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Noticias Innovación IA8 de julio de 2025Por Sergio Jiménez Mazure

Cómo el talento STEM impulsa la revolución de la inteligencia artificial en China

Cómo el talento STEM impulsa la revolución de la inteligencia artificial en China

Hablar de China inteligencia artificial hoy es como asomarse a la fábrica de futuro más hiperactiva del mundo. Todo el planeta mira cómo avanzan, pero no todo el mundo entiende qué hay detrás del fenómeno: una estrategia sólida, milimetrada y sostenida durante décadas, con el talento STEM como núcleo y motor de todo. Lejos de ser fruto de la improvisación o de modas pasajeras, este ascenso responde a un plan concreto, diseñado por el Estado, con la vista puesta en el liderazgo mundial tecnológico y en la autonomía real frente a otras potencias.

Vale la pena detenerse un minuto y pensar de dónde viene todo esto. No exagero si digo que la historia arranca en los años 80 cuando, tras el periodo Mao, el país se lanza a modernizarse de la mano de Deng Xiaoping. No solo pasaron del gris maoísta al color económico, también cambiaron completamente el rumbo ideológico: “La ciencia y la tecnología son fuerzas productivas fundamentales”. No era solo un eslogan, era una directriz nacional. Aquello marcó el inicio de una obsesión colectiva por educar masivamente ingenieros, científicos y técnicos capaces de entender, copiar, adaptar y crear tecnología puntera.

¿Y por qué tanto empeño? Porque, al final, el dominio de inteligencia artificial o cualquier tecnología disruptiva va de personas capaces de pensar, programar y escalar soluciones. China entendió esto mucho antes que otros e hizo de la formación en disciplinas STEM una prioridad absoluta, tan clave como alimentar a la gente o asegurar la estabilidad del país. El mensaje que lanzaron era claro: hazte ingeniero y tendrás futuro, influencia y respeto social. Es el tipo de relato que transforma mentalidades y, a base de repetirlo y apoyarlo con recursos, termina cambiando la estructura misma del país.

No se trataba de plantar universidades en cada región y ya está. Hablamos de orientar cada etapa educativa —desde la primaria hasta la universidad— a legitimar, potenciar y dignificar el interés por la ciencia y la tecnología. Parte de ese éxito radica en la disciplina, el estímulo constante y la obsesión por los resultados medibles. Pero ojo, esto no va de presión ciega: el Estado supo invertir en métodos, instalaciones, becas y espacios de innovación como parte de una apuesta a largo plazo y con monitoreo estricto. Además, supieron vender la narrativa de que quien domina el conocimiento técnico acaba marcando el ritmo del siglo.

Cuando miramos el presente, la foto es contundente. Casi la mitad de los graduados universitarios chinos provienen de carreras STEM. Ya no es cuestión solo de cantidad, sino de la perspectiva social y económica que se le da a este tipo de estudios. No sorprende, entonces, que la inteligencia artificial en China haya encontrado un terreno tan fértil para crecer y desarrollar aplicaciones que saltan del laboratorio al mercado con velocidad pasmosa.

Lo que realmente llama la atención es el modo silencioso, aunque imparable, en el que este ecosistema educativo ha dado lugar a nuevas élites técnicas y científicas. Lejos de conformarse con copiar a occidente, China diseñó mecanismos propios para absorber talento global, reciclar el nacional y crear entornos de alto rendimiento. Todo esto gira alrededor de la obsesión nacional por no perder el tren de la innovación, por convertir la educación STEM en eje de movilidad social, y por asegurar que cada generación acepte el reto de empujar la frontera de lo posible.

“China no improvisa: planifica, invierte y mide. El talento STEM se convierte en la clave de su revolución tecnológica”

Mucha gente suele enfocarse en las tecnologías específicas o en los grandes nombres de empresas como Alibaba, Tencent o Baidu, pero, en realidad, el secreto va mucho más allá de los logos y las marcas conocidas. El éxito chino en inteligencia artificial se alimenta de una base ancha y resiliente hecha de millones de jóvenes formados en lógica, matemáticas, teoría de datos y resolución de problemas complejos. Y todo esto se articula porque existe una visión política que entiende la ciencia y la tecnología como parte inseparable del bienestar y la competitividad global.

Esta historia, que muchos en Occidente han pasado por alto o subestimado, demuestra cómo la planificación estatal a largo plazo puede transformar un país desde sus cimientos. El caso chino lanza un mensaje claro a cualquier gobierno que aspire a jugar en serio en el mundo digital: sin inversión sostenida en talento STEM, no hay avance posible en inteligencia artificial, ni siquiera con acceso a capital o infraestructuras modernas.

En los próximos apartados te voy a mostrar, con cifras y ejemplos concretos, cómo esa estrategia se traduce en resultados abrumadores, qué papel juegan los programas clave y cuáles son las apuestas de futuro que pueden cambiar no solo el mapa tecnológico, sino la economía y la sociedad global.

“En China, la apuesta por el talento STEM no es moda ni política, sino supervivencia estratégica”

¿Tienes curiosidad por conocer los datos que respaldan todo este cambio? ¿Te interesa saber cómo compite China con Estados Unidos? Entonces, quédate. El segundo punto va a desmontar muchos mitos y abrir los ojos sobre lo que viene en la carrera global por la inteligencia artificial. ¡Prepárate para sorprenderte!

China y los datos que deslumbran: ¿cuánto talento STEM marca la diferencia?

Cuando hablamos de China inteligencia artificial, los números no son simples anécdotas. Son la base sólida de una transformación que no deja espacio para dudas. Para entender por qué la innovación tecnológica china resulta tan vertiginosa —y, a veces, hasta intimidante para la competencia global— basta mirar las cifras con lupa. Olvida por un minuto los titulares grandilocuentes sobre laboratorios de IA o startups famosas; aquí la clave está en la escala y, más importante todavía, en la calidad de la masa crítica que han creado.

Vamos directos a la pregunta que más inquieta a todos: ¿cuántos ingenieros forma China realmente cada año? Pues agárrate. Según datos recientes, salen de las universidades chinas nada menos que 3,5 millones de ingenieros y especialistas STEM cada año. Sí, has leído bien. Porcentaje en mano, esto significa que el 41% de los estudiantes universitarios chinos va directo a esas carreras. ¿El contraste? En Estados Unidos esa cifra apenas ronda el 20%. Imagínate multiplicar sistemáticamente tu fuerza técnica curso tras curso durante décadas.

Pero no todo acaba en el diploma. Hay un punto que muchos pasan por alto: la presión no es por cantidad bruta, sino por generar una élite académica capaz de competir globalmente. Aquí China lleva mucho tiempo jugando a largo plazo y su estrategia se ve en los resultados duros. Un dato brutal: prácticamente la mitad de los investigadores top en inteligencia artificial del mundo se ha formado en universidades chinas. Aquí ya no estamos comparando solo cursos de grado, sino doctorados punteros, proyectos internacionales y liderazgo científico en publicaciones de impacto.

  • China produce, año tras año, más del doble de doctorados STEM que Estados Unidos. Se espera que esta brecha siga creciendo y, en menos de una década, sea abismal.
  • Las universidades chinas como Tsinghua, Peking University o Shanghai Jiao Tong superan en citaciones y relevancia a grandes referentes occidentales como Stanford o el MIT en áreas como IA y computación avanzada.
  • El 80% de los doctorados STEM chinos salen de instituciones bajo control estatal directo, lo que garantiza proyectos alineados con los grandes retos nacionales y facilita la coordinación público-privada.

¿Parece frío? Pues déjame aterrizarlo. No hablo solo de números: detrás de cada graduado hay una historia de movilidad social, de promoción del mérito y de acceso a oportunidades que, en otros modelos educativos, se dispersan o se pierden por falta de orientación estratégica.

¿Por qué la diferencia en estadísticas STEM importa tanto?

Porque, en el juego de la inteligencia artificial en China, el músculo humano es el que permite escalar equipos de desarrollo, multiplicar laboratorios y absorber las mejores prácticas del mundo. Te cuento algo que pocos mencionan: el “handicap” de Estados Unidos, con su atractivo para el talento extranjero, está empezando a degenerar en fuga de cerebros… pero a la inversa. Miles de ingenieros chinos vuelven tras perfeccionarse en Occidente y traen consigo no sólo conocimientos técnicos, sino también redes, contactos y experiencia en ecosistemas competitivos.

“En 2023, China fue el país con mayor cantidad de patentes internacionales aplicadas en IA y robótica”

La estadística no solo es una medalla. Sirve para medir la temperatura real del sistema. Si hoy preguntas en cualquier gran corporación tecnológica cuántos de sus líderes de IA, machine learning o big data han pasado por centros chinos, te sorprendería la respuesta. A esto súmale que el gobierno chino ha integrado la ingeniería y las matemáticas en los programas escolares desde edades tempranas: los niños aprenden conceptos de IA casi al mismo tiempo que a multiplicar.

¿Y el impacto en la investigación?

Este es otro frente donde China ha dejado su huella. Mira esto:

  • Entre 2014 y 2023, China aumentó en más de un 200% su producción de artículos científicos sobre IA indexados en bases internacionales.
  • Las colaboraciones entre universidades y empresas —Baidu, Alibaba, DJI— generan patentes, productos y startups listos para competir en mercados internacionales.
  • La publicación regular de “white papers” tecnológicos por parte del Estado chino se ha vuelto una especie de estándar que marca tendencia e inspira reformas en universidades de todo el planeta.

El resultado es una investigación que no se queda en papers académicos. Aquí va directo al mercado o a potenciar la llamada “governance technology” para optimizar, automatizar y vigilar procesos sociales clave. ¿Qué otra nación puede presumir de semejante grado de integración entre aula, laboratorio, fábrica y administración pública?

¿Está cambiando el patrón global de talento?

Básicamente sí, y a ritmo vertiginoso. Hace 15 años, si alguien quería brillar en IA tenía que intentar una beca en Stanford o el MIT. Hoy, cada vez más estudiantes extranjeros —del Sudeste Asiático, África, incluso Europa— postulan a programas de máster y doctorado en Pekín o Shanghái. Es la nueva “ruta de la seda digital”.

“Tres de cada cuatro proyectos emergentes de IA en China están dirigidos por jóvenes científicos formados fuera del país, que regresan para liderar laboratorios y startups propias”

Esa apertura, además, contribuye a una mentalidad más plural, menos centrada en copiar y más dispuesta a arriesgarse con modelos y tecnologías realmente pioneras. Y, ya que hablamos de pioneros: el propio DeepSeek, el modelo gigante de IA que ha revolucionado la gestión de big data, nació de estas sinergias poco ortodoxas entre generaciones, escuelas y regiones.

¿Qué nos dicen las cifras sobre el futuro de la IA china?

Nada indica que vayan a decelerar. El presupuesto público en educación se duplicó en solo una década y se mantiene, desde hace más de 20 años, por encima del 4% del PIB anual. No es solo cuestión de sacar doctorados en masa; la prioridad es transformar esa formación en patentes, en empresas disruptivas y, si hace falta, en herramientas de gestión estatal.

Resumamos el impacto real de la estrategia china en educación STEM con tres ideas clave:

  • Producción masiva de talento capaz de nutrir desde gigantes tecnológicos hasta startups que salen del garaje con ideas rompedoras.
  • Élite académica que investiga, innova y compite a nivel global, compartiendo espacio —y, a veces, liderando— los rankings mundiales de IA.
  • Capacidad de absorber, retransformar y aplicar conocimiento mucho más rápido que los competidores, gracias a la fortaleza del “pipeline” educativo y a la sinergia entre generaciones de investigadores y empresarios.

Así que sí, los datos cuentan otra historia. Una que no va solo de millones de estudiantes y laboratorios, sino de una nación que apostó —contra todos los pronósticos— por el desarrollo masivo y estratégico del talento STEM. Y de cómo esa apuesta está transformando, a ojos vista, la correlación de fuerzas en la carrera por la inteligencia artificial mundial.

“No entender la dimensión del talento STEM chino es perderse la esencia de su ascenso en IA: cantidad, sí, pero sobre todo calidad y visión de largo plazo”

El engranaje invisible: programas clave, los “hai gui” y la alianza Estado-empresa en el auge de la inteligencia artificial en China

Ahora que tienes claro que la inteligencia artificial en China no crece por generación espontánea y que el talento STEM local desborda estadísticas, déjame contarte cómo se articula ese músculo en proyectos concretos. Aquí es donde entra la movida institucional: el tipo de estrategia que no suele aparecer en la foto, pero sin la que nada de esto sería posible.

La jugada va mucho más allá de lanzar fondos a las universidades o prometer becas sin ton ni son. Hablamos de programas específicos, elegidos quirúrgicamente para empujar áreas de frontera y consolidar universidades que compitan al tú por tú con las mejores del mundo. Y sí, también de darle a ese impulso un rostro más humano, con la llegada y regreso de miles de científicos, profesores y expertos que han vivido fuera y ahora reman a favor del proyecto doméstico.

¿Qué es el programa “Double First Class” y por qué remueve el panorama universitario global?

El plan “Double First Class” puede sonar a título de videojuego, pero en realidad es una de las iniciativas más ambiciosas y estratégicas del gobierno chino en educación superior. ¿De qué va? Básicamente, identificar unas pocas (pero muy selectas) universidades e instituciones de investigación y bombearles recursos, talento y visibilidad a muerte para que se conviertan en polos mundiales de referencia en investigación, docencia y transferencia tecnológica a gran escala.

¿El objetivo? Que para 2035 —date cuenta de la visión a largo plazo— Pekín, Shanghái y la zona de la Greater Bay Area concentren centros líderes capaces de “marcar” la agenda de la IA global. ¿Humo? Para nada. Hoy, nombres como Tsinghua, Peking University o Shanghai Jiao Tong superan de continuo rankings académicos, han desbancado de ciertos podios a Stanford o el MIT y, lo más relevante, catalizan la creación de centros mixtos con empresas que funcionan como think tanks vivientes de tecnología punta.

  • Reciben financiación estatal directa, incentivos para atraer estrellas internacionales y normativas flexibles que permiten saltarse burocracias que atascan a otras facultades.
  • Sus líneas de investigación establecen la hoja de ruta nacional en áreas como big data, visión por ordenador, robótica y aprendizaje automático.
  • Oscilan entre lo ultrateórico y lo práctico: desde algoritmos puros hasta drones, vehículos autónomos y plataformas de gubernanza digital.

“En China, los grandes proyectos de IA no sólo nacen del laboratorio; nacen del vínculo entre universidad, gigante tecnológico y Estado”

¿Cuál es el secreto de los “hai gui” y cómo multiplican el impacto científico?

En la narrativa china de progreso, pocos arquetipos tienen tanta fuerza como el del “hai gui” —literalmente, tortuga marina: ese joven brillante que se va a Estados Unidos, Europa o Japón, conquista doctorados y, en vez de quedarse, decide volver. No se trata solo de nostalgia patriótica: la propia administración desarrolla políticas para que el “retorno del cerebro” sea no solo un gesto simbólico, sino la verdadera palanca tecnológica nacional.

  • El Estado financia hasta seis años de estudios superiores en el extranjero, haciendo seguimiento y brindando incentivos para el regreso.
  • Al retorno, no solo hay plazas académicas o de gestión esperando: tienen prioridad en liderar laboratorios, equipos de I+D o spin-offs asociadas a universidades clave.
  • Estas redes de “exiliados” reaprovechados traen contactos con empresas top, prácticas de transferencia tecnológica y acceso privilegiado a publicaciones, datasets y foros internos de Occidente.
  • Muchas startups y unicornios tecnológicos chinos fueron fundados o acelerados por equipos donde al menos uno de los socios es un hai gui de Yale, Cambridge o Berkeley.

“El fenómeno ‘hai gui’ no es casualidad: es planificación, control de talento y reciclaje de know-how en tiempo real”

La ecuación aquí no es secreta: enviar fuera a los mejores, retener y seducir a los que triunfan fuera, vincularlos al ecosistema local y blindarlos con recursos y libertad para crear. Así se conservan redes durante generaciones: un alumno que investiga en Silicon Valley hoy puede ser el mentor de una hornada de emprendedores en Pekín mañana.

La simbiosis público-privada: cuando Alibaba, Tencent y Baidu juegan en equipo con el Estado

Si pensamos en Occidente, solemos ver la universidad y la empresa separadas por burocracias y agendas opuestas, pero el modelo chino tiene otro ritmo. Aquí la colaboración no es esporádica ni decorativa. Consiste en equipar laboratorios mixtos, compartir patentes e, incluso, rotar personal entre sectores.

  • Las grandes tecnológicas cofinancian cátedras universitarias, aceleran el testeo de prototipos y colocan doctores en consejos asesores.
  • Muchos proyectos de inteligencia artificial aplicada —desde robótica en fábricas hasta sistemas de reconocimiento facial urbano— surgen de consorcios entre universidades y empresas privadas, con el Estado dictando prioridades temáticas.
  • La transferencia tecnológica es “de ida y vuelta”. Una investigación top en Shanghai escapa del paper y, en meses, se pivota en productos de Huawei o Xiaomi.

“El Estado dicta el paso, la universidad investiga, la empresa innova y la sociedad entera se transforma”

Este modelo —que muchos en Occidente aún miran con escepticismo— permite testear a gran escala y con menores riesgos económicos. Por eso resulta tan común que en ciudades como Shenzhen o Hangzhou coexistan, en el mismo parque tecnológico, laboratorios académicos, startups y grandes multinacionales, todas compartiendo talento y resultados.

¿La clave? Inversión continua, revisión y adaptación

Obvio, nada de esto funciona sin dinero — y sin ajustes constantes respecto a los resultados. Si las universidades de élite se mantienen entre las más citadas a nivel mundial, no sólo es porque tienen recursos per cápita comparables a Stanford o Cambridge. Es porque el Estado revisa, evalúa y premia —o penaliza— según impacto y alineamiento con objetivos país.

La innovación tecnológica china no sería tan letal si dependiera únicamente de la planificación central. El empuje reside en la flexibilidad: si una línea de investigación se estanca, el financiamiento pivota donde aparecen oportunidades nuevas y los equipos se reorganizan tan rápido como los algoritmos que diseñan.

  • El plan “Double First Class” se ajusta cada tres años tras auditorías de rendimiento y relevancia internacional.
  • Los “hai gui” reciben incentivos fiscales, preferencia en compras de vivienda y acceso prioritario a capital semilla.
  • El gasto en educación superior se mantiene estable —por encima del 4% del PIB— incluso en ciclos económicos adversos.

¿Hasta dónde puede llegar esta maquinaria colectiva?

Para quien sigue de cerca el pulso global, resulta innegable: el caso chino en IA y STEM es la demostración de que política pública inteligente, talento global bien cultivado y sector privado hiperdinámico pueden cambiar el eje tecnológico mundial en menos de dos generaciones. Si a esto sumas una narrativa nacional de progreso, donde el ingeniero es el nuevo héroe, pocas cosas frenarán esa ola.

“La apuesta china desborda planes y presupuestos: son millones de vidas redefinidas por la ciencia, dirigidas con la precisión de un algoritmo estatal”

El ecosistema está diseñado para no depender de una línea política, ni del ciclo de un partido. El compromiso por la excelencia STEM trasciende generaciones y debates internos; es un plan de Estado en el sentido más literal. Desde el contenido de los libros escolares hasta la estructura de incentivos en doctorados, todo el sistema respira IA, ciencia y futuro.

¿Mitos? Muchos. ¿Riesgos de sobreespecialización o autoritarismo tecnológico? Sí, claro. Pero frente a un panorama de incertidumbre y cambios ultrarrápidos, la receta china para la inteligencia artificial combina ingredientes que ningún otro país —al menos hasta ahora— ha logrado mezclar con semejante eficacia y escala. ¿El resultado? Nada menos que el nuevo laboratorio del mundo, donde innovación, talento y estado se cruzan para cambiar reglas, mercados y expectativas.

“El secreto de China no es un único programa, ni una universidad top: es la coreografía, la alineación simultánea de miles de piezas de talento en una misma dirección”

Así que si buscas las razones detrás del ritmo imparable de la inteligencia artificial en China, apunta estos nombres y procesos: Double First Class, hai gui y la alianza público-privada. Eso, y una obsesión tan monumental por el futuro que hace que cualquier avance parezca apenas el principio de lo que viene.

Te adelanto que, en el siguiente bloque, toca mirar más allá: ¿qué significa todo esto para el futuro de la innovación mundial? ¿Qué impacto pueden tener estos movimientos en nuestra propia forma de concebir la educación y el desarrollo tecnológico? Si también te lo preguntas, seguimos conversando justo ahí.

¿Te interesa aplicar lecciones chinas en tu estrategia de innovación o potenciar el talento STEM en tu empresa? Contáctame y cuéntame cuál es tu reto. Este es un buen momento para repensar qué necesitamos aprender de este caso y cómo pasar de la teoría a la acción.

Perspectivas de futuro: ¿qué nos enseña el caso chino sobre talento, innovación y liderazgo en inteligencia artificial?

Llegados a este punto, ya ha quedado claro que el éxito de China inteligencia artificial no es cuestión de suerte ni de un golpe de fortuna momentáneo. Pero la pregunta que muchos se hacen es: ¿qué nos revela este experimento a gran escala sobre el futuro del liderazgo tecnológico? ¿Y cómo puede afectar, directa o indirectamente, a empresas, gobiernos y sociedades de fuera de Asia?

La lección principal, y te lo digo sin rodeos, es la centralidad absoluta del talento STEM para cimentar cualquier ventaja competitiva relevante en IA o tecnología avanzada. China no se ha limitado a copiar modelos occidentales ni a lanzar recursos a la pared para ver qué pega. Han tejido algo casi orgánico: un sistema de formación, atracción y retención de talento capaz de reconfigurarse sobre la marcha, integrando tanto niños de primaria como expertos senior que regresan del MIT o Cambridge. Eso, en sí, ya prefigura un futuro donde la velocidad de aprendizaje colectivo será el verdadero diferencial entre países.

Pero ojo: el impacto va más allá de la economía o los titulares sobre startups billonarias. La innovación tecnológica china también está redibujando las fronteras de la cohesión social y el control estatal. ¿Por qué importa esto? Porque el mismo músculo humano y organizativo que alimenta laboratorios y empresas sirve, en paralelo, para desplegar sistemas de gobernanza digital —desde ciudades inteligentes a sistemas de crédito social— que podrían redefinir, para bien o para mal, la convivencia colectiva y la escala de vigilancia administrativa. No nos engañemos: el despliegue masivo de IA, alimentado por talento propio y políticas de Estado, cambiará nuestra relación con la tecnología y, de rebote, con la autoridad pública.

Desde el lado de la innovación, China ya no se conforma con “alcanzar” a occidente; ahora quiere marcar el ritmo de la carrera, y lo consigue. Modelos como DeepSeek o la nueva generación de chatbots, sistemas de visión artificial y robótica industrial no solo se diseñan en Shanghái o Pekín, sino que llegan primero a su mercado interno y luego dan el salto a África, América Latina o Europa. Esto tiene un efecto cascada: obliga al resto del planeta a repensar su estrategia educativa, su apuesta por el I+D y, si me permites la crudeza, la urgencia por crear entornos fértiles para ingenieros, científicos y tecnólogos sin los que ningún milagro digital será posible.

Aquí entra un dilema esencial para cualquier país: ¿ser espectador o protagonista en la revolución de la inteligencia artificial? El modelo chino muestra que las políticas cortoplacistas o las inversiones dispersas no alcanzan. Hace falta visión, paciencia y, sobre todo, la capacidad de alinear a miles —o millones— de personas en torno a objetivos comunes, sean la autonomía tecnológica o la innovación disruptiva.

¿China ha cerrado ya la brecha en IA con Estados Unidos?

La realidad es menos simple que la narrativa de “adelantados vs. rezagados”. China ha batido récords en producción de talento, publicaciones, patentes e integración industria-academia, sí. Pero aún enfrenta el reto de traducir ese potencial en creatividad disruptiva sostenida, en diseños radicalmente nuevos, no solo mejoras incrementales. La clave estará en el tiempo y la capacidad de saltar de una mentalidad de imitación a una verdaderamente original. Pero si algo ha demostrado su política STEM es que, cuando se trata de aprender —y aprender rápido—, pocos sistemas se adaptan tan veloz como el suyo.

¿Qué riesgos y oportunidades emergen con la “maquinaria china” de IA?

  • Por un lado, la cohesión social que proporciona el culto al STEM asegura estabilidad, movilidad ascendente y confianza colectiva en el futuro.
  • Pero, por otro, el uso masivo de IA en gestión pública y automatización plantea interrogantes éticos y políticos que el resto del mundo deberá vigilar de cerca.
  • La hipercompetitividad podría llevar a sobreespecialización o a tensiones internas si las carreras “de moda” eclipsan sectores humanísticos o creativos.
  • Sin embargo, la capacidad de convertir formación avanzada en proyectos reales —con apoyo público y privado— abre una ventana de oportunidad única para quienes apuesten por un modelo mixto y flexible.

“La próxima generación de innovadores globales ya no mira exclusivamente a Silicon Valley; muchos tienen el foco (y la beca) puesta en Shanghái, Pekín o Shenzhen”

En resumen, la estrategia china de inteligencia artificial es un ejemplo de cómo la suma de visión política, músculo educativo y ambición por el futuro puede catapultar a cualquier nación al primer plano tecnológico. El mensaje para el resto del mundo es claro: quienes no inviertan con seriedad en talento STEM y en ecosistemas flexibles, ni siquiera estarán en la foto de la próxima ola de disrupción digital.

Y a ti, ¿no te parece que ya es hora de replantear tu propia apuesta por la innovación y el talento? O, al menos, de mirar con otros ojos cómo lo está haciendo quien, en este preciso momento, dibuja la frontera de lo que será posible en los próximos veinte años.

¿Quieres debatir este modelo, necesitas analizar cómo aplicar la experiencia china en tu compañía o tienes curiosidad por saber cómo potenciar el pipeline STEM en tu país?

Cuéntame tus inquietudes y busquemos juntos nuevas perspectivas para no quedarnos fuera de la conversación que importa.

Artículo fuente en Xataka

Sergio Jiménez Mazure

Sergio Jiménez Mazure

Especialista en Inteligencia Artificial y Automatización B2B. Fundador de Innovación IA, dedicado a ayudar a empresas a integrar tecnologías cognitivas para maximizar su eficiencia operativa.

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