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Noticias Innovación IA15 de agosto de 2025Por Sergio Jiménez Mazure

FemTech en Latinoamérica: desafíos y oportunidades más allá de las apps menstruales

FemTech en Latinoamérica: desafíos y oportunidades más allá de las apps menstruales

El FemTech latinoamericano es, ahora mismo, un hervidero de proyectos enfocados en salud menstrual, anticoncepción y fertilidad. Suena bien sobre el papel, pero, si te detienes a mirar con ojo crítico, descubrirás una realidad mucho más compleja y, en algunos sentidos, decepcionante. La palabra clave aquí es desequilibrio. ¿Por qué se priorizan siempre las mismas áreas? ¿Qué pasa con la salud pélvica, la prevención de cáncer ginecológico o el acceso real a productos básicos? La desconexión entre las apps que inundan las stores y lo que necesitan las mujeres de carne y hueso es, a mi manera de ver, el gran reto oculto del sector.

Concentración de Soluciones: El Efecto “App Menstrual”

Vamos al grano: si tienes que buscar una startup FemTech en América Latina, lo más probable es que acabe siendo una aplicación para seguimiento de ciclos menstruales, anticoncepción digital o alguna herramienta de fertilidad. ¿Por qué? Porque desarrollar un MVP de este tipo cuesta entre US$ 20.000 y US$ 80.000, según recoge el informe de Forbes Argentina. Esta cifra, aunque no es pequeña, se vuelve apetecible frente a las cantidades astronómicas que requiere construir hardware, dispositivos médicos portátiles o sistemas integrados de diagnóstico.

Entonces, tenemos un “menú” corto: tecnología pensada para lo que más rápido puede rentabilizarse y donde la competencia de entrada no exige músculo financiero monumental. El éxito de las apps, sin duda, ha abierto puertas, generado conversación y normalizado hablar de menstruación y salud reproductiva. Nadie quiere negar eso. Pero si analizamos con honestidad cuántos proyectos nacen en segmentos como la salud pélvica o la oncología ginecológica, la cuenta se queda prácticamente en cero.

Las áreas críticas permanecen sin explorar, aunque afectan la calidad de vida de millones de mujeres latinoamericanas.

Verticales Críticas: Lo Que No Se Ve, No Se Invierte

Da igual si eres consultor, inversor o simple observador: hay algo que llama la atención cuando revisas el mapa actual de FemTech en la región. Las startups menos visibles—las que se atreven a trabajar sobre piso pélvico, salud ósea o prevención del cáncer—prácticamente no asoman. La explicación suele ser la misma: menos demanda explícita, menos cultura de prevención y barreras económicas brutales para el desarrollo tecnológico. Las “piedras angulares” de la salud femenina siguen sin cobertura innovadora, aunque las estadísticas digan que dos de cada tres mujeres, durante su vida, enfrentan problemas de salud pélvica o están expuestas a cánceres ginecológicos sin acceso a diagnóstico temprano.

¿Paradoja? Hay herramientas tecnológicas para calcular el mejor día de ovulación con precisión milimétrica, pero millones de mujeres aún no tienen ni información confiable sobre el cáncer de cuello uterino o tratamientos para la endometriosis. En muchos rincones de América Latina, la pobreza menstrual impide incluso acceder a toallas sanitarias, y, sin embargo, proliferan startups que solo hablan a quienes ya tienen smartphone y conexión estable.

¿Realmente la Innovación FemTech Está Logrando la Inclusión?

Aquí me toca poner el dedo en la llaga. Muchas veces se vende la narrativa de la tecnología como igualadora: “Un app en cada bolsillo, una respuesta para todas”. La realidad, sin embargo, va por otro carril. Si la mayoría de las iniciativas tecnológicas requieren acceso digital, cierto poder adquisitivo y educación previa, lo único que estamos haciendo es replicar la exclusión, pero ahora en clave digital.

Por supuesto, hay empresas detrás de estas aplicaciones con la mejor intención y muchísimas ganas de cambiar el mundo. No niego que han dado pasos importantes. El problema es que mientras aumenta el número de herramientas dirigidas al segmento conectado y capaz de pagar por suscripciones, persiste esa brecha para las mujeres en situación de vulnerabilidad. Y no solo hablo de zonas rurales. También en las grandes ciudades hay una legión de mujeres que no aparecen en ningún dashboard, simplemente porque no han llegado a la app adecuada o no pueden pagar por ella.

Desconexión Entre Oferta Innovadora y Necesidad Real

La innovación sin inclusión es, en esencia, una especie de espejismo. Lo ves y parece un oasis, pero si te acercas descubres que no hay agua para todos. América Latina arrastra desigualdades históricas, y, en el mundo FemTech, ese lastre se siente todavía más. Muchas startups solo sobreviven si concentran su desarrollo en nichos con rápida monetización, lo que implica dejar fuera verticales donde la necesidad es urgente pero la capacidad de pago es baja y la rentabilidad, lejana.

¿Resultado? Un ecosistema saturado de aplicaciones que compiten por atraer a la minoría más conectada y solvente, mientras la mayoría sigue esperando protección básica, diagnósticos tempranos o, simplemente, el derecho a gestionar su salud sin obstáculos. ¿Vamos hacia una reproducción de las mismas desigualdades de siempre? Todo apunta a que sí, a menos que empecemos a pedir respuestas más valientes—y a invertir de forma diferente.

  • Aplicaciones de seguimiento menstrual: accesibles, populares, pero con impacto limitado en segmentos vulnerables.
  • Hardware y soluciones médicas avanzadas: casi ausentes en la región, por costes elevados y falta de políticas que apoyen su desarrollo.
  • Información y prevención: aún precaria para todas, salvo quienes ya disfrutan de acceso digital pleno.

¿Qué Está Faltando para Cerrar la Brecha?

Honestamente, falta valentía y visión. El mercado ha demostrado interés y potencial en salud femenina, pero el esfuerzo real por construir inclusión efectiva apenas está empezando. La colaboración con gobiernos, ONGs y entidades educativas podría paliar este desequilibrio, pero esa alianza rara vez se traduce en soluciones tecnológicas tangibles o asequibles.

El reto no es que haya más apps, sino que esas apps lleguen, de verdad, a quienes más las necesitan.

Conclusión del Estado Actual y Sus Desafíos

El FemTech latinoamericano se mueve entre lo prometedor y lo insuficiente. Tenemos tecnología, talento y un ecosistema inquieto, pero tendemos a quedarnos en soluciones cómodas y segmentos de bajo riesgo. Si de verdad queremos una transformación, hay que salir del guion y apostar por áreas críticas, por mucho que el camino parezca incierto o el retorno tarde más en llegar. Innovar significa, aquí y ahora, atreverse a incluir a quienes nunca han estado en la foto.

¿Tienes una idea o experiencia en salud femenina e innovación que quieras compartir? Déjala en los comentarios o escríbeme. Vamos a romper juntos el molde de la salud tecnológica en Latinoamérica.

Panorama del Mercado FemTech: Oportunidades Económicas y Barreras Invisibles

Ahora entramos en terreno pantanoso y, francamente, fascinante: el mercado FemTech en América Latina y su potencial económico real. Cuando la conversación gira en torno a la innovación y la tecnología aplicadas a la salud femenina, la cifra que flota en el aire lo dice todo: más de US$ 100.000 millones de potencial global. Suena a cifra de otro planeta, ¿verdad? Pero, al rascar la superficie, el mercado realmente servible, el famoso SAM (Serviceable Available Market), se queda en US$ 10.000 millones a nivel mundial. Este abismo entre el “qué podría ser” y el “qué es hoy” es el mejor resumen de la historia de FemTech en nuestra región.

¿Por qué sucede esto? La receta incluye varios ingredientes: acceso complicado al capital, escasa cultura de inversión en salud dirigida a mujeres, y una visión demasiado cortoplacista de quienes apuestan por este sector. Hay que decirlo claro: el dinero sigue marcando el menú de opciones, y esas restricciones se notan en cada nueva app y cada pitch deck. Por mucho discurso de empoderamiento, si la ronda de inversión no cierra, la innovación se queda en el PowerPoint.

¿Vale la Pena Apostar por el Mercado FemTech?

La pregunta se la hacen inversores, fundadores y hasta quienes lideran ONGs. Los datos globales pintan un cuadro prometedor: Estados Unidos prevé alcanzar un mercado de US$ 50.000 millones para 2025, según Statista. América Latina, aunque juega en otra liga numérica, crece a un ritmo interesante—y, si miramos las curvas de crecimiento, no hay otro segmento con tanto margen virgen. El problema, claro, es aterrizar esa proyección en realidades de desarrollo desigual y escasez de recursos.

Del lado del emprendimiento, el mercado FemTech tiene esa dualidad difícil de ignorar: por un lado, la cantidad de necesidades desatendidas genera espacio para la innovación auténtica, y, por otro, las barreras de financiamiento y la escasa tradición en salud preventiva femenina hacen que solo florezcan los proyectos de bajo costo o rápida monetización. Es aquí donde el dinero y la estrategia se cruzan, para bien o para mal.

  • Brasil concentra el 49% de las startups FemTech regionales, seguido por Argentina (19%) y México (10%). Esta concentración refleja, entre otras cosas, mercados internos grandes y mayores posibilidades de acceso a capital.
  • Sobre las verticales más rentables, todo apunta a las apps de seguimiento menstrual y fertilidad digital—rápidas de lanzar, más baratas y fáciles de mantener.
  • El SAM latinoamericano aún no supera los US$ 1.000 millones, pero todos los analistas coinciden: si se resuelven los cuellos de botella en inversión, el salto puede ser exponencial.

¿Por Qué Se “Congelan” Nuevas Verticales FemTech?

Aquí llegamos al meollo técnico. Desarrollar una app básica, sea de menstruación, control de síntomas o un simple calendario de ovulación, ronda los US$ 20.000-80.000 de inversión en América Latina. Con un pequeño equipo, prototipo listo en meses y lanzamiento rápido. Pero crear una plataforma para diagnóstico oncológico temprano o un dispositivo portátil de ultrasonido ya se dispara a cientos de miles, cuando no millones. El hardware, ese invitado incómodo, requiere no solo fondos, sino también acceso a laboratorios, normativas sanitarias y músculo logístico. ¿Te suena a ciencia ficción en la región? No andas lejos.

Esta ecuación—mucha necesidad + poca inversión + alta barrera regulatoria = innovación estancada en las zonas cómodas. Por eso, volvemos a ver apps por doquier y ni rastro de tecnología “dura” que podría, en serio, cambiar la vida de millones. Y mientras tanto, los inversores locales y globales siguen mirando hacia los segmentos rentables, dejando al margen las soluciones “difíciles”.

“En el FemTech latinoamericano, la inversión inicial es la llave maestra: define quién innova, en qué vertical y, sobre todo, para quién.”

¿Existen Espacios Sin Explorar?

Lo sorprendente es que, pese a la saturación de apps para menstruación, hay nichos de mercado enteros esperando ser atendidos. Aquí van algunos ejemplos obvios, pero sutilmente ignorados en foros inversores:

  • Salud pélvica postparto y envejecimiento: millones de mujeres enfrentan incontinencia, dolor o disfunciones, pero casi no existen soluciones digitales o de hardware asequibles en la región.
  • Prevención oncológica “low cost”: la incidencia de cáncer de cuello uterino y de mama en América Latina es altísima, y el acceso a testeos sigue lejos de ser universalizado.
  • Gestión integral de la menopausia: apenas se habla del tema en Latinoamérica, cuando en mercados como el británico y estadounidense es tendencia y mueve millones.

¿Por qué nadie se lanza masivamente a estos segmentos? Exacto: la inversión necesaria asusta y el retorno no es tan rápido. Pero el espacio está ahí, con barreras no insuperables, solo carece de visión a largo plazo y de una política sectorial que acompañe.

¿Qué Obstáculos Traba el Despegue Económico del FemTech?

El primer gran obstáculo es el propio ecosistema inversor: en América Latina, el acceso a capital de riesgo para startups de salud femenina es limitado. Apenas el 2,8% del global de VC regional va a startups fundadas o lideradas por mujeres. Y ni hablar de la proporción destinada a soluciones de hardware médico o plataformas de diagnóstico, que bordean casi la invisibilidad. A esto, súmale:

  • Regulaciones confusas o cambiantes que ralentizan el lanzamiento de soluciones médicas.
  • Desconfianza de los fondos tradicionales para invertir en necesidades no percibidas como “urgentes” o “de rápida monetización”.
  • Falta de datos sanitarios abiertos o sistemas interoperables que permitan construir herramientas transversales.
  • Poca interlocución entre sectores público, privado y académico para definir consensos de inversión y validación tecnológica.

La consecuencia es directa: muchísimas ideas y prototipos nunca ven la luz por pura falta de músculo económico y burocracia casi kafkiana. Y eso crea un círculo vicioso: se invierte donde es sencillo, se innova poco, y el mercado servible regional crece a cuentagotas.

El potencial de US$ 100.000 millones existe solo en los papeles si no se suman actores dispuestos a apostar “donde duele y donde importa”.

¿El Mercado Justifica Más Riesgo?

Aquí quiero ser claro: sí, lo justifica. Las tendencias mundiales y datos demográficos hablan por sí solos. En América Latina, más de 200 millones de mujeres en edad reproductiva o mayores representan un universo de necesidades insatisfechas. El gasto anual en salud femenina y productos relacionados sigue creciendo, incluso en contextos de crisis. Y hay señales inequívocas de que, cuando existen opciones confiables y asequibles, la adopción es masiva. El problema es que nadie quiere ser el primero en apostar a soluciones menos “glamurosas” pero más transformadoras.

Los fondos internacionales comienzan a mirar más allá de Silicon Valley—pero a menudo les faltan aliados en la región y no comprenden las particularidades locales. Es ahí donde actores locales podrían aprovechar la ventaja competitiva, sobre todo si conocen las brechas culturales y estructurales que impiden escalar más allá de la primera ronda de capital.

¿Cómo Escalar la Diversificación y el Impacto?

Dicho todo esto, la diversificación en FemTech no sucede sola. No basta con definir la oportunidad: se necesita una estrategia coral, donde el dinero privado conviva con incentivos estatales y modelos de colaboración público-privados. Y, sobre todo, una visión inversora menos obsesionada con el retorno inmediato y más dispuesta a apostar por el cambio sistémico.

Algunos caminos que pueden detonar un salto de escala:

  • Marcos regulatorios ágiles que faciliten pruebas piloto, con acceso “sandboxes” sanitarios para hardware y software.
  • Incentivos fiscales a la inversión en salud femenina.
  • Creación de fondos de coinversión público-privada para segmentos “difíciles”, desde salud materna hasta prevención oncológica.
  • Programas de aceleración sectorial con financiamiento semilla y mentoría específica en FemTech.

Ninguna de estas ideas se va a materializar sin presión social, lobby institucional y un cambio en la narrativa sobre salud femenina; dejar de ver FemTech como un nicho exótico y mirarlo como el próximo gran salto en la innovación sanitaria y tecnológica latinoamericana.

“La innovación FemTech será tan grande como la valentía inversora y la visión de quienes se atrevan a salir del camino cómodo.”

¿Has encontrado una oportunidad FemTech que nadie está aprovechando? ¿Crees que el mercado se mueve lento por miedo o por falta de información? Comparte tu visión y sumemos ideas para romper el estancamiento en la salud femenina latinoamericana.

Comparativa Internacional: ¿Qué Podemos Aprender de Otras Regiones para Impulsar la FemTech Latina?

Si el FemTech latinoamericano estuviera en una carrera, los países nórdicos le sacarían varias vueltas de ventaja mientras el resto del mundo, salvo alguna excepción puntual, corre como puede en campos encharcados. Tirando del hilo internacional, hay un patrón que se repite: concentración en verticales de salud reproductiva y poca, poquísima, imaginación (o coraje) para incursionar en áreas críticas que, honestamente, no cotizan alto pero cambian vidas. Ahora bien, ¿qué hace diferente al norte de Europa? ¿Solo dinero? ¿O hay algo más estructural que América Latina puede adaptar en vez de solo envidiar?

¿Por qué en los Países Nórdicos el FemTech Realmente Avanza?

No hay que irse muy lejos para encontrar la explicación. En Suecia, Dinamarca o Finlandia—y, ojo, hasta cierto punto en Holanda y Alemania—las políticas públicas de salud femenina han existido desde hace décadas, incluso antes de que “femtech” fuera un término propio. Aquí la inversión estatal sistemática se combina con cultura de prevención, datos abiertos y una visión política que entiende la salud de las mujeres como un asunto de infraestructura nacional. ¿Resultado? El ecosistema FemTech crece más allá de las apps de calendario menstrual y se atreve con hardware, pruebas clínicas, educación integral y hasta salud mental asociada a cambios hormonales.

A lo anterior se suma la presión de la sociedad civil. En países como Finlandia es habitual que ONGs, asociaciones de pacientes y grupos de investigación impulsen cambios regulatorios. El ecosistema inversor, por tanto, se acostumbra a compartir el riesgo: fondos privados, públicos y hasta colaboraciones internacionales empujan proyectos que, en Latinoamérica, ni pasarían la primera ronda de “pitch”.

“Invertir en salud integral femenina no es caridad; en los nórdicos es política de Estado y fuente de innovación constante.”

Estados Unidos y Reino Unido: Mucho Dinero, Pocos Cambios de Fondo

Ahora, pasemos al gigante estadounidense. Es el mayor mercado FemTech en números absolutos (potencial de US$ 50.000 millones para 2025). Parece el paraíso de las oportunidades: gigantes de la tecnología, fondos de inversión, universidades top y cultura emprendedora por donde mires. Pero, sorpresa, el patrón de concentración es casi idéntico al latino: apps para monitorizar ciclos, plataformas de telemedicina con foco en fertilidad y un sinfín de soluciones enfocadas en la “mujer blanca urbana con seguro privado”. Hardware, prevención de cáncer o salud de minorías quedan a menudo fuera de la ecuación.

¿La diferencia fundamental? El músculo financiero. En Silicon Valley, lanzar una ronda semilla de siete cifras no es utopía, así que algunos valientes logran escalar proyectos más costosos. Sin embargo, sólo 2,8% del VC mundial se dirige a startups fundadas o lideradas por mujeres. El sesgo de género contamina tanto el acceso a capital como la perspectiva de innovación—y eso se traduce en que muchas soluciones nacen mirando el ticket promedio más jugoso y la menor cantidad de regulaciones posibles. Al margen, claro está, quedan millones de usuarias reales.

En Reino Unido hay señales más “frescas”: un ecosistema digital floreciente, avances en soluciones para menopausia, programas públicos de subsidio parcial a empresas que desarrollan tecnología sanitaria, y un empuje sectorial que empieza a interconectar salud pública y startups (hay, incluso, sandboxes regulatorios que funcionan). Pero aún falta ampliar el foco hacia segmentos vulnerables y resolver la brecha de inversión de género.

¿Cómo Afecta la Falta de Políticas Públicas en América Latina?

Aquí tú y yo lo sabemos: sin apoyo estatal, la innovación muere antes de nacer, sobre todo si hablamos de salud. Latinoamérica arrastra una tradición—demasiado fuerte—de dejar toda la carga al sector privado o, peor, a filantropía de ocasión. ¿El resultado? Verticales enteras sin cobertura. No hay financiamiento a fondo perdido, ni incentivos fiscales atractivos, mucho menos legislación que facilite colaboraciones reales entre startups, hospitales públicos y laboratorios universitarios. Tres ministerios mirando para distinto lado y ni un solo programa de coinversión nacional.

El contraste con los nórdicos es brutal: allí existen becas, premios y hasta aceleradoras públicas 100% centradas en salud femenina. ¿Qué podría copiar América Latina? Fácil: crear fondos mixtos, fomentar la compra pública innovadora (¡el Estado como primer cliente, no el último!), diseñar programas de pilotaje que conecten ciencia, tecnología y sector salud en un mismo canal.

“La salud femenina no puede ser solo moda inversora: necesita ser política pública prioritaria y motor transversal de desarrollo.”

¿Dónde Está el Pivote de Innovación: Capital, Cultura o Regulación?

Muchos expertos insisten en que el dinero lo explica todo. Yo pienso que la ecuación es más profunda. La raíz del estancamiento latino no está solo en falta de inversión, sino en una cultura de salud fragmentada y una regulación que, cuando existe, tiende más a prohibir que a facilitar. La ausencia de datos de calidad y la desconfianza entre actores públicos y privados generan un caldo de cultivo para la inercia. ¿Qué ocurre en los ecosistemas que despegan? Hay marcos normativos flexibles, mapas de datos abiertos y, sobre todo, un relato social compartido: que la salud integral femenina no es “gasto”, sino plataforma para bienestar y productividad colectiva.

¿Qué Lecciones Nos Deja el Mundo para Repensar la FemTech Latina?

  • Impulsar marcos regulatorios innovadores: Los sandboxes regulatorios han permitido en otros países lanzar pilotos sin necesidad de cumplir 100% de la regulación definitiva—clave para hardware y diagnóstico.
  • Transparentar datos de salud: El acceso a datos abiertos favorece el diseño de soluciones personalizadas y reales, no producto de intuiciones con sesgo de clase.
  • Invertir en educación y prevención: Allí donde la prevención es política transversal, la demanda por tecnología disruptiva crece, y el mercado se multiplica de abajo hacia arriba.
  • Crear fondos y aceleradoras públicas para FemTech: Si el Estado entra desde el principio, existe menos aversión al riesgo y mayor capacidad para enfrentar retos de hardware o verticales “difíciles”.
  • Fomentar participación real de mujeres: Los países líderes tienen ecosistemas con mujeres creando, decidiendo e invirtiendo, no solo participando como consumidoras finales.

No se trata de calcar modelos, sino de adaptar las experiencias internacionales a la idiosincrasia latina: negociar una cultura colaborativa entre público y privado, pensar la salud integral desde la prevención y, sobre todo, ser tercos. Si los nórdicos escalan hardware y dan servicios gratuitos a toda la población, aquí podemos anclar alianzas entre ministerios, fondos de impacto y ONGs para abrir nuevas verticales y cerrar una vez por todas la brecha de igualdad.

FemTech solo es sostenible cuando la innovación dialoga con políticas públicas visionarias y lleva la inclusión como bandera, no como eslogan.

¿Qué estrategias crees que podrían multiplicar el impacto de la FemTech latinoamericana? Si te inspiran los modelos internacionales o tienes ideas para sumar a la conversación, este es tu espacio. Déjalo en los comentarios y sigamos aprendiendo—no para copiar, sino para transformar nuestro ecosistema y hacerlo realmente diverso e inclusivo.

Propuestas para Diversificar e Invertir en FemTech Latina: Estrategias Fuera del Guion

Llegados aquí, lo de “más inversión” ya no basta. Para que el FemTech latinoamericano deje de orbitar la comodidad y aterrice en una verdadera innovación en salud femenina, la receta exige ingredientes nuevos: audacia inversora, políticas públicas inteligentes y, sobre todo, una mirada realista sobre inclusión. ¿Por dónde empezar? Voy con ideas que pueden romper el bucle de apps clónicas y, de paso, abrirle la puerta a millones de mujeres que hoy ni figuran en la foto.

¿Cómo se invierte donde nadie quiere mirar?

Primero, hay que cambiar el chip del inversor tradicional. No todo retorno es inmediato y, a veces, ganar mercado es sinónimo de sembrar en terrenos “duros”. Si el hardware médico sigue siendo el “cuco” del ecosistema, la colaboración es el hilo conductor: ¿por qué no impulsar fondos de coinversión entre Estado, empresas y ONGs? Si el Estado asume el riesgo inicial—con incentivos fiscales claros o compras públicas adelantadas—el privado responde. Brasil arrancó así en sectores de biotecnología y, aunque lento, el efecto dominó llegó: más prototipos y escalabilidad real.

  • Coworking y laboratorios ubicados en hospitales públicos: ¿Por qué tantas startups diseñan desde lejos lo que ocurre en quirófanos o consultorios rurales? Crear living labs femtech en red permite diseñar soluciones con datos y necesidades auténticas, no supuestos de PowerPoint.
  • Premios y convocatorias para retos reales: Un pool de dinero dirigido a proyectos sobre salud pélvica, prevención de cáncer o menopausia puede transformarse en un hito. Si las aceleradoras y fondos solo exigen MVPs de apps menstruales, nunca habrá motivación para lanzarse a la piscina de la salud integral.
  • Modelos de negocio escalables y asequibles: ¿Por qué no mirar soluciones híbridas—bajos márgenes o pagos cruzados—que permitan a las startups FemTech atender segmentos vulnerables sin renunciar a la rentabilidad? Cuando fintechs rompieron el mercado con cuentas gratis y servicios plus, la salud femenina puede replicar esa lógica.
  • Incentivos para equipos liderados por mujeres: El 2,8% de VC no alcanza ni a cubrir lo básico. Cupos y ventajas fiscales o regulatorias para empresas femeninas no son un premio de consolación, son condiciones mínimas para equilibrar la cancha. La diversidad a nivel de dirección cambia, por fin, lo que se diseña y a quién se atiende.
  • Asociaciones transversales con ONGs, universidades y gobiernos locales: El Estado no lo puede todo, pero tampoco vale mirar hacia otro lado. Programas mixtos de prevención y tecnología, desplegados en territorio y no solo en el app store, multiplican el impacto y visibilizan la urgencia de nuevos verticales—desde salud adolescente hasta geriatría femenina.
  • Educación y acceso híbrido: Asegurar centros comunitarios, espacios rurales o ferias itinerantes donde el acceso digital sea secundario pero la información y prevención lleguen igual. La salud digital no puede ser sinónimo de “todo online”; lo híbrido, en América Latina, es lo verdaderamente inclusivo.

¿Por qué seguimos ignorando las verticales “difíciles”?

Muchos fondos te dirán: “Eso no se puede escalar, es lento, necesita alianzas complejas.” Excusas, para mi gusto. Todo gran mercado fue “difícil” hasta que alguien lo tomó en serio. El día que el hardware portátil, los sistemas de monitoreo remoto o las plataformas de diagnóstico oncológico tengan un empujón estatal similar al de las fintechs, veremos un giro real en salud femenina. Así que, sí, las apuestas pueden tardar en madurar, pero el diferencial competitivo llega con el primer caso de éxito local y la viralidad que da solucionar un problema real (no uno teórico).

“Si vas a cambiar el juego, necesitas invertir donde duele: en segmentos ignorados, con necesidades de verdad y comunidades listas para saltar de espectadoras a protagonistas.”

¿Y qué hay de las regulaciones? ¿Se puede innovar sin ahogarse en papeles?

Sí, siempre que la autoridad quiera jugar del lado de la innovación responsable. Sandboxes regulatorios—espacios de prueba controlados, con normativas flexibles—han funcionado en Reino Unido, Suecia y hasta Chile en fintech. ¿Por qué no llevar el modelo a FemTech? Pruebas piloto sin la presión exhaustiva de la regulación definitiva abren la puerta a hardware, software y modelos de salud digital que, de otra manera, ni empezarían. Autoridades sanitarias, asociaciones y startups deberían tener una mesa de diálogo abierta, recurrente y vinculante.

¿Cómo romper la lógica de la “app para quien puede pagar”?

Basta mirar la desigualdad digital para saber que el formato solo app perpetúa la exclusión. Soluciones mixtas—con presencialidad, materiales impresos, alianzas con farmacias comunitarias o telemedicina offline—deberían ser regla, no rareza. Si la información y la prevención llegan solo por el móvil, la mayor parte de la región seguirá esperando. Basta de ideas para unicornios urbanos que ignoran a la mayoría.

¿Qué se necesita realmente para el salto? Te lo digo sin vueltas:

  • Foco en salud integral, no solo reproductiva: Reescribir la agenda regional, priorizando prevención oncológica, salud pélvica, menopausia, salud mental y prevención de violencia.
  • Instrumentos de financiamiento público y privado, ex profeso para riesgos altos: Nada de solo créditos. Subvenciones, premios, programas de matching funds y hasta cupos para pilots con actores públicos (hospitales, municipalidades).
  • Datos abiertos y mapeo colaborativo: La innovación surge de saber dónde duele el zapato en tiempo real. Un ecosistema FemTech sin datos locales y abiertos termina diseñando para fantasmas.
  • Acuerdos regionales para escalar soluciones: Si Brasil, Argentina y México pueden unirse en agritech, ¿por qué no en salud tecnológica? Compartir pilots, invertir en lote, coproducir soluciones regionales.
  • Capacitación de equipos híbridos: Sumar perfiles técnicos, clínicos, sociales y de negocio. Un equipo solo digital se queda corto si quiere entender la complejidad de la salud femenina en contextos reales.

“La tecnología solo será inclusiva cuando se arme con empatía, conocimiento local y suficiente terquedad para desafiar lo que ‘no se puede’.”

El próximo capítulo del FemTech latinoamericano no lo escribirán los unicornios de siempre. Lo van a marcar quienes, pese a las barreras, apuesten por inversión valiente, regulación proactiva y alianzas raras pero eficaces. Hay espacio (y necesidad a gritos) para soluciones de hardware, prevención oncológica, salud pélvica y mental, menopausia y, sobre todo, modelos enfocados en las mujeres “invisibles”: rurales, mayores, vulnerables o fuera del radar digital.

En resumen: la salud femenina se juega en los márgenes. Quien invierta en zonas de riesgo hoy, capitaliza la ola de transformación mañana—con un diferencial de impacto social y una base de usuarias fieles que ninguna app genérica podrá quitarle. Así que la invitación está abierta: invertir en FemTech es apostar por la auténtica disrupción en el mundo de la salud.

¿Te animas a salir de la zona cómoda y sumarte a la revolución real de la FemTech en América Latina? Comparte tu experiencia, idea o propuesta en los comentarios, o escríbeme directamente para colaborar. El momento de transformar el ecosistema es ahora: empujemos juntos la próxima generación de salud femenina en la región.

Fuente: Femtech: La oportunidad de US$100.000 millones para innovar en salud femenina en América Latina (Forbes Argentina)

Sergio Jiménez Mazure

Sergio Jiménez Mazure

Especialista en Inteligencia Artificial y Automatización B2B. Fundador de Innovación IA, dedicado a ayudar a empresas a integrar tecnologías cognitivas para maximizar su eficiencia operativa.

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