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Noticias Innovación IA4 de febrero de 2026Por Sergio Jiménez Mazure

GPUs de Intel para IA: eficiencia, inferencia local y XeSS 3

GPUs de Intel para IA: eficiencia, inferencia local y XeSS 3

Hay momentos en tecnología en los que el “quién va ganando” importa menos que el “quién decidió no rendirse”. Intel está viviendo uno de esos momentos. Porque cuando un mercado se consolida alrededor de un actor dominante —y todos sabemos de quién estamos hablando— lo fácil es vivir del relato: prometer una revolución “en la siguiente generación”, poner un par de demos bonitas y esperar que el tiempo haga su magia. Lo cierto es que el tiempo no hace magia. Hace caja para el líder y deja migas para el resto.

En mi caso, cuando acompaño a empresas en adopción de Inteligencia Artificial, la conversación no se queda en “qué modelo usamos”. Termina, inevitablemente, en infraestructura: latencia, costo por inferencia, disponibilidad local, consumo energético y, sobre todo, dependencia. En el tablero de ajedrez de la IA, no ganas por tener la reina más cara; ganas por poder mover piezas cuando el otro decide subir el peaje. Y ahí Intel está moviéndose con una mezcla de ambición y necesidad que merece atención.

Lo que anunció sobre sus GPUs para IA en este ciclo no es un simple “refresh”. Es una ofensiva con nombres y direcciones claras: Xe2 como recomposición de su base gráfica (un rediseño que intenta ordenar una casa que llevaba años con demasiadas puertas), Xe3P como obsesión por el rendimiento por vatio en serio —no en los slides de marketing— y Crescent Island como una apuesta directa por el terreno que más crece en 2026: la inferencia en tiempo real, en todas partes, con cargas dinámicas que cambian de forma como el mar cuando viene mal tiempo.

Hay una frase que escuché demasiadas veces en salas de directorio: “Eso de la IA es para las grandes”. Claro. Y la imprenta era “para los monjes”, hasta que el mundo se llenó de libros. Si algo nos enseñó la historia —y esto lo entendió bien Asimov cuando hablaba de imperios que se creen eternos— es que los cambios no piden permiso. Intel está leyendo ese cambio con una idea incómoda para muchos: la IA se está moviendo del entrenamiento estático al músculo cotidiano de la inferencia, donde importan los costos operativos, el despliegue y el software abierto. Sachin Katti lo dijo sin rodeos: esto va de sistemas heterogéneos, silicio adecuado y software abierto. Traducido al mundo real: menos altar y más herramienta.

Con Crescent Island, Intel apunta a un tipo de infraestructura que no vive en laboratorios con presupuestos infinitos, sino en servidores refrigerados por aire, edge y cloud que necesitan densidad y eficiencia. Hablan de 160 GB de LPDDR5X y de un diseño pensado para flujos de inferencia donde cada token cuenta, porque cada token cuesta. Y mientras algunos todavía venden la fantasía de que todo se resolverá “escalando” con chequera, Intel se mete en el barro: integrar con Xeon 6, habilitar pruebas tempranas con Arc Pro Serie B y empujar su narrativa de plataforma abierta. ¿Es suficiente? No lo sabemos aún. Pero al menos no es una promesa en el aire; tiene calendario, tiene orientación de producto y tiene una lectura correcta del terreno.

Y aquí viene la ironía: durante años se burlaron de Intel por llegar tarde a la fiesta de las GPUs. Ahora que por fin trae botellas y música propia, muchos actuarán como si la fiesta siempre hubiera sido en su casa. Así funciona la memoria corporativa: selectiva, conveniente y, desgraciadamente, rentable.

¿Por qué importa esto en 2026? Porque la IA aplicada ya no es un experimento simpático. Es infraestructura crítica. Y en infraestructura, la competencia no se mide solo en fuerza bruta, sino en ecosistema, disponibilidad, eficiencia y capacidad real de ejecución. Intel está intentando reescribir su papel en esta guerra silenciosa del silicio. Puede perder batallas. Pero el simple hecho de abrir un nuevo frente —Xe2, Xe3P y Crescent Island— cambia el mapa. Y cuando cambia el mapa, cambian también tus opciones.

Ahora bien, una cosa es anunciar una ofensiva —con nombres elegantes y hojas de ruta bien peinadas— y otra muy distinta es sostenerla cuando llega la pregunta incómoda: “¿y esto, en rendimiento real en IA, qué significa?”. Porque en 2026 ya no basta con decir “tenemos IA”. La IA no impresiona por existir, sino por la logística que la hace útil: cuánta inferencia saco por watt, por dólar y por hora, sin que mi operación se vuelva rehén de un único proveedor.

En este punto, Intel está jugando una carta interesante: subir el listón de sus TOPS (trillones de operaciones por segundo) en el cliente, con una arquitectura que reparte el trabajo entre CPU, GPU y NPU. En Lunar Lake mete una NPU 4 con 48 TOPS, que comparado con los 11 TOPS de Meteor Lake parece, literalmente, un cambio de época. Y si miras el sistema completo, Intel habla de hasta 120 TOPS sumando CPU+GPU+NPU. Eso, para quien hace IA aplicada en productos reales (asistentes, visión en retail, transcripción, clasificación, automatizaciones internas) importa más de lo que parece, porque te abre la puerta a ejecutar más cosas localmente sin mandar cada petición a la nube como si el ancho de banda fuera infinito y la factura no existiera.

En la familia Core Ultra 100, el dato es más modesto pero relevante: una NPU de 13 TOPS. ¿Es “poco”? Depende del caso. Suelo comentar que la NPU no es para “ganar benchmarks” en redes sociales; es para sostener tareas persistentes y eficientes (cancelación de ruido, mejoras de video, detecciones ligeras, pequeñas redes para productividad) sin quemar batería ni estrangular la CPU. El error típico es comparar TOPS como quien compara caballos de fuerza sin mirar la transmisión, el peso y el tipo de carretera. El número importa, sí; pero importa más qué haces con él y con qué consumo.

Y aquí aparece la otra pata, quizás la más potente en el relato de Intel: los motores XMX en sus GPUs, dedicados a aceleración de IA. A la hora de hablar de inferencia, el tipo de dato manda. Intel soporta FP16 y BF16 (más “finos” para precisión), y enteros como INT8, INT4 e incluso INT2 para modelos cuantizados. La lógica es simple y brutal: a menor precisión, más operaciones por ciclo y, bien aplicado, menos costo por token. Según sus cifras, una unidad XMX puede ejecutar por ciclo 128 operaciones FP16, 256 INT8 o 512 INT4/INT2. Esto no es poesía; es aritmética aplicada al negocio. Si tu asistente interno responde con INT4 sin perder calidad percibida, acabas de ganar velocidad y eficiencia sin comprar más hierro.

Me recuerda a esas páginas de Conan Doyle donde Holmes no “adivina”, sino que reduce variables hasta que la verdad queda sola. Con la IA pasa igual: no gana el que grita “más grande”, gana el que elige la precisión correcta para el trabajo correcto. Eso sí, aquí viene el sarcasmo necesario: en demasiados comités todavía se decide infraestructura como si comprar la GPU más cara fuera una estrategia. Es como intentar ganar una guerra moviendo únicamente la caballería, ignorando suministros y terreno. Luego llegan las sorpresas. Y ahí, que Intel empuje NPU + XMX con un discurso de eficiencia y ejecución local puede ser una ventaja táctica, incluso si no lidera el podio absoluto.

En IA, los TOPS impresionan; la eficiencia y el tipo de dato sostienen el producto cuando se apaga el aplauso.

Si lo aterrizo a mi trabajo: cuando una empresa me pide un piloto de Asistentes de IA para atención o soporte interno, la primera victoria no es “que funcione”. Es que funcione barato, estable y con latencia humana. Y para eso, lo que Intel está poniendo sobre la mesa —TOPS crecientes en NPU y músculo XMX para cuantización— es una señal de que entiende el partido que se juega: menos fuegos artificiales y más capacidad de operar. Al final, la historia no la escriben los que prometen imperios eternos, sino los que optimizan el presente con disciplina. Y en IA, por desgracia, la disciplina es lo único que no se puede maquillar con marketing.

Intel Arc A770 en benchmarks: 1080p vs 1440p, ray tracing y XeSS frente a NVIDIA y AMD

Si en el punto anterior hablábamos de TOPS, XMX y precisión como si estuviéramos afinando una navaja, aquí toca probarla en madera real. Porque una cosa es prometer “músculo para IA” y otra es comportarse con dignidad en el terreno donde la gente sí compara sin piedad: gaming, benchmarks y rendimiento sostenido. Y ahí Intel, con la Arc A770, dejó algo claro: no vino a pedir permiso, vino a incomodar. A veces incomoda bien. A veces todavía tropieza. Pero ya no es un actor decorativo.

En especificaciones puras, la A770 se planta con una carta que en 2026 sigue siendo muy atractiva para su rango: 16 GB de VRAM, GDDR6 y bus de 256 bits, con transferencias de hasta 560 GB/s. Para un precio de lanzamiento alrededor de 375 EUR, eso no es un detalle menor. Es, directamente, una declaración de intenciones. En mi caso, cuando evalúo estaciones de trabajo “mixtas” (edición + algo de IA local + gaming de vez en cuando), la memoria suele ser el cuello de botella silencioso, ese que no sale en las gráficas bonitas, pero que te mata la experiencia cuando el proyecto crece. Intel lo entendió y apostó por volumen.

Ahora, el rendimiento real. En 1080p el promedio reportado de la A770 ronda los 103 fps, con mínimos de 54 fps. Es decir: se mueve bien, pero no necesariamente “humilla” a nadie. Aquí es donde muchas comparativas se vuelven guerra política: cada bando elige el ángulo que le conviene y declara victoria. Lo realmente interesante de Arc aparece cuando subes la exigencia y cambias el terreno.

En 1440p la A770 promedia alrededor de 78 fps con un comportamiento descrito como muy constante. Y el dato que vale oro, porque cuenta una historia de arquitectura y no de magia: en el análisis de escalado de Tom’s Hardware, al pasar de Ultra en 1080p a Ultra en 1440p, la A770 pierde solo 22% de rendimiento, mientras que equivalentes de AMD y NVIDIA caen cerca del 29%. Esa diferencia, pequeña en apariencia, en el mundo real significa otra cosa: la GPU se desinfla menos cuando le pides más ancho de banda, más carga, más cuadro.

Y si hablamos de ray tracing, el terreno donde se separan los discursos de los productos, la A770 integra 32 unidades dedicadas. ¿Qué logra con eso? Una cifra que, para su rango de precio, incomoda: en Cyberpunk 2077 consigue más de 60 fps en 1440p con trazado de rayos en calidad media y XeSS activado. Aquí hay que ser justos y crueles a la vez: ese resultado no es solo potencia bruta; es potencia + escalado inteligente. Y sí, a algunos les molesta que “cuente” si depende de XeSS. Pero entonces habría que tener la misma indignación selectiva con DLSS o FSR. En este debate hay gente que exige pureza solo cuando el logo no es el suyo.

Lo que sí me parece relevante, más allá del fanatismo, es entender el papel de XeSS como pieza de estrategia. Intel necesita que Arc sea consistente en más juegos, más drivers y más escenarios. Por tanto, XeSS no es un accesorio; es parte del motor. Y cuando funciona, cambia la conversación: no solo te da frames, te da viabilidad a 1440p con efectos modernos sin tener que saltar de inmediato al siguiente escalón de presupuesto. Eso, para un mercado sensible a precio como el nuestro, es una diferencia táctica real.

En GPUs, el benchmark es el tribunal. Pero la sentencia final la dicta tu resolución, tu presupuesto y la constancia del driver.

Comparada contra propuestas típicas de NVIDIA en ese segmento (por ejemplo, RTX 3060) o equivalentes de AMD, Intel juega con ventajas y heridas abiertas. Ventajas: memoria, escalado en 1440p y un comportamiento que, en cargas pesadas, sorprende. Heridas: percepción, madurez del ecosistema y esa sombra permanente de “¿me correrá bien este juego específico?”. Porque, seamos honestos, Intel no compite solo contra silicio; compite contra años de confianza acumulada. Y la confianza se construye con viajes completos, no con promesas desde el puerto.

Panther Lake y gaming portátil: iGPU Arc B390, XeSS 3 y casos de uso para laptops y consolas handheld

Después de hablar de benchmarks, escalado y de ese “sí, pero…” permanente que acompaña a Arc cuando el tema son drivers y madurez, la pregunta natural es otra: ¿dónde quiere ganar Intel de verdad esta partida? Porque en sobremesa puedes discutir el podio hasta el infinito, pero en portátil y en handheld la conversación cambia. Ahí el rey no es el frame rate máximo; es la combinación de rendimiento sostenido, gestión térmica, batería y una verdad incómoda: el usuario no compra una GPU, compra una experiencia que no se derrumbe a los 20 minutos.

Por eso Panther Lake (Core Ultra Series 3) me parece el movimiento más interesante del tablero para finales de 2026. Intel no lo presentó solo como “nuevo chip”, sino como plataforma. Y cuando una empresa empieza a hablar de plataforma en serio, es porque entendió que el silicio sin software es como un barco sin timón: puede ser rápido, pero no llega.

La iGPU Arc B390 en Panther Lake sube hasta 12 núcleos Xe y viene con un relato de integración que, esta vez, no suena a excusa. Daniel Rogers insistió en esa unión entre hardware y software para gestionar térmicas y rendimiento. Y Robert Hallock remató la idea clave: personalización. En la práctica, eso significa que Intel quiere que los fabricantes ajusten memoria y TDP como quien ajusta velas según el viento. No es un capricho; es la única forma de competir en consolas portátiles y laptops delgadas sin quemar el chasis ni el prestigio.

Los números, además, están diseñados para incomodar: Intel habla de un salto de 77% frente a la generación anterior y presume estar 10% por encima de una RTX 4050 y del Ryzen AI 9 HX 370 (Zen 5) en ciertos escenarios. Ojo: “ciertos escenarios” es la frase que todos usan para no jurar en falso. Pero incluso con esa cautela, el mensaje es claro: Intel quiere que el gaming portátil deje de ser territorio exclusivo de AMD o de NVIDIA.

El otro protagonista aquí es XeSS 3. La promesa de “generar hasta 4 fotogramas adicionales por IA” y llegar a 145 fps en Battlefield 6 en equipos portátiles es el tipo de cifra que entusiasma a marketing… y que a mí me obliga a hacer una pausa. Porque la historia nos enseñó —y Verne lo retrataba con esa obsesión por la ingeniería— que ninguna máquina se juzga por su mejor día, sino por su comportamiento cuando el mundo real la aprieta: calor, polvo, batería al 30%, juego mal optimizado y el usuario con veinte pestañas abiertas. Ahí es donde XeSS 3 debe demostrar que no es un truco de feria, sino un multiplicador confiable.

¿Para qué sirve todo esto fuera del gaming? Para bastante más de lo que parece. Una iGPU capaz y una plataforma eficiente abren casos de uso que en Ecuador tienen sentido práctico: edición y postproducción en movilidad, creators que no quieren (o no pueden) pagar una dGPU cara, y Asistentes de IA corriendo localmente para tareas específicas sin depender de la nube cada vez que hay una mala conexión. Y sí, también para handhelds: si Intel lanza Panther Lake bajo la marca Core G3 y cumple lo de “dejar ajustar memoria y TDP”, veremos consolas portátiles más variadas, con mejor estabilidad térmica y, ojalá, con precios menos delirantes.

En mi caso, cuando asesoro compras tecnológicas en empresas, siempre aparece el mismo error: decidir por logo y no por operación. Es comprensible. La gente quiere certezas. Pero el mundo real no funciona así. En una guerra, el ejército que gana no es el que tiene el uniforme más bonito; es el que mantiene la línea de suministro. En portátiles y handhelds, la “línea de suministro” se llama eficiencia, drivers y soporte sostenido. Si Intel logra que Panther Lake sea consistente —no perfecto, consistente—, cambia el mapa para mucha gente que hoy está atrapada entre precios altos y poca oferta.

El futuro del gaming portátil no será el más potente, sino el más equilibrado: el que rinde bien sin pedir permiso al cargador.

La ironía final es deliciosa: durante años la industria nos vendió que la innovación era “más potencia”. Ahora resulta que la innovación es no derretir el equipo mientras juegas o trabajas. Y algunos lo descubrirán tarde, como siempre. Porque, por desgracia, hay quienes todavía confunden músculo con salud.

Si llegaste hasta aquí, mi llamada a la acción es simple y nada romántica: mira Intel con datos, no con prejuicios. Si estás por comprar laptop, si diseñas una consola handheld, si trabajas en contenido o si estás evaluando IA local para productividad, pon Panther Lake y XeSS 3 en tu radar. No como fe, sino como hipótesis: pide pruebas, revisa estabilidad, controla consumo y compara costo total. La memoria en tecnología es corta, pero la factura no lo es. Y en 2026, elegir plataforma será una decisión estratégica, no un gusto personal.

Fuente base del contenido: https://ecosistemastartup.com/intel-lanza-gpus-para-ia-y-desafia-el-dominio-de-nvidia/

Sergio Jiménez Mazure

Sergio Jiménez Mazure

Especialista en Inteligencia Artificial y Automatización B2B. Fundador de Innovación IA, dedicado a ayudar a empresas a integrar tecnologías cognitivas para maximizar su eficiencia operativa.

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