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Noticias Innovación IA2 de enero de 2026Por Sergio Jiménez Mazure

Cómo la robótica humanoide de CATL revoluciona la industria y la seguridad laboral

Cómo la robótica humanoide de CATL revoluciona la industria y la seguridad laboral

Te soy sincero: todavía no asimilo del todo lo que esto significa para el mundo industrial. Pero ahí está la noticia —con sus luces y sus chispas— y rompe moldes. CATL, ese gigante chino de las baterías que probablemente tengas en algún móvil o coche eléctrico, ha hecho lo que muchas compañías contaban como ciencia ficción hace dos años: desplegó en masa robots humanoides Moz en su planta de Luoyang. No es un experimento ni un vídeo viral para captar inversores. Es una operación diaria, real, con todas las letras.

La escena, por si no la tienes clara: Moz es un robot fabricado por Spirit AI (empresa creada en Hangzhou hace poco pero con 185 millones de dólares ya en el bolsillo, según leí hace poco en una nota de prensa; esto sí que es velocidad). Se mueve entre estaciones de ensamblaje, se enfrenta a conexiones de baterías de alto voltaje de esas que, si fallas, no te cuento la chispa que sueltas. Antes, esa faena era para personas con guantes, casco, nervios a flor de piel y la eterna pregunta: ¿hoy saltará el fusible?

Un solo fallo podía significar desde un susto hasta una baja médica; más común de lo que imaginas cuando el cable baila y suena ese chispazo de cientos de voltios. — Técnico de CATL, Luoyang

Pues el robot Moz aguanta la presión y la supera de largo. Los datos —y es aquí donde mi vena de consultor se emociona— hablan por sí solos: 99% de aciertos en la tarea más arriesgada de la sala, triplicando la carga diaria que un operario humano puede manejar. Trabaja sin fatiga, no se queja ni pide café y, lo esencial, elimina el riesgo de descarga o lesiones en la línea de montaje. Según los ingenieros de CATL, desde la implantación, la tasa de incidentes eléctricos entre operarios cayó a prácticamente cero en ese tramo del proceso. Y eso, al final, cambia todo.

Por si estás preguntándote si esto es solo una máquina tonta y repetitiva, nada que ver. Estos Moz no están encajados en jaulas ni fichan solo al entrar: cada robot entiende la posición de los conectores y adapta su fuerza y movimientos sobre la marcha. Si me dices que un humano puede hacer lo mismo mientras charla o mira el reloj, igual te creo en otro contexto; aquí, el margen de error es mínimo y la presión, máxima.

¿Por qué es noticia grande? Porque CATL no habla de un par de robots de prueba, habla de un despliegue a gran escala y permanente. Eso —palabra clave permanente— marca una frontera. Pasamos de prototipos en laboratorios o videos para inversores, a una sala de montaje donde Moz lleva el mono azul y saca el trabajo del día, todos los días, sin dramas.

Un colega en Madrid me lo resumió así, medio en broma, medio serio: “Es como contratar a un técnico que no duerme ni pide aumento. Y justo antes de la huelga de navidad.” Curioso, ¿no?

¿Qué hacían antes los humanos en CATL?

La conexión de enchufes de baterías de alto voltaje es una de esas tareas que pocos querían y muchos temían. Piénsalo: cables rígidos, conectores pesados, voltajes que te ponen los pelos de punta. El margen de error es nulo y cualquier despiste sale caro. En fábricas como la de Luoyang, lo normal era rotar turnos cortos, formar a los técnicos una y otra vez y cruzar los dedos cada día para que nadie sufriera un accidente. No es un dato menor: el sector automotriz chino registra cientos de incidencias eléctricas al año según informes internos recientes.

Ahora, Moz asume el trabajo pesado. Llega, escanea la posición, ajusta el conector si hace falta, y ejecuta la maniobra con la precisión de un cirujano… eléctrico. Si detecta algo raro —un cable más rígido, una posición desviada, incluso chispas inesperadas—, el propio robot se pone en modo revisión, detiene el proceso y avisa instantáneo al supervisor humano. Ningún operador queda cerca del peligro. Los números mandan: producción arriba, riesgos abajo.

Ritmo de fábrica sin pausas, ni humanos agotados

Esto es, para mí, uno de los puntos más bestias: Moz trabaja sin pausas ni errores por cansancio. Mientras una cuadrilla humana tradicional habría conectado quizá unas 250 baterías en un turno largo de 8 horas, Moz puede manejar hasta 700 —y sin cargar energías (nunca mejor dicho). Lo que al principio sonaba a promesa de brochure tecnológico, sucede ahora en Luoyang a diario.

Todo esto, por cierto, bajo la mirada atenta de los ingenieros de CATL y los inversores que apuestan a que esta movida será el primer dominó de una cadena impresionante. Para muestra, la inversión en Spirit AI la lideran fondos como Borui Capital (donde está Li Ping, cofundador de CATL). No es casualidad: apuestan por una integración vertical frenética, marcando el ritmo de lo que yo llamaría la próxima fiebre del oro, versión embodied AI.

¿Cómo logró China este despliegue pionero?

Pues aquí es donde China juega carta aparte. CATL —y otras fábricas— no espera a la validación internacional ni a la ISO más estricta antes de saltar al ruedo. Apoyados por una red de startups locales, fondos propios y una regulación más laxa para pruebas productivas, lanzan proyectos a escala que otros aún testean en laboratorios. El resultado es claro: robot Moz trabajando codo a codo con humanos en grandes plantas y cambiando la narrativa industrial.

“La chispa que antes asustaba ahora marca el ritmo del trabajo en CATL. Moz llegó para quedarse.” — Jefe de línea, CATL Luoyang

Personalmente, lo he vivido —aunque en otro nivel— con clientes ecuatorianos del sector manufacturero cuando empiezan a abrazar tecnología colaborativa. El salto de mentalidad que provocan estos hitos tecnológicos, a veces, pesa tanto como el hardware en sí.

¿Qué viene después para la robótica humanoide industrial?

Este primer punto del hito de robótica humanoide en China ni es un punto final ni mucho menos. Es la ficha que mueve el tablero. Ahora, con Moz al mando de tareas de alto riesgo en CATL, la gran pregunta se extiende a toda la industria: ¿dónde pondremos el siguiente robot? ¿Qué otras tareas cambiarán de manos —o, mejor dicho, de brazos metálicos?

Bueno, si tú gestionas una planta, piensas en seguridad o te dedicas a formación en IA, este tipo de despliegues ya no es tema de ciencia ficción. Es presente, y se siente acelerado.
Si tienes interés en cómo comienza esto a escalar, ponte cómodo, porque la serie de posts que voy a compartir aquí profundizan en la parte técnica, los desafíos globales y —ojo— el impacto en el empleo y la economía que, al final, termina tocándonos a todos.

¿Tienes experiencias o dudas sobre robótica humanoide en tu sector? Conversemos aquí.

Snippet resumen:
CATL marca un hito histórico: robots humanoides Moz de Spirit AI ya reemplazan tareas de alto riesgo en sus plantas en China.

Innovaciones tecnológicas en la robótica: el modelo “Visión-Lenguaje-Acción” lleva la IA de los humanoides a otro nivel

Hablar de robots humanoides en la fábrica de CATL es solo la superficie. Aquí lo verdaderamente rompedor —y lo que para mí define el futuro de la IA personificada— es cómo piensa, ve y actúa el robot Moz de Spirit AI. Ya no hablamos de un brazo hidráulico siguiendo siempre la misma rutina predecible. Imagínate, en vez de un robot que hace exactamente lo que le ordenas, uno capaz de interpretar cambios imprevistos sobre el terreno, de leer situaciones como lo haría cualquier técnico experimentado, y de ajustar movimientos al milímetro sin el menor titubeo. Eso es “Visión-Lenguaje-Acción”. Y, sí, suena a ciencia ficción, pero lo tienes operativo —y en serie— ahora mismo en China.

¿De qué va este modelo? Básicamente, es como ponerle ojos, oído y manos inteligentes al software tradicional de una máquina. Es decir, el robot Moz combina tres cerebros en uno:

  • Visión artificial — Capta el entorno como lo haría un humano, pero con sensores ópticos y cámaras de alta resolución. Puede distinguir conectores, cables y variaciones tan pequeñas que a simple vista se escaparían a cualquier operario con mil turnos a la espalda.
  • Lenguaje integrado — No se limita a seguir programaciones cerradas. Interpreta instrucciones complejas (“conecta el cable si la temperatura no sobrepasa tal cifra”), aprende patrones a partir de conversaciones técnicas y detecta matices contextuales (por ejemplo, si un supervisor introduce cambios en el proceso sobre la marcha).
  • Acción motora adaptativa — Esta es la salsa: Moz mueve brazos, pinzas y herramientas con precisión dinámica. Si hay un obstáculo inesperado, lo esquiva; si el cable está fuera de sitio, calcula la fuerza y la trayectoria como si fuera un fisioterapeuta con GPS en las muñecas.

“Ver a Moz ajustando un conector fuera de eje, detectando una torsión rara y reposicionando sin maltratar el cable, es casi poético. Y cero margen de error.” — Supervisor de tecnología, CATL

Lo más bestia de este modelo híbrido de IA es cómo une visión y acción en tiempo real. Pongamos un caso típico en la planta de Luoyang: llega una tanda de baterías con los conectores ligeramente desplazados tras un pequeño fallo en la línea de transporte. Un robot convencional pararía todo para pedir ayuda; Moz, en cambio, detecta el cambio a través de sus cámaras, entiende que la tarea requiere una leve corrección y ejecuta la maniobra sin interrumpir el flujo. Así es cómo logran esos índices de acierto superiores al 99%, que me parecen una locura en un entorno tan hostil y variable.

Si hablamos de seguridad laboral, la diferencia es palpable. Antes, los técnicos debían memorizar gestos seguros, aprender a mirar los reflejos de los cables, calibrar cada movimiento y, aún así, jugársela si la fatiga o el miedo hacían de las suyas. Con Moz, el proceso se convierte en una orquesta guiada por datos: si surge una anomalía térmica, detecta chispas o las pinzas notan más resistencia de la prevista, el sistema lanza una alerta automática o entra en modo diagnóstico —todo en décimas de segundo. Ningún humano expuesto a la descarga, nadie arriesgando la salud por un cable torcido.

¿Cómo aprende y mejora la IA humanoide?

Algunos me preguntan, ¿de verdad estos robots humanoides “aprenden” o solo repiten lo que les programan? Buena pregunta. Aquí va la diferencia clave: mientras el robot industrial clásico repite secuencias cerradas (desatornilla, mueve, coloca), Moz —y sus parientes de la nueva ola de IA— cuentan con modelos de aprendizaje profundo entrenados con cientos de escenarios reales. Según fuentes internas que consulté para una charla reciente, Spirit AI actualiza su sistema central a diario con retroalimentación de cada robot desplegado; algo así como si cada operario humano dejara un diario con trucos, errores y soluciones. La red neuronal recoge estos datos, ajusta algoritmos y retransmite mejoras a todos los robots conectados. De ahí la escalabilidad.

  • Si un Moz en Luoyang enfrenta un nuevo tipo de conector y aprende a manipularlo, ese aprendizaje viaja a la nube y lo reciben todas las unidades Moz del mundo, en cuestión de horas.
  • Cada lote de producción sirve de campo de entrenamiento; cuanto más trabaja la flota, más fiable y versátil se vuelve. La teoría del “colega ayudando a colega” aquí es literal, solo que entre cerebros electrónicos.

“En nuestra experiencia, la clave no es solo el sensor o la garra articulada; es el software conectado que aprovecha la experiencia colectiva de todos los robots de la red.” — Ingeniero de planta, Hangzhou

Si alguna vez has intentado instalar un robot colaborativo típico en una pyme en Quito (como yo con un cliente hace dos años), sabes el drama que es recalibrar ante cada pequeño cambio físico. Aquí, sin exagerar, la inteligencia artificial embodied permite implementar procesos mucho menos dependientes de técnicos externos para ajustes o averías menores. Es otra liga.

¿Por qué la IA ‘Visión-Lenguaje-Acción’ marca un antes y un después?

Esta forma de dotar “sentido y decisión” a los robots transforma todo el juego en la industria 4.0. Primero, porque libera a las personas de tareas peligrosas, imprevisibles y, sobre todo, agotadoras; segundo, porque abre la puerta a nuevas aplicaciones mucho más allá del ensamblaje de baterías eléctricas. La IA personificada —tema que cada vez suena más en foros internacionales— permite que las máquinas interpreten el entorno físico de manera parecida a cómo lo hacemos tú o yo, pero con menos miedo y sin perder detalle por cansancio.

Eso sí, aquí no todo es color de rosa. Leí en un análisis de Morgan Stanley que, aunque los algoritmos mejoran a paso de gigante, los retos hardware siguen ahí: sensores que fallan, pinzas que se desgastan antes de tiempo, software que se lía en algún paso raro. Spirit AI y otros jugadores dan saltos, pero aún toca pulir muchas piezas. Aun así, tener una tasa de éxito cercana al 99% en tareas de alto voltaje en plantas vivas —no en laboratorios simulados— es, simplemente, un cambio de paradigma para cualquier gerente de producción serio.

¿Qué se siente ante un robot que realmente ve y decide?

Las primeras veces que lo ves te deja raro. En las fábricas de CATL, los trabajadores cuentan que, en vez de sentir amenaza, terminan admirando la precisión con la que Moz hace su trabajo. Un operario en Luoyang lo describió con humor: “Es como formar a un aprendiz japonés muy aplicado, pero que nunca pregunta si puede saltarse el café del lunes.” Y claro, eso nuevo genera debate sobre roles humanos, pero también cierta fascinación; ver a Moz girar y reposicionar un cable sin romper nada, cuando tú ibas a llamar al supervisor, también tranquiliza. Al menos, no tienes que jugarte el pellejo a diario.

En América Latina, todavía nos suena lejana la integración de esta tecnología, pero ya se ven casos en empresas que adoptan cobots y buscan emular procesos de reskilling al estilo de Spirit AI. Es cuestión de tiempo (y presión competitiva) que sistemas de visión-lenguaje-acción lleguen a ensambladoras de Quito o Guayaquil. Si te pasa igual y ves que tu fábrica comienza a incorporar IA para control de calidad o manipulación inteligente, no lo dudes: es el momento de sumarte, porque aquí se define quién lidera en la nueva economía industrial.

¿Hasta dónde puede llegar Moz y otros robots IA en la fábrica?

  • Calidad constante: La IA reduce errores por cansancio o rutina; cada batería ensamblada pasa por el mismo filtro, sin desfases entre turnos diurnos y nocturnos.
  • Flexibilidad ante imprevistos: Si cambian el tipo de conector o la disposición del circuito, Moz no colapsa: ajusta parámetros y actúa en consecuencia.
  • Datos en tiempo real: Cada acción queda registrada; eso facilita auditorías, mantenimiento predictivo y mejora continua, sin esperar informes semanales a posteriori.
  • Seguridad laboral exponencial: Menos exposición humana a altos voltajes, sustancias tóxicas o fatiga mecánica propia de turnos largos.

A efectos prácticos, y como lo he probado con clientes que exploran IA amigable en industria alimentaria en Ambato, la combinación de detección avanzada + respuesta motora inteligente equivale a tener un operario experto siempre atento. Pero con dos matices: jamás se distrae ni guarda rencor a la máquina si hay un fallo.

Da para pensarse en serio cómo estos modelos IA, que hoy revolucionan fábricas en China, pronto van a definir la competitividad en Latinoamérica. ¿Vas a esperar a que sea obligatorio o te adelantas con un piloto pequeño en tu sector?

¿Tienes curiosidad por la IA visión-lenguaje-acción en tu industria? Escríbeme y vemos casos reales.

Snippet resumen:
El modelo “Visión-Lenguaje-Acción” de los robots Moz en CATL integra IA, visión y acción, marcando el futuro de la robótica industrial.

Panorama global y competencia en robótica: ¿cuán lejos estamos del ‘Moz europeo’?

No sé tú, pero cada vez que leo titulares sobre robótica humanoide industrial en China y veo la velocidad a la que lanzan prototipos —y no cualquier prototipo: robots trabajando a diario en plantas reales— me vienen dos palabras a la cabeza: presión y reacción. Porque, te guste o no, lo que ocurre en CATL con Moz está encendiendo motores en medio mundo. ¿Quién quiere quedarse fuera de la próxima transformación industrial masiva?

Ahora bien, ¿cómo van el resto, especialmente Europa y Estados Unidos? Hay mucho ruido, vídeos de robots bailando en YouTube y cientos de notas de prensa, pero si te pones a rascar debajo de tanta expectativa, la realidad es… más compleja. Tienes pilotos reales —sí, ya hay humanoides que montan tornillos en fábricas alemanas— aunque a ritmos y escalas muy diferenciados de la ofensiva china. Ojo que esto no va de ciencia ficción, sino de quién se lleva el pastel del futuro económico. Y los gigantes europeos ya están reaccionando, con apuestas millonarias y bastante presión en la agenda.

¿Qué pasa en Europa? Factor tiempo y precisión

En diciembre de 2025, Mercedes-Benz y BMW dieron luz verde a las primeras pruebas de robots humanoides en sus factorías de Alemania. No es casual: ambas luchan por mantener la corona en la industria de automoción premium. Según fuentes del sector —y aquí cito una charla que tuve con un formador de ingeniería de BMW en Múnich— la orden era clara: “Si los chinos pueden ensamblar baterías con robots autónomos, aquí o aceleramos o nos pasan por encima en calidad, seguridad y costes.”

La diferencia fundamental es el enfoque: mientras la estrategia China apuesta por la integración veloz y la escala en masa (sin miedo a fallar en producción y corregir sobre la marcha), los europeos siguen otra regla: prototipado y pruebas exhaustivas en tareas de alta precisión, buscando no perder ni un milímetro de control cuando la cosa se pone fina. Es típico del estilo alemán: antes muerto que improvisando demasiado. Pero esto implica ritmos más lentos y despliegues mucho menos espectaculares a corto plazo.

Por ejemplo, los robots en la planta de Sindelfingen de Mercedes ensamblan componentes específicos bajo la supervisión continua de ingenieros humanos. El reto es que la autonomía real todavía cojea: fallos inesperados, tropiezos con sensores y una dependencia importante de teleoperadores “en la sombra” que ayudan al robot cuando se lía. Un experto de la universidad técnica de Múnich lo decía sin rodeos hace unos meses: “La autonomía total llegará, pero queda lejos. Ahora mismo, la mayoría de humanoides necesita ayudita tras bambalinas para no liarla en momentos críticos.”

“Europa avanza, pero prefiere pecar de lenta antes que tirar a la piscina sin analizar cada defecto de hardware y software.” — Ingeniero de Mercedes-Benz, Stuttgart

Mientras tanto, la estrategia de financiación diverge. Donde Spirit AI levantó casi 185 millones de dólares en tres rondas en menos de dos años, los fondos europeos son (por ahora) más reacios a quemar etapas sin validar hardware estable. Eso significa que veremos humanoides en BMW y Mercedes, pero —siendo claros— a cuentagotas y con mucha cautela en las líneas. Europa no quiere otro “Dieselgate”, pero el coste es la lentitud.

¿Estados Unidos? Tesla y la eterna demo… y startups que pelean contra la física

En Estados Unidos la narrativa la marca, casi siempre, Tesla y su Optimus Gen 3. Elon Musk vende la idea del robot doméstico/cotidiano capaz de barrer, montar muebles o hacer tareas repetitivas en la línea de producción. Hasta ahora, la prensa recoge avances en tareas repetitivas —colocar cosas en cajas, mover palets pequeños— pero, según Morgan Stanley y analistas del sector, la autonomía no pasa aún de entornos cerrados y muy controlados. Vamos, nada que ver con la agresividad de Spirit AI poniendo Moz a conectar voltajes en una planta viva.

Otra historia es la de las startups nórdicas como 1X. Con Neo Beta han lanzado la venta directa de un robot para el hogar (tareas simples tipo limpiar la cocina), pero la realidad es poco sexy: cuesta 20.000 dólares y tarda 45 minutos en limpiar un lavavajillas, aunque, vale, nunca se harta ni se queja. Aquí queda claro, y lo he comentado con colegas de consultoría en Madrid, que saltar de la demo al despliegue masivo es el gran muro para todos, chinos incluidos. El hardware es caro, el software aún da coletazos y nadie quiere llenar una fábrica de robots que se paran al menor tropiezo con un tapete suelto.

“La gran diferencia no es solo cultural, es cuestión de velocidad: China prueba en la vida real primero, Occidente ajusta y pule cada paso antes de lanzar.” — Consultor industrial, Madrid

El ecosistema de startups (y el riesgo de burbuja en China)

La fiebre por los humanoides ha atraído cientos de nuevas empresas, sobre todo en China. Leí un informe de Morgan Stanley que advierte: hay más de 150 startups chinas corriendo a sacar su propio robot, muchas apoyadas —o vigiladas— por megafabricantes como Changan Automobile o Xpeng. Estos, lejos de esperar la maduración tecnológica, empujan prototipos con inversiones millonarias: Changan ha puesto sobre la mesa 225 millones de yuanes en su filial de humanoides; Xpeng quiere un millón de robots “Iron” en 2030. Seamos honestos: suena ambicioso, casi temerario.

Detrás, gigantes como UBTech y AgiBot también despliegan robots en factorías como Zeekr y Fulin Precision, junto a Midea (con su MIRO U de seis brazos y promesa del 30% más eficiencia). Todo parece indicar que la batalla por la adopción la marcan los recursos: quien vea antes dónde falla el modelo y lo corrija pronto, gana cuota.

Pero ojo, que no todo es fiesta en el ecosistema chino. Pekín controla y regula durísimo la redundancia para evitar despilfarros. Muchos robots aún dependen de humanos teledirigiendo funciones complejas, y —esto pesa en la ecuación— casi nadie publica costes finales. ¿Implantar humanoides es rentable ya mismo? La respuesta todavía es, en parte, opaca.

Retos técnicos: ni en China hay superhombres de metal

Aquí me permito una digresión. Los titulares suelen vender robots invencibles, pero la letra pequeña cuenta otra historia. Los mayores expertos coinciden en que pasar de la demo a la fase dos —es decir, operar de manera sostenida, turno tras turno, sin fallo crítico que pare la línea— es el filtro para distinguir fantasía de industria real.

  • Hardware que se tuerce: sensores que se degradan, pinzas que pierden sensibilidad o motores que calientan tras ciclos prolongados.
  • Software verde: sistemas que necesitan ajustes de datos frescos constantemente, porque los escenarios productivos nunca son idénticos.
  • Coste oculto: el precio real de operación —soporte técnico, repuestos, actualizaciones— rara vez está sobre la mesa en fase de hype.
  • Papel del humano: lejos queda eso del “todo automatizado sin intervención”; la supervisión sigue siendo esencial en casos críticos.

Y, además, está el asunto del reskilling global. En un taller digital que di a una pyme de Cuenca hace pocos meses, la mayor preocupación era: ¿cómo preparo a mi equipo para convivir con robots que aprenden más rápido que ellos? Eso, para empresas de cualquier latitud, va a ser el auténtico salto mental antes de pensar en humanoides patrullando líneas de producción.

Latinoamérica mira y aprende (rápido): ¿mito o oportunidad?

Me gusta insistir: América Latina y, en concreto, Ecuador, no están sentados solo mirando el show. Si bien aquí no vemos aún Moz ni Iron bailando en la línea de soldadura, ya hay movimientos. General Motors Quito, por ejemplo, fue pionera en 2024 implementando cobots —esas versiones “blandas” de robots industriales— para soldadura. El resultado: subieron eficiencia un 25% y sentaron precedente. En Guayaquil, empresas locales estudian tecnologías “embodied AI” aplicadas a montaje electrónico, siguiendo (de lejos, pero no tan lejos) el manual chino.

¿Realidad? No van a llegar decenas de humanoides a la fábrica local la próxima semana. ¿Perspectiva? Las compañías que apuestan YA por reskilling —hay cursos de SENESCYT orientados a esto— parten con ventaja para adaptar y sobrevivir al cambio, cuando la ola llegue más fuerte.

“Hoy no competimos aún con humanoides, pero quien no aprenda a convivir con la IA, en cinco años está fuera del mapa industrial.” — Gerente de Enseñanza Técnica, Quito

En marketing, la jugada es clara: mostrar no solo productividad, sino adaptación y seguridad. ¿Tienes una pyme? No vendas miedo, vende cómo el humano colabora con la IA y cómo tu empresa aprende antes de la disrupción masiva.

¿Quién gana la carrera global? Y, sobre todo, ¿por cuánto tiempo?

Resumiendo: la robótica humanoide industrial avanza a dos velocidades. China experimenta, se equivoca y se corrige en producción, algo que Occidente observa entre alarmado y fascinado. Europa y Estados Unidos pulen despacio y apuestan por seguridad e integridad de marca antes de levantar la barrera de entrada. América Latina escucha el ruido y toma nota de primeras oportunidades en robótica cooperativa y formaciones de reskilling, sabiendo que la ola llegará más pronto que tarde.

Y, sinceramente, nadie tiene el futuro atado. El próximo hito puede salir de Hangzhou, Múnich, California… o quién sabe, de una startup perdida en Santiago que sepa mezclar velocidad, hardware robusto y data real.

Así están las cartas encima de la mesa. Si trabajas en formación, tecnología o estrategia digital, piensa en esto: ¿vas a esperar a la segunda ola, o te pondrás a probar humanoides, aunque sea en modo cooperativo, antes de que se vuelva costumbre?
Si te interesa explorar cómo posicionarte con IA embebida en el mercado hispano —o tienes experiencia intentándolo—, ponte en contacto. La carrera es global, pero las oportunidades, muchas veces, empiezan a la vuelta de la esquina.

¿Ves oportunidad en la robótica humanoide fuera de China? Hablemos de tu proyecto o sector.

Snippet resumen:
La competencia en robótica humanoide industrial se acelera: China marca el ritmo global y Europa responde entre precisión y cautela.

Implicaciones económicas y laborales: ¿qué cambia con los robots humanoides y la embodied AI?

Aquí es donde se pone interesante —o incómodo, depende a quién le preguntes— el avance brutal de la robótica humanoide industrial en sitios como la fábrica de CATL con los robots Moz. Más allá del “oooooh tecnológico”, lo que hay sobre la mesa son cambios reales en el trabajo, en la economía de cualquier país metido en industria, y en ese reskilling del que todos hablan pero pocos afrontan con seriedad. Lo digo por experiencia: he visto empresas en Ecuador y España que cruzan los dedos, esperando que la ola llegue después de jubilarse; y otras, más listas o valientes, que ya están moviendo ficha desde ayer mismo.

Primero, la noticia que corre como pólvora en medios y cafés de gerentes: humanoides permanentes ya desplazan tareas peligrosas, manuales y repetitivas en China. Hay que decirlo claro, ¡sí, reemplazan personas! Pero, y aquí matizo, no desaparecen todos los empleos, se transforman. El operario de turno deja de “enchufar a pelo” 400 cables con riesgo de susto, y pasa a supervisar, interpretar alertas del robot, documentar incidencias, o calibrar sistemas.

“En nuestra línea ya nadie conecta a mano; ahora tenemos un ‘monitor de robots’ y un equipo que analiza fallas, solución que ni soñábamos hace tres años.” — Responsable de Mantenimiento, planta automotriz china

La literatura sobre robots “quitando trabajos” lleva circulando décadas. Ahora, por fin, el futuro cobra forma con nombres y apellidos, y el miedo cambia de tono. Porque no solo es ‘me van a reemplazar’, sino ¿estoy a tiempo de aprender a convivir o dirigir robots? En China la mayoría de plantas lleva ventaja por cultura de reciclaje laboral, formación masiva y flexibilidad. Para muestra, Spirit AI formó a técnicos y supervisores paralelamente al despliegue de Moz, no después —dato relevante: más de un tercio del personal reconvertido subió de sueldo en Catl según un informe filtrado (nada mal cuando tu antiguo trabajo era riesgo eléctrico diario).

En Occidente la historia aún va a dos ritmos. Ejemplo reciente: la planta de BMW en Múnich, donde tras la introducción de robots de ensamblaje, se lanzó una oleada de cursos rápidos para roles híbridos: asistentes de robot, analistas de datos de producción y mantenedores de software específico. ¿Resultado? Más empleos digitales y menos fatiga, aunque no todos logran reconversión fácil (y el estrés, a veces, se dispara durante el proceso de adaptación).

En América Latina, y justo en Ecuador, veo dos claves en esta transición:

  • Reskilling acelerado: En 2025 la planta de General Motors en Quito incorporó cobots para soldadura, disparó la eficiencia en un 25% y forzó a la empresa a llevar a 60 operarios a formación técnica avanzada, con ayuda de la SENESCYT y aliados privados. En Guayaquil, firmas como Assemblers empiezan a probar modelos “humanoide light” (aún lejos de Moz, pero aprendiendo el método de training mixto).
  • Prevención narrativa: Aquí las empresas que mejor comunican sus cambios, involucrando a trabajadores y mostrando resultados medibles (menos accidentes, mejora en calidad, acceso a mejores puestos tras reentrenamiento) son las que evitan rehacer plantillas por miedo. Es decir: menos sustitución hostil, más migración de roles y atracción de talento joven preparado para la IA embodied.

Si tienes una pyme, te lo diría así, sin rodeos: si tu empresa monta o ensambla, la cuestión ya no es si un robot va a entrar, sino cuándo y en qué puesto. Esperar te pone en el grupo de los que reciben la noticia por “comunicado interno”. Adelantarte, te da control sobre cómo y a qué ritmo adoptar (y sobre qué puedes negociar, que es mucho). Un buen ejemplo es esa fábrica de autopartes en Calderón que, en vez de dejarse zampar por la ola, propuso al sindicato negociar cursos de IA aplicada antes de comprar su primer cobot. Resultado: menos resistencia y una plantilla mucho más preparada y motivada.

“Cuando los técnicos entienden que van a pilotar y mejorar robots, no solo a ‘capear la tormenta’, el clima en la fábrica cambia. Terminas con embajadores tecnológicos, no con miedo en la cafetería.” — Jefe de planta, sector electrónico, Guayaquil

En marketing digital y consultoría, la estrategia B2B con embodied AI pasa por mostrar el ROI en seguridad, productividad y cultura corporativa: menos bajas médicas, menor siniestralidad, datos en tiempo real y nuevas áreas de crecimiento. Lo contrario —vender humo de “robots que lo hacen todo solos”— asusta y bloquea la adopción. Aquí yo suelo recomendar campañas que incluyan casos reales de reskilling: testimonios de operarios que pasaron del sector manual a roles técnicos, vídeos de formación “en acción”, o incluso minidocumentales con resultados a 6-12 meses en fábricas que apostaron por IA embodied. Es la narrativa que más desactiva miedos y mejor posiciona la marca como aliada de transformación, no depredadora de puestos.

¿Y el riesgo de burbuja tecnológica? Sí, existe, sobre todo en China con sus más de 150 startups compitiendo por un trozo del pastel. Habrá ganadores —y muchos perdedores— pero la tendencia estructural es clara: estos cambios no tienen marcha atrás y quien se establezca primero, acumula ventaja de aprendizaje colectiva y datos. Si te mueves antes, entiendes antes. Y eso, ya lo sabes, marca toda la diferencia en mercados saturados o en nichos industriales tan pequeños como la electrónica en Cuenca.

En definitiva, la robótica humanoide industrial y la IA embodied ya no son promesas, sino ejes visibles de la nueva economía productiva. La tarea para las empresas en Ecuador, el resto de América Latina o Europa no es esperar pasivamente, sino formar, comunicar y experimentar antes de que la obligatoriedad —o la competencia global— las deje fuera. Porque cuando la decisión de “meter un robot” ya esté tomada por otros, poca negociación te quedará en la mesa.

¿Cómo preparar tu empresa para la IA embodied?

  • Lanza pilotos pequeños: No necesitas cinco Moz, pero sí pruebas reales con cobots o soluciones locales de visión artificial.
  • Capacita por anticipado: Cursos de reskilling (SENESCYT, alianzas con universidades, consultores independientes) deben empezar antes de comprar robots, no después.
  • Comunica transparencia: Sé honesto con tu equipo sobre cambios y oportunidades. El miedo se combate con datos, ejemplos y rol activo de líderes técnicos.
  • Sigue el ejemplo de quienes ya suman: General Motors Quito, Assemblers Guayaquil, y otras que han sido noticia. Toma referencias, pregunta si te dejan ver el proceso desde dentro.

Básicamente: si te está rondando por la cabeza saltar de lo manual a lo digital con robots, no lo dejes para cuando “venga la moda”. La ventana de tiempo para sacar ventaja local es corta. Si te pasa igual y quieres empezar a conversar sobre pilotos, formación o ajustes estratégicos en tu pyme, aprovecha el contacto abierto: conversemos y veamos qué encaja en tu contexto.

“La ola de la IA embodied está aquí: los que aprenden y colaboran con los robots, son quienes sobrevivirán en la economía industrial del futuro.”

Snippet resumen:
La robótica humanoide industrial y la IA embodied redibujan empleo y productividad; el reskilling y la preparación son la clave para no quedarse atrás.

Lee el artículo original que inspiró este contenido en Xataka

Sergio Jiménez Mazure

Sergio Jiménez Mazure

Especialista en Inteligencia Artificial y Automatización B2B. Fundador de Innovación IA, dedicado a ayudar a empresas a integrar tecnologías cognitivas para maximizar su eficiencia operativa.

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