de humo. Lo de Kamina puede medirse, verse y repetirse en cualquier conversación seria sobre innovación financiera en América Latina. No es un milagro. Es saber leer necesidades reales, diseñar tecnología útil y aliarse con quienes pueden amplificar el impacto. Quienes aún creen que una empresa socialmente responsable no puede escalar ni atraer inversión, deberían estudiar el caso Kamina. Sus cifras tumban cualquier mito.
Invertir en impacto social y tecnología financiera es, hoy, la mejor apuesta para escalar en la región. Kamina es la prueba viviente de que sí se puede.
¿Tú ves alguna otra fintech ecuatoriana —o de la región— con esta proyección, esta comunidad activa y este respaldo financiero? Yo tampoco. Anota el nombre, porque en unos años Kamina habrá multiplicado por cinco su base y probablemente habrá exportado su know-how preventivo a media América Latina.
Un impacto social real: por qué Kamina educa, acompaña y cambia vidas (más allá de la automatización)
Aquí viene lo que, desde mi experiencia, define a Kamina como un referente—no hablo solo de métricas ni de slides para inversores. Me refiero al impacto social que construye día a día, con cada usuario y cada alianza. Porque transformar el acceso al crédito o anticipar la morosidad es importante; pero donde pocas plataformas llegan de verdad es al punto de cambiar hábitos y comportamientos financieros en miles de personas que, hasta ayer, vivían en el filo de la precariedad financiera. ¿Eso es humo digital? Para nada, es lo que pasa cuando tecnología y empatía caminan juntas.
Déjame plantearlo así: ¿cuánto vale una herramienta que no solo evita que caigas en deudas malas, sino que te enseña a tomar decisiones mejores, te acompaña cuando tienes miedo de caer y celebra contigo cuando sales del bache? Suma a eso que Kamina lo logra sin caer en el tono paternalista de muchas instituciones, ni limitarse a lanzar recursos sin contexto. Hay una diferencia abismal entre automatizar la gestión de una cartera y crear un ecosistema donde la educación financiera es parte del día a día, no un extra que solo involucra a los “usuarios premium”.
Vamos a ser claros: la mayor crisis en las finanzas personales de América Latina no es la falta de apps sofisticadas, ni la distancia con bancos digitales de moda en otros continentes. El corazón del problema es que, durante generaciones, la mayoría no ha recibido acompañamiento ni formación práctica. Nos enfrentamos a una cultura donde hablar de préstamos, intereses o ahorro es tabú o signo de fracaso. Y allí, justo en ese terreno, es donde Kamina decidió trabajar, no regalando peces, sino enseñando a pescar con herramientas modernas, cercanas y personalizables.
¿Ejemplos concretos? Mira el caso del coach digital Kami Bot, que va más allá de resolver dudas básicas: simula escenarios, recomienda estrategias personalizadas y, si detecta un desliz, lanza recordatorios adaptados a tu contexto. Así, los famosos nudges dejan de ser algo teórico y se vuelven microintervenciones que realmente previenen el sobreendeudamiento, muchas veces antes de que el usuario sea consciente del peligro.
La educación financiera automatizada tampoco queda solo en teoría. Muchas personas—desde empleados que no llegan a fin de mes hasta microemprendedores rurales—acceden no solo a datos explicados en su idioma y nivel, sino también a metodologías prácticas para mejorar su flujo de caja, priorizar pagos o revisar con lupa ofertas que no les convienen. Esto es lo contrario a la clásica agresividad bancaria: aquí el usuario siente, por fin, que el sistema trabaja con él y no en su contra.
- Reducción de morosidad y menos deuda tóxica: Porque anticipan alertas y ofrecen opciones de acompañamiento, los usuarios evitan la trampa de sustituir deuda buena por mala—aquí sí hay datos que lo avalan.
- Mejora en hábitos financieros: Con el índice de bienestar y la asesoría constante, las personas se vuelven más conscientes de sus ingresos, gastos y oportunidades de ahorro.
- Inclusión real en sectores olvidados: No se quedan solo con los grandes bancos: Kamina, a través de alianzas locales, llega a comunidades rurales, mujeres jefas de hogar, jóvenes y pequeños emprendedores que antes ni siquiera calificaban para un producto financiero tradicional.
- Bienestar psicológico y calidad de vida: El estrés financiero es, según varios estudios ecuatorianos y regionales, una de las causas principales de ansiedad, baja productividad y deserción laboral. Kamina no promete eliminar la pobreza, pero sí reducir la carga mental y abrir oportunidades que antes parecían impensables.
Este enfoque humanista es, en mi opinión, donde Kamina pisa fuerte. No se obsesionan con mostrar cuántos reportes arroja su IA ni con presumir la precisión del scoring; lo importante es el bienestar financiero sostenible. Si una startup logra que sus usuarios tengan menos miedo a la deuda, entiendan cuándo sí les conviene un crédito y sepan cómo negociar cuando la curva se tuerce, entonces hablamos de progreso auténtico.
Otro dato que conecta con la realidad local: en Ecuador (y buena parte de la región), miles de trabajadores sustituyen deuda buena por deuda tóxica simplemente por no tener a quién preguntar o porque el sistema les abandona cuando más lo necesitan. Kamina rompe con esa soledad financiera. La prueba es que su base de usuarios crece en barrios y provincias donde la mayoría de fintech no invierte un dólar en formación ni seguimiento.
No puedo dejar de lado el papel de las alianzas estratégicas. La colaboración con Mastercard, el trabajo con Sistema B y los acuerdos con bancos y retailers tradicionales demuestran que la inclusión financiera no es cosa solo del sector privado. Es, más bien, un desafío colectivo donde el coaching digital, la inversión responsable y la educación personalizada van de la mano para empoderar a quienes han estado fuera del radar durante décadas.
¿Dónde está la verdadera disrupción? En que Kamina no se limita a digitalizar procesos; digitaliza acompañamiento, aprendizaje y red de apoyo. La IA es genial, sí—pero la magia está en cómo baja la tecnología al suelo, vuelve accesible lo complejo y consigue que quienes menos tenían, por fin, sean protagonistas de su propia salud financiera.
“La mejor tecnología es aquella que consigue que nadie se quede fuera. Kamina convierte la inclusión y el aprendizaje en su principal motor de crecimiento.”
Aquí no vas a encontrar promesas vacías ni claims inflados de marketing. Tampoco una app-milagro que resuelve todo con un clic. Lo que hay es transformación social real, bienestar medible, usuarios que pasan del miedo a la confianza y organizaciones que, por fin, descubren que ser rentables y solidarios no es una contradicción.
¿Listo para ver este modelo escalando más allá de Ecuador? Yo sí, porque cuando la tecnología se alía con el propósito y el acompañamiento humano, la revolución financiera deja de ser un deseo—y empieza a hacerse cotidiana.
¿Por qué Kamina cambia vidas? (y por qué deberíamos prestar atención)
- Porque baja el estrés financiero con educación constante y nudges personalizados.
- Porque cambia el ciclo del sobreendeudamiento por prevención y herramientas digitales prácticas.
- Porque su impacto ya es medible en diversidad de comunidades, no solo en los grandes centros urbanos.
- Porque empodera a cada usuario y eso, en Latinoamérica, es urgentísimo.
Si buscas un caso de tecnología que trascienda el discurso y cambie la realidad, ahí tienes a Kamina. Y no, no es hype: es innovación aplicada con alma y con resultados.
Me quedo con esta conclusión: Kamina prueba que la innovación financiera con propósito es algo posible y que, bien implementada, puede convertir a Latinoamérica en exportadora de modelos escalables de bienestar social. Si tienes algo que decir, algún ejemplo que compartir o quieres saber más de cómo promover la inclusión financiera real desde la comunicación digital o el marketing de innovación, te leo en los comentarios o podemos conectar para analizar juntos cómo estas estrategias pueden adaptarse a tu realidad profesional.
¿Te animas a sumarte a la conversación sobre el futuro de la tecnología financiera en América Latina? Déjame tu opinión o escríbeme directamente para explorar oportunidades de colaboración. La transformación empieza con escuchar y compartir casos como este. ¡Hablemos!

Sergio Jiménez Mazure
Especialista en Inteligencia Artificial y Automatización B2B. Fundador de Innovación IA, dedicado a ayudar a empresas a integrar tecnologías cognitivas para maximizar su eficiencia operativa.