Cashew Research: cómo la IA y el dato humano transforman el research ágil y accesible

Pocas veces me cruzo con historias tan potentes como la de Cashew Research. A ver, imagina una industria global —la investigación de mercados— que mueve más de 90.000 millones de dólares, pero que parece haberse construido para los grandes, con procesos lentos, caros y rígidos. Y ahora, en mitad de este escenario de dinosaurios, aparece una pequeña startup en Calgary, Canadá, liderada por Addy Graves (ojo, más de una década en el sector y muchas cicatrices de proyectos imposibles), que se propone automatizar casi todo el ciclo de un estudio, de punta a punta… pero sin renunciar a lo más importante: el dato humano.
Así comienza la historia de Cashew Research y ya te adelanto que, si trabajas en marketing digital, innovación o llevas años pegándote con presupuestos de research imposibles, esto te va a sonar más que familiar. Pero vamos por partes, que el viaje tiene miga.
¿Quién es Cashew Research y por qué deberías conocerla?
Cashew es de esas compañías que surgen porque alguien no se resigna. Según cuenta la propia Addy Graves —CEO y co-fundadora, junto con Rose Wong (COO)—, todo parte de una frustración constante: empresas, desde multinacionales hasta startups en fase de idea, le pedían estudios personalizados, con datos reales y listos en días, no en semanas. Y claro, eso era… tecnológicamente imposible. Al menos hasta ahora.
La visión de Cashew es cristalina: automatizar casi todo el proceso asociado a un estudio de mercado usando inteligencia artificial, sí, pero con respuestas frescas y genuinas de personas reales. Nada de informes generados solo por una IA que recicle contenido de internet o dashboards con datos sintéticos. Aquí, la máquina hace el “trabajo sucio” —diseñar el estudio, generar el cuestionario, coordinar envíos, analizar y digerir resultados—, mientras el corazón sigue latiendo gracias a insights nacidos del pulso humano: cada encuesta, cada respuesta, sale de alguien que existe, no de un bot.
“Por mucho que la IA acorte procesos, el gran salto es poder ofrecer datos de calidad —humanos y únicos— con una velocidad y coste que nunca habíamos visto”, explica la propia Graves.
Un modelo híbrido con visión de futuro
Básicamente —y aquí es donde se pone interesante—, Cashew se sitúa entre dos mundos:
- Por un lado, los modelos de lenguaje masivos (LLM) que hacen “pseudo-research” reciclado, triturando lo que encuentran en la web para darte respuestas rápidas, pero genéricas y muchas veces poco relevantes.
- Por otro, las consultoras de siempre, a las que todo el mundo admira por su rigor, pero que solo son accesibles para quien puede permitirse esperar tres semanas (y desembolsar una buena suma de dinero).
Cashew no copia a ninguno: su apuesta va directa al “dato nuevo, para cada cliente, y en tiempo récord”, combinando la automatización total de procesos repetitivos gracias a la IA con la recopilación de respuestas humanas adaptadas a las necesidades de cada marca. En lugar de usar cinco veces el mismo dato, cada informe es tan personal como el café que pides por la mañana. ¿El truco? Hay un equipo con experiencia real en research cuidando que la máquina no mate la perspectiva metodológica ni el criterio profesional.
Una fundadora con experiencia de campo (y algo de rebeldía)
No es casualidad que Cashew venga de la cabeza de una profesional que lleva años sufriendo las limitaciones (y paradojas) del sector. Addy Graves no es la típica CEO salida de una incubadora tech que nunca ha hecho entrevistas con consumidores reales. Ha pasado por todos los dolores de cabeza clásicos: “Necesitamos insights fiables para lanzar la marca, pero que estén listos para el lunes”, “¿Podemos tener una muestra representativa en menos de 10 días?”, “¿Existe un modo de bajar el precio sin sacrificar calidad?”. Y —te soy sincero— me he encontrado en esas mismas conversaciones con clientes de España y Ecuador. El hastío es global.
Para Graves, el momento de la verdad (y esto me lo recordó mucho a casos que he visto aquí en Quito con startups fintech) fue entender que la IA, si se usa bien, no reemplaza la investigación: la acelera y ordena. El resultado es un híbrido que, si me preguntas, representa bastante bien lo que va a definir el futuro del sector: plataformas que no solo recortan etapas sino que las mejoran, dan acceso a quien antes estaba fuera y, además, no diluyen el valor humano.
Cashew Research en el mapa global
Vale, puedes pensar “otra más que dice usar IA”. La diferencia es que Cashew ha sido de las pocas elegidas para el Startup Battlefield de TechCrunch Disrupt 2025 —y no se quedó solo en la foto: ganó en la categoría enterprise stage pitch, que es como ganar un Champions de la tech para empresas B2B. Eso no ocurre con cualquiera. Además, están recibiendo atención y fondos de inversores que suelen moverse lejos de lo “moda por moda”. Han levantado 1,5 millones de dólares canadienses y ya están planeando captar cinco veces eso para 2026.
¿Qué mercados atacan primero? Nada de irse a los clásicos banca o retail de toda la vida. Arrancaron en un nicho igual de peleado pero más abierto a probar: alimentos envasados y bebidas, donde validar claims, naming y packaging es cuestión de vida o muerte para nuevas marcas. Eso sí, no se cortan en decir que quieren ir más allá de los “compradores de research de siempre”, abriendo la puerta a cientos de marketers que, hasta ahora, vivían de olfato y encuestas básicas hechas en Google Forms.
El dato humano, la clave que evita la trampa de la automatización vacía
No puedo dejar fuera esto: en el sector, cada vez hay más plataformas que prometen research “en 5 minutos”, pero lo hacen reutilizando información publicada, paneles quemados o scraping de redes sociales. Esa es la trampa y, siendo honestos, una de las razones por las que el modelo de Cashew llama tanto la atención. Ellos insisten en generar datos nuevos para cada cliente, sobre la marcha, y además —detalle geek pero relevante— integran todas esas respuestas en una base de datos propia, anonimizada, que va creciendo y mejorando cada nuevo proyecto. No es solo la automatización, es la acumulación inteligente.
Visto así, puede sonar a promesa de startup, pero sé —por experiencia trabajando con pymes y multinacionales— que el gran activo de todo research es la calidad de la muestra y la aplicabilidad del insight. Lo que Cashew ofrece no es humo: son datos que, literalmente, no existían antes (como me decían en broma en Guayaquil, la diferencia entre buscar recetas en Google o preguntar directo a la abuela).
En resumen (aunque aquí me quede un poco corto): Cashew Research ha dado con la fórmula de meter IA hasta la cocina sin sacrificar el factor humano. Una startup que, partiendo del extremo norte de América, ya da que hablar en paneles, foros y —quién sabe— pronto en los planes de más de uno por aquí que sueña con sacar insights sin hipotecarse ni esperar dos meses.
“El mayor cambio no es la velocidad: es que ahora, un pequeño negocio tiene el mismo acceso a un research de calidad que un gigante. Eso, al final, cambia todo”.
Y eso es solo el principio. ¿Te imaginas este modelo aterrizando en Ecuador? Próximo capítulo.
Keyword principal: Cashew Research
El contexto real: ¿para quién es hoy el research… y qué tiene que ver Cashew Research con todo esto?
Vale, pongamos el zoom un poco fuera de Calgary y de la historia de Addy Graves. Hablemos del sector tal como es hoy. Cashew Research no surge solo por arte de magia, ni vive en una burbuja. Lo que está haciendo dialoga, directamente, con un puñado de retos que —te lo prometo— afectan cada semana a marcas, pymes y hasta “grandes” que no lo parecen tanto cuando toca abrir la billetera para hacer estudios de mercado.
Y mira que no exagero: el informe ESOMAR 2024 lo deja clarísimo —el mercado global de insights y analytics ha pasado de aquellos estudios cara a cara con portapapeles a convertirse en una bestia digital de más de 153.000 millones de dólares, creciendo a buen ritmo, pero agarrado a tecnologías que a veces no logran cerrar la brecha entre “gran empresa” y “emprendedor de barrio”.
Un sector hecho para gigantes (hasta ahora)
Tendemos a imaginarnos la investigación de mercado como algo sencillo: preguntas, cuestionario, gráficas… respuestas reveladoras. Pero la verdad, el cliente clásico de una consultora “a la antigua” suele ser una multinacional, o una empresa que puede esperar varias semanas y pagar cifras que, para una pyme, suenan a ciencia ficción. ¿Por qué? Porque los procesos son largos, implican muchos pasos manuales y, sobre todo, mucho talento cualificado que hay que pagar bien (y con razón).
Ahora, la digitalización y la automatización han removido el avispero. Hay software, hay paneles online y hasta plataformas DIY que permiten hacer encuestas por menos coste. La cuantitativa manda —como dicen los datos, representa el 70,5 % de la facturación global—, pero no todo lo que brilla en internet es insight útil. Aquí es donde muchos se caen del caballo: piezas que parecen baratas a simple vista, pero sacrifican rigor o calidad del dato. Eso o terminas, otra vez, preguntándole a tus amigos de WhatsApp si el nombre de tu producto suena bien.
“El research de verdad siempre fue caro porque era artesanal. La tecnología tumbó parte de esa barrera, pero nunca la de la calidad metodológica… hasta ahora.”
Los grandes retos que enfrentan marcas y equipos de marketing
Lo tengo clarísimo después de hablar con decenas de clientes en Europa y Latinoamérica: la presión por tener insights útiles es brutal, pero siempre chocas con tres muros:
- Presupuesto limitado. La mayoría de las pymes (en Ecuador, en España, donde sea), no tienen 10.000 dólares para dedicar a un estudio robusto. Y las startups aún menos.
- Tiempo impaciente. Nadie quiere esperar quince días por un informe, y mucho menos seis semanas. El mercado se mueve tan rápido que, cuando llega el reporte, ya tienes otra competencia o se fue el tren.
- Desconexión tecnológica. Aunque la IA y las plataformas prometen el oro y el moro, integrar esas herramientas, o incluso entender qué dato sirve y cuál es puro “ruido”, sigue siendo complicado.
El resultado: un buen puñado de marcas decide volar a ciegas, fiándose de corazonadas, copies improvisados y focus groups “hechos en casa” que, en el contexto local, suelen reflejar más el sesgo del amigo que el mercado objetivo. Nada nuevo bajo el sol.
El hueco perfecto: democratizar el research… y hacerlo viable
Aquí es donde Cashew Research encaja como anillo al dedo. El sector no necesita solo más IA ni dashboards con gráficas bonitas; necesita soluciones que permitan a cualquiera, incluso un bistró de La Floresta en Quito, acceder a datos fiables, específicos y recientes sin hipotecar el negocio ni esperar a que cambie el año.
¿Recuerdas la típica escena? Una pyme de Guayaquil quiere lanzar una nueva línea de jugos. Tiene la intuición de que el sabor maracuyá va a romperla, pero al preguntar en su círculo, el feedback se divide (“mejor mango, el maracuyá es muy ácido”, “prueba pitahaya, está en moda”). La decisión final, más que insight, es arte adivinatorio.
“El acceso a research no debería ser un privilegio de pocos. Democratizar es bajar tiempos, costes… y barreras psicológicas.”
La automatización de casi todo el proceso que plantea Cashew Research —desde diseñar el cuestionario hasta analizar cada dato con IA— significa que más marcas pueden permitirse preguntar y, lo más importante, recibir respuestas reales, de personas vivas, no de modelos que reciclan lo que encuentran en Google. Eso, en mercados como Ecuador, es mucho decir.
Por cierto, leí hace poco en Insights + Analytics España que uno de los mayores temores hoy es la pérdida de representatividad. Los clientes quieren respuestas rápidas y baratas, pero la calidad suele resentirse. Cashew no solo mantiene las buenas prácticas, sino que incorpora ese elemento humano justo cuando muchos lo están abandonando. Y, te digo, eso pesa cuando tienes que actuar basado en el resultado.
¿Cómo encaja esto con la realidad ecuatoriana? Casos de uso cercanos
No importa si tienes una cadena de cafeterías en Cuenca, una marca de cosmética natural hecha en Ambato o vendes online desde Manta; el patrón se repite.
- Antes: llega el producto, lanzas promo y cruzas los dedos.
- Ahora: puedes testear desde el nombre hasta el empaque, y ajustar antes de invertir en grande.
Imagina lanzar una encuesta flash a segmento urbano en Quito preguntando qué los haría probar una cerveza local sobre una importada, o qué cifras de precio serían un auto-stop automático. Eso, con la metodología tradicional, te lleva semanas y mucho dinero; la mayoría ni lo intenta.
¿Y si pudieras tener respuestas útiles en días y ajustar el pitch del producto antes de llenar el taller de stock? Yo mismo he visto marcas perder el año solo por lanzarse “sobre corazonadas”. Este modelo “tipo Cashew” es como tener un laboratorio de mercado en tiempo real, sin que te cueste medio sueldo.
La batalla por el talento… y el riesgo de que te falte un ‘data nerd’ en plantilla
Lo que pocos dicen en voz alta: contratar a un analista decente es casi imposible si eres una marca pequeña o intermedia. Los sueldos suben, la competencia por talento es dura y, al final, el founder acaba leyendo gráficos que no entiende del todo.
Con plataformas como la de Cashew, no necesitas un ejército de data scientists. Los informes vienen ya “digeridos”, explicados en el formato exacto que espera un equipo de marketing, listos para tomar acción. ¿La diferencia? De tener un PDF críptico que nadie lee a contar con insights útiles que puedes aplicar mañana mismo a tu campaña de TikTok o tu pitch al retail.
“Para una pyme en Ecuador, el mayor cambio no es ver dashboards de IA: es entender la historia detrás de los datos… y pasar a la acción.”
¿Por qué interesa ahora? Porque la competencia también evoluciona
No te engañes: los grandes players como Ipsos ya están virando hacia propuestas parecidas, cargando de IA sus procesos y multiplicando la escala. Pero, claro, su tamaño y estructura los hacen poco ágiles y siguen trabajando con grandes cuentas. Cashew Research llega más ligera, enfocándose en quien antes quedaba al margen: la pyme, la startup, el marketer con hambre de datos vivos, no teorías abstractas.
Y lo de “moda del research con IA” no basta. El sector —según repiten los expertos de ESOMAR e Insights + Analytics— pide resiliencia (es decir, flexibilidad para responder a cambios brutales) y rigor (metodología sólida dentro de la velocidad). Ni dashboards vacíos ni powerpoints eternos; decisiones reales basadas en datos vivos.
Resumiendo y abriendo puerta: ¿hacia dónde va todo esto?
En mi experiencia, lo más potente de este momento es que por fin podemos hablar de research profesional para todos, no solo para consultoras o multinacionales. Cashew Research pone sobre la mesa una respuesta que, hasta hace cuatro o cinco años, era soñar despierto: datos frescos, humanos, análisis ultra rápido y usabilidad real para la pyme y el emprendedor.
Así están cambiando las reglas. El insight ya no es un coto privado. Es una herramienta que, con el modelo adecuado, puede ponerse en manos de quien está más cerca del cliente y más lejos del presupuesto. ¿Cómo lo verías aplicado en tu propio proyecto o en alguna marca que conozcas en Ecuador?
Más allá del hype: lo que hace diferente el modelo híbrido de Cashew Research
Llega el momento clave: ¿qué tiene Cashew Research que no tengan el resto de herramientas que presumen de usar “IA” en market research? Porque, siendo honestos, “todo el mundo” está subido al carro del machine learning, los chats generativos y los dashboards bonitos. El verdadero diferenciador está en cómo integras la tecnología, no en tenerla. Y aquí la jugada es otra.
IA hasta el fondo, pero sin perder la esencia del dato humano
No sé tú, pero yo ya perdí la cuenta de las soluciones que prometen estudios de mercado “exprés”… para entregar básicamente compilados de foros, posts de Reddit o scraps de encuestas antiguas armadas por bots. El atajo fácil: velocidad sin calidad, respuestas recicladas y ningún contexto real. Lo viví en un piloto para una startup en Guayaquil: mucho gráfico, poca respuesta accionable. No es lo que hace Cashew.
¿Qué hace distinta la propuesta híbrida? La clave es la combinación casi quirúrgica: no se trata solo de que una IA acelere el análisis, sino de que el pipeline entero —desde el diseño al delivery del resultado— mantenga sello humano en el dato. El flujo de trabajo Cashew es, más o menos, así:
- Diagnóstico y template guiado: marcas o agencias entran con preguntas concretas (¿cómo resuena este nuevo eslogan?, ¿qué precio soporta el cliente digital?), y la IA propone un plan de investigación ajustado a cada briefing, sin requerirte un PhD en estadística ni gastar tres horas redactando en Word.
- Generación y distribución just-in-time: cuestionarios adaptados, optimizados automáticamente para reducir sesgos (“la IA aprende, pero también controla quality punches que ni los humanos detectamos a simple vista” —que me lo cuenten a mí, después de limpiar bases llenas de respuestas duplicadas en estudios offline…). Luego distribuyen la encuesta a personas reales, reclutadas on demand, según los filtros de la marca.
- Análisis, resumen y storytelling: la IA sistematiza y prioriza findings, pero deja espacio a la interpretación metodológica. Aquí, sigo viendo la mano del equipo de Graves: el dato no se machaca, se interpreta y, si te fijas en sus reports, hasta el diseño visual parece pensado para que un marketer lo aplique, no para impresionar a consultores internos.
¿Por qué esto importa? Porque la velocidad deja de estar reñida con la precisión y —te lo aseguro con años de faena en proyectos de mercados emergentes— ese mix de agilidad más rigor es lo que falta en el 90 % de las plataformas que pululan ahora mismo. La máquina hace el trabajo pesado y rítmico, pero el ADN de investigador sigue vivo.
“Pedirle a una IA que ‘invente’ insights sin base humana es como pedirle a ChatGPT que resuelva el sabor favorito de Quito: te dará el dato, pero solo será plausiblemente correcto, nunca profundamente cierto.”
La base de datos propietaria: ventaja que crece y no se agota
Aquí hay otro matiz bestial. Uno de los talones de Aquiles del research digital es la saturación de paneles y la fatiga del encuestado. Las grandes plataformas terminan expulsando a usuarios que ya contestaron 200 veces lo mismo. ¿Resultado? Datos envejecidos, respuestas poco espontáneas, y mucho más sesgo de lo que nos hacen creer en los eventos de sector.
Cashew Research plantea una solución doble:
- Cada encargo se trabaja desde cero, nunca reciclando exactamente la misma muestra ni re-combinando respuestas antiguas.
- Todos los micro-datos que van capturando —siempre de modo anónimo— se agregan en una especie de lago de datos propietarios que se retroalimenta con cada nueva campaña. El efecto acumulativo les permite profundizar cada vez más en targets segmentados, pulir filtros de calidad y entender patrones escondidos por cohortes o ubicación.
En palabras de Addy Graves, es como “tener a tu disposición la huella digital de todos los estudios anteriores, con la certeza de que ninguno será exactamente igual al tuyo”. Esta lógica parece sencilla, pero supone dos cosas: una mejora constante en la precisión de los insights (porque el modelo aprende con cada iteración, no solo agrega datos sin filtrar) y una oportunidad de crear ventajas para segmentos difíciles, de los que no hay data histórica potente (pensemos en startups fintech en Ecuador probando productos para migrantes retornados o nuevas categorías en alimentos locales).
“Este data lake funciona a la vez como cofre de valor (para la marca) y motor de aprendizaje (para el sistema). No es solo un archivo; es una ventaja competitiva.”
Un equipo realmente experto detrás de la IA
¿Te has cruzado con esas plataformas donde “toda la magia” es black box? O —peor— con dashboards que devuelven gráficas perfectas, pero después no encuentras a nadie que entienda bien de dónde sale el dato ni qué hacer con él. Eso, lo reconozco, me pone de los nervios. Por eso, un elemento nada menor del valor Cashew es su núcleo consultivo: gente formada en investigación de verdad, capaz de trasladar el rigor de la vieja escuela al diseño de prompts, los flujos de análisis y los modelos de reporte.
Esto se traduce en:
- Cuestionarios mejor calibrados, sin las típicas “preguntas trampa” que alimentan sesgos o vacíos.
- Análisis orientado a la acción: se aterrizan insights tácticos (qué claim destacar, qué precio optimizar, qué segmento atacar), no solo descripciones de lo ocurrido.
- Entrega de resultados en formatos que sirven para tomar decisiones de negocio —y no solo para archivarlos y olvidar.
Lo he probado con equipos en Quito y Madrid; el choque para el cliente es tremendo: acostumbrados a luchas eternas para conseguir datos frescos, tener en días insights aplicables —con comentarios humanos, no solo outputs de IA— es casi disruptivo. Da igual el tamaño: una pyme de snacks artesanales en Ambato o una gran empresa agroindustrial se puede beneficiar.
¿Por qué lo llaman “IA” si solo hacen copy-paste de internet?
Hago aquí una pausa irónica porque sé que muchos lectores ya han sufrido plataformas que prometen investigación “de nueva generación” y solo entregan síntesis automáticas de Google o dashboards sobre datos públicos. El mercado se está saturando de soluciones “IA sin alma”, donde el dato es barato pero irrelevante. ¿Cuál es la diferencia vital? Que Cashew Research no remezcla el pasado: genera datos para cada encargo, los captura en tiempo real y únicamente después los procesa con IA para acelerar la digestión y contextualizar el resultado.
Y este punto es decisivo si compites en mercados donde los hábitos cambian rápido, las barreras culturales son complejas o no existen layers históricos de data fiable. Es —lo que diría mi colega en Cuenca— la diferencia entre “improvisar sobre rumores y tener la película real antes de arriesgar tu inversión”.
Impacto directo en la calidad y frescura del insight
Si lo llevas a la práctica, la ventaja es clara. Una marca quiere testear un nuevo packaging para snacks saludables en Quito y no quiere confiar en lo que funcionó hace cinco años en Colombia. El modelo clásico tardaría semanas y, si usas solo IA, te hace un remix de cases de estudio internacionales ajenos a tu contexto. Cashew te da, en días, fresco de personas reales, la percepción local y priorización de objeciones, con la elasticidad de poder repetir el proceso tantas veces como evolucione el producto o canal.
Y esto es importante: la capacidad de lanzar micro-estudios iterativos, con ajuste constante y bajo coste, va mucho más allá del “research para el lanzamiento grande”. Es research como parte natural del ciclo de vida, no como evento único y carísimo. Te lo reconocen hasta marcas medianas que nunca imaginaron poder analizar mensajes contra nichos tan segmentados (por ejemplo, mujeres urbanas de 30 a 45 años que compran DTC en Guayaquil), ahora pueden lanzarse a probar hipótesis sin quemar tiempo ni presupuesto.
¿Puede replicarse el modelo? Sí, pero…
He pensado mucho en si otros podrán copiar rápido este enfoque híbrido. Y aquí es donde la acumulación de data propietaria y el componente consultivo son una defensa difícil de igualar para cualquier “fast follower”. El modelo Cashew, cuanto más crece, más aprende sobre targets, micro-tendencias y contextos emergentes que no están en la web. Ese proceso no se acelera con solo poner más IA; lo logras con iteraciones reales, proyecto a proyecto, y —esto sí que lo veo clave— con ese matiz de experiencia humana que decide cuándo la IA puede decidir sola y cuándo debe preguntar (o corregir, según aplican ellos).
En síntesis: la propuesta híbrida Cashew, ¿mito o ventaja real?
Llamémoslo como quieras: IA para todo lo “industrializable”, humanos donde la perspectiva importa, y una base de datos viva que crece y pulsa con cada nuevo estudio. No es magia ni hype. Es el tipo de research que, si eres marketer o founder y te has sentido “huérfano” de data útil, seguro vas a querer probar. Al final, va de tener el dato fresco que te permita decidir, no solo de tener “más dashboards”. Es, quizá, la diferencia entre navegar la marea o dejar que te arrastre.
“Nada sustituye la agudeza de un buen insight humano; la IA solo sirve si te acerca a esa chispa, no si la apaga.”
¿Quieres saber cómo aplicar este enfoque en tu empresa? Escríbeme y lo vemos en tu contexto.
¿Cómo puede encajar Cashew Research en Ecuador? Oportunidades reales (más allá del discurso “tech”)
Aquí viene lo bueno: ¿qué pinta todo este relato de Cashew Research en Ecuador, donde las reglas de juego suelen ser distintas, los presupuestos ajustados y el acceso al dato fiable es, digamos… “optimista”? Si llevas años en marketing o lanzando productos en este país —o sinceramente, en cualquier economía emergente—, seguro te has peleado alguna vez con uno (o todos) de estos problemas:
- El dinero nunca alcanza para hacer research profesional. O gastas casi todo en un estudio, o lanzas el producto a ciegas y cruzas los dedos.
- El tiempo tampoco ayuda: cuando obtienes los resultados, a veces la tendencia ya cambió o la competencia se te adelantó con otra propuesta.
- Hablar de muestras representativas suena a mucho PowerPoint y poca realidad tangible: ¿cómo validas algo con diez amigos o el grupo de WhatsApp de la oficina?
Bueno, Cashew Research no va a arreglar todos los males, pero el modelo tiene sentido justo allí donde la necesidad de decidir rápido y bien es cotidiana. Y aunque la plataforma todavía no tiene operación local, la lógica encajaría como anillo al dedo en el ecosistema ecuatoriano.
1. El research iterativo como tabla de salvación para pymes y marcas emergentes
Imagínate que lideras una pyme de alimentos funcionales en Quito, una marca DTC de cosmética natural en Guayaquil o una joven fintech que quiere lanzar un microcrédito digital. Los grandes estudios de mercado, si no son prohibitivos en precio, lo son en plazos y capacidad de reacción. ¿Qué te ofrece un modelo como el de Cashew Research?
- Lanzar micro-encuestas muy específicas para validar desde sensaciones de marca hasta precios límite, sin tener que esperar meses ni depender del instinto del founder de turno.
- Obtener insights frescos en días y repetir el ciclo tantas veces como vayas puliendo el producto, el packaging o la comunicación. El famoso “test and learn”, pero ahora factible.
- Decidir con dato humano real, no solo lo que “dice la IA”. Y esa diferencia, cuando intentas convencer a un retailer local o a un socio inversor, te lo digo: pesa mucho más de lo que los dashboards internacionales sugieren.
“Cuando peleas presupuesto contra el tiempo antes de un lanzamiento, lo que no puedes permitirte es un research que no se ajuste a tu realidad local.”
2. Rompiendo barreras para segmentos difíciles de estudiar
¿Y qué hay de esos targets clave que, sinceramente, casi nadie investiga de verdad en Ecuador? Piensa en consumidores afroecuatorianos, comunidades rurales conectadas solo via móvil, migrantes retornados con hábitos híbridos… Buscar información fiable sobre estos segmentos con métodos clásicos es misión imposible o, si eres muy insistente, misión ruina.
El pipeline tipo Cashew puede cambiar la ecuación:
- Automatización del reclutamiento con IA (menos dependencia de bases de datos anticuadas).
- Diseño de cuestionario inteligente, que reduce preguntas de relleno y va directo a lo relevante (eso que deberían aplicar muchos estudios que ves publicados… pero no lo hacen).
- Análisis enriquecido proyecto a proyecto, con la posibilidad de refinar hipótesis contra nueva data fresca, no solo contra promedio país.
Nada de esto es teoría: hace poco lo vi con un cliente fintech de Quito que necesitaba entender las barreras de confianza para su nuevo servicio de wallet móvil en Manabí. El research clásico ni llegaba hasta allí, o se quedaba en el dashboard nacional; la solución híbrida de IA más humanos les permitió identificar objeciones reales (frases, miedos y expectativas) que jamás habrían salido a flote usando solo scraping de redes.
3. Decisión ágil para el marketer local (sin entrar en paranoia por la falta de datos)
Este punto me encanta. En un país donde la información tiende a ser poca, antigua o sesgada por las fuentes habituales, recibir respuestas auténticas y accionables en un formato listo para la toma de decisiones diferencia a quien arriesga sobre hipótesis ciegas. Te lo digo porque lo he probado con marcas que venden snacks artesanales en Cuenca o ecommerce nacidos en plena pandemia: pasar de la corazonada al insight, en días, es literalmente otro deporte.
El valor es doble:
- Reducir la parálisis por análisis. Si el dato llega rápido y bien interpretado, la reacción es más ágil: cambias un copy, ajustas el pricing, rediseñas el pack… No repites errores de otros lanzamientos que nadie testeo antes.
- Librarte de tener que contratar expertos en data science solo para entender si tu encuesta generó un “insight” útil… o ruido puro. Cashew, usando IA para estructurar pero con datos frescos y humanos de verdad, hace todo el proceso digerible para cualquier marketer, no solo para el nerd de la oficina.
4. Ventaja estratégica y escalabilidad para los que apuestan a largo plazo
Esto va un poco más allá, pero vale la pena pensarlo: a medida que marcas locales usen plataformas con lógica “data lake” propia (como propone Cashew), el acumulado de datos propietarios se vuelve una defensa de mercado bestial. Podrías iterar con segmentos cada vez más finos, descubrir tendencias ocultas, anticipar cambios de hábito antes de que lo haga tu competencia. Y todo sin depender de lo que digan en Madrid, Nueva York o San Francisco.
“El research de calidad ya no es privilegio de los grandes: si sabes aprovechar lo híbrido, puedes escalar tu operación y dejar de ir siempre dos pasos atrás.”
¿Y si eres project manager, founder o CMO en Ecuador? ¿Por dónde empezar?
Pues aquí va mi consejo directo, probado en el campo con equipos de Quito y algún que otro marketer que se estrena en Guayaquil:
- Cuestiónate: ¿Ha valido la pena alguna vez quedarte solo con datos reciclados de internet o encuestas públicas para decidir el próximo paso de tu marca? Si la respuesta es no, prueba un modelo híbrido.
- Pide evidencia: ¿La plataforma te muestra con claridad que está generando datos nuevos para ti, o es solo otro dashboard más? Si te pasa igual que a mí, el cambio de chip es revelador.
- Apuesta por la iteración: No esperes al estudio perfecto ni al presupuesto infinito. Lanza, corrige, aprende. Es la esencia de lo que pretende Cashew y, en mi experiencia con el mercado local, también el único modo de no perder el ritmo frente a gigantes o competidores recién llegados.
En resumen —y sí, aquí sí voy cerrando—, Cashew Research representa ese salto que muchos llevamos años pidiendo a gritos en la industria ecuatoriana. Research útil, rápido, humano y digerible. Como diría un colega: “por fin, research para la vida real”. ¿Te animas a probarlo en tu próxima toma de decisión?
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Sergio Jiménez Mazure
Especialista en Inteligencia Artificial y Automatización B2B. Fundador de Innovación IA, dedicado a ayudar a empresas a integrar tecnologías cognitivas para maximizar su eficiencia operativa.